jueves, 29 de octubre de 2015

RCIONALIDAD FRONTERIZA ENTRE ECUADOR Y COLOMBIA

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 29 de Octubre.)


En la ciudad de Ipiales - frontera sur de Colombia - tienen lugar situaciones comerciales que son comunes a muchas ciudades fronterizas de América, incluidas las situadas en las fronteras entre Colombia y Venezuela. En la ciudad de Ipiales las mercancías de todo tipo son sustantivamente más baratas que en el lado ecuatoriano. Ello es así por la dolarización que impera en Ecuador y por la depreciación de la moneda nacional que ha tenido lugar en Colombia, a lo largo del presente año. Miles de ecuatorianos viajan cotidianamente a Ipiales, desde la ciudad ecuatoriana de Tulcán, para abastecerse de mercancías de uso cotidiano o familiar, como alimentos, o para comprar bienes de consumo durable como televisores o electrodomésticos de todo tipo.

Para los comerciantes colombianos esta situación es sumamente favorable, pues les permite tener una clientela masiva y bien provista de dólares. Para los consumidores ecuatorianos también la situación es favorable, pues les permite adquirir mercancías más baratas que en Ecuador, lo cual les permite un mayor ahorro familiar y/o les abre la posibilidad de la reventa, con buen margen de ganancia. Los grandes perjudicados  son los comerciantes del lado ecuatoriano que no pueden competir con la mercancía proveniente  de Colombia. El gobierno ecuatoriano se encuentra también entre los perjudicados: una masa de varios millones de dólares se van de Ecuador por esa vía comercial, lo cual  no le hace bien a la situación macroeconómica del país. Para paliar esta situación el gobierno de Ecuador ha implementado medidas de carácter arancelario y fronterizo que son enteramente compatibles con los derechos humanos y con las prácticas comerciales internacionales. No ha cerrado las fronteras, ni ha sacado a nadie a patadas de su casa, ni ha solicitado a  Colombia que cambie su política económica.

Las medidas tomadas por Ecuador son básicamente las  siguientes: por un lado, todo tráfico de mercancías desde Colombia hacia Ecuador que supere los 2 mil dólares de valor, debe ser considerada una importación formal y requiere los servicios de un agente de aduanas, y debe pagar no solo los aranceles normales, sino tasas extraordinarias que se han establecido para estos efectos. Las mercancías que  no sobrepasen el valor de 2 mil dólares, y que sean consideradas objetos de uso personal, pasan libres de arancel. Esas mercancías consideradas de uso personal son las que entran dentro de un listado de 17 tipos de bienes que el gobierno ecuatoriano ha elaborado con ese fin. Todas las mercancías, cualquiera que sea su valor, si no están consideradas en el listado de 17 tipos de productos, deben pagar aranceles en aduana, incluidas en algunos casos las sobretasas correspondientes.

Todo esto está dentro de la más irrestricta legalidad comercial internacional. Todo dentro del respeto a los derechos de todos. Con este tipo de medidas se perjudican los comerciantes colombianos de Ipiales, que pierden parte de su clientela, o parte de las ventas que hacían a la misma. Se beneficia a los comerciantes ecuatorianos, que recuperan a su clientela nacional, pues sus precios vuelven a ser competitivos. Se respetan los derechos de muchos consumidores, cuyos bienes de consumo habitual pueden seguir adquiriéndose en Ipiales, y se castiga a los revendedores y contrabandistas que lucraban con toda la situación anterior.

Es muy pronto todavía para cantar victoria en lo que respecta a los objetivos estrictamente comerciales. Todavía los funcionarios de aduanas no tienen la  pericia como para detectar la presencia de mercancías sin libre paso en los equipajes de los ecuatorianos que regresan desde Ipiales. Además, se ha potenciado la creatividad de estos últimos para transitar por pasos no controlados o para ocultar en las aduanas formales  los bienes comprados.

Pero las medidas tomadas son desde ya un éxito de la sensatez, del respeto a las prácticas comerciales internacionales y del derecho de cada país a tomar las medidas económicas que estime conveniente. Son, en ese sentido, un ejemplo que debería tenerse en cuenta en otras fronteras igualmente complicadas, pero dónde no ha imperado una cuota tan alta de racionalidad.

sergio-arancibia.blogspot.com

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