viernes, 25 de octubre de 2013

RIESGO PAIS DE VENEZUELA CON INDICE 1.044

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 25 de Octubre del 2013.)


Venezuela tiene, en estos momentos, el nivel de riesgo país más elevado de toda la América del Sur. Durante algún tiempo Venezuela disputó con Argentina este triste papel, pero hoy en día Venezuela exhibe cómodamente un nivel de riesgo país bastante superior al que presenta Argentina. Según los datos del EMBI (Emerging Markets Bonds Index), que es el índice más corrientemente utilizado en esta materia a nivel internacional, nuestro país tiene un índice de riesgo de 1044, mientras que Argentina llega solo a 904, al igual que  Brasil. Los que presentan menores índices de riesgo país en América del Sur son Colombia, con 167, Perú con 171 y Chile con 173.  
El índice EMBI es elaborado por el JP Morgan Chase, y se viene  construyendo y publicando desde hace varias décadas. Mide la diferencia entre la cotización de los bonos del Tesoro norteamericano y los bonos soberanos de un determinado país. En otras palabras, mide el diferencial entre las tasas de interés que acepta el que compra uno u otro de los papeles mencionados. Si, por ejemplo, un comprador de bonos del Tesoro norteamericano acepta una tasa de interés de 2 % al adquirir ese papel, y solo acepta una tasa de 12 % como para adquirir el bono de un país X, entonces podemos decir que ese diferencial de 10% constituye el índice de riesgo país de dicho país. Obviamente, un eventual comprador aspira a una tasa de interés más elevada si es que el papel que está comprando es más riesgoso, es decir, si la posibilidad de no pago es más elevada.
El índice de riesgo país no es lo mismo que la tasa de rentabilidad esperada de los bonos de un país determinado, aun cuando ambos conceptos están íntimamente relacionados. Tampoco es la  misma cosa que las calificaciones que las empresas especializadas hacen de la calidad de  los bonos de los diferentes países. Estos conceptos son, por lo general una proyección o una visión del futuro, y puede, por lo tanto, tener una carga inescapable de subjetividad,  mientras que el índice riesgo país es una medición  de lo que el mercado ha mostrado, en el pasado reciente, en materia de valoración de los bonos del país que se analiza   
El índice riesgo país mide tres aspectos: el riesgo soberano - que dice relación con  la decisión que puede tomar el país emisor de no honrar los bonos que ha emitido -, del riesgo de transferencia - que es el riesgo de que el país carezca de los dólares suficiente como para pagar el capital y los intereses de los papeles - y del riesgo genérico, que engloba los riesgos políticos, empresariales y otros.
En síntesis, un país con elevado riesgo país, debe ofrecer en el mercado financiero una tasa de interés más elevada para convencer a los inversionistas de que compren ese papel. El país debe pagar más por obtener crédito internacional.
¿Por qué el mercado castiga en esta forma los bonos soberanos emitidos por Venezuela? Una respuesta simple y boba sería decir que eso obedece a una maniobra del imperialismo para desprestigiar y para crearle problemas a la revolución bolivariana. Otra respuesta, pariente de la anterior, consiste en decir que los mercados financieros internacionales se han hecho eco de la campaña alarmista y provocadora, pero sin base alguna, que han llevado adelante los líderes de la oposición venezolana.
Una respuesta alternativa, mucho más sensata, sería decir que los  mercados financieros internacionales conocen bastante bien lo que sucede al interior de Venezuela - en su economía, en su gobierno y en su política - y que ven que los riesgos de invertir en sus papeles es bastante más alta que la de invertir en los bonos de otros países. A pesar de que Venezuela nunca ha dejado de honrar sus deudas externas, sus dificultades para hacerlo son cada vez mayores. A pesar de que el petróleo le proporciona a Venezuela un flujo importante de petrodólares, las reservas del Banco Central están cada vez más bajas, y las dificultades de las empresas y de las personas para poder acceder a los dólares son cada vez mayores.  A pesar de que los productos importados siguen presentes en el consumo de los venezolanos, la dificultad para adquirirlos es cada vez mayor. A pesar de que el Gobierno trata de hacer ver que aquí no hay problema alguno, eso ya no se lo cree nadie, ni dentro ni fuera del país.
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miércoles, 23 de octubre de 2013

EXPORTACIONES Y PRODUCCIÓN SUFICIENTE

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 23 de Octubre 2013.)


Para exportar hay que contar hoy en día, con un documento emitido por las autoridades gubernamentales en que se haga constar que el mercado nacional está suficientemente abastecido del producto que se pretende exportar, y que, por lo tanto, la exportación  no generará desabastecimiento interno. La idea de fondo que subyace en ese tipo de requisito es que las exportaciones están constituidas por los excedentes que quedan después de que se ha abastecido adecuadamente el mercado nacional. Desgraciadamente, las cosas no funcionan en esa forma en el mercado internacional contemporáneo.
Por un lado, la eventual exportación de excedentes conduce a tratar de enviar al mercado internacional el producto que no se pudo vender en el mercado nacional.  En otras palabras, el repele, o el producto de menor calidad, y en una cuantía y en un  momento incierto. En esa forma, con esa filosofía, es muy difícil conquistar y mantener mercados externos.
Las más de las veces los mercados de otros países requieren que el producto sufra algún grado de adaptación a las condiciones del país receptor. A veces ese proceso de adaptación se refiere a tomar en cuenta las costumbres y los gustos del país donde la mercancía va a ser finalmente consumida – fundamentalmente si se trata de alimentos - y eso pasa por que en el proceso productivo mismo se incorporen los elementos que satisfagan esas consideraciones.  En otras ocasiones la adaptación se refiere a disposiciones legales del país que compra, tales como requisitos técnicos o sanitarios, que implican en última instancia la generación de un producto que tiene determinadas características que lo convierten en un producto sumamente específico. Hay veces también en que el proceso de adaptación al mercado final pasa por cuestiones muy formales, pero no por ello menos importantes, tales como la etiqueta o el empaque, que tienen que ir en idiomas diferentes al del país de origen, o incorporar detalles legales – en algunos casos el nombre o razón social del importador- todo lo cual lleva a que la mercancía que se produce con un destino nacional, no pueda ser enviada posteriormente a un país diferente.  En síntesis, no es posible enviar al exterior aquello que el mercado nacional no fue capaz de absorber. Hay que enviar al exterior aquello que fue expresamente producido para ser vendido en un mercado determinado. Cada envío tiene que ser una suerte de traje a la medida del comprador. Hasta en la venta de productos altamente genéricos, tales como el petróleo, se tiene hoy en día que generar un producto que satisfaga exactamente las condiciones, los requisitos y las calidades impuestos por el importador. No se puede, por  lo tanto, vender excedentes. Hay que exportar el resultado de líneas especializadas en el abastecimiento de determinados mercados objetivos.
Además de lo anterior, las empresas o los países importadores necesitan programar sus compras y necesitan, por lo tanto, que el exportador les asegure determinadas cantidades en determinados  momentos no sólo del corto, sino del mediano plazo. Nadie puede salir al mercado internacional a vender una cantidad imprecisa de mercancías que quizás queden disponibles después de abastecer el mercado interno. Hay que asegurar  y respetar  rigurosamente los montos a ser vendidos y los plazos en que esas mercancías van a ser entregadas. La venta de excedentes, si bien es un fenómeno que tiene presencia en el mercado internacional, es un hecho eventual, que llena determinados nichos tan casuales como la propia oferta, que no obtiene los mejores precios, y que no genera una situación de mercado posible de sostenerse en el tiempo. Nadie puede proyectar su presencia o su inserción en los  mercados internacionales contemporáneos por la vía de la venta eventual de los  excedentes que le permita el mercado interno. Por lo menos, nadie que quiera que esa inserción sea exitosa y permanente.

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viernes, 18 de octubre de 2013

BURGUESIA PARASITARIA Y DESARROLLO DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS.

(Articulo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 18 de Octubre 2013.)



Un ministro del Gobierno actual se sintió recientemente en la necesidad de repetir - e incluso tratar de profundizar  - en lo que había dicho poco antes el Sr. Presidente de la República, en el sentido de que la burguesía nacional no solo era parasitaria - puesto que no había producido un  solo dólar en los últimos 14 años - sino que no contribuía en absoluto al desarrollo de la fuerzas productivas.
Hay que decir, al respecto, que  el carácter de parasitario y/o de contribuyente o no al desarrollo de las fuerzas productivas no se mide única y exclusivamente por la producción de dólares.  Existen una serie de actividades productivas en todo país que generan bienes y servicios que se comercializan en el mercado interno. No producen, por lo tanto, un solo dólar, pero son actividades productivas sumamente necesarias e imprescindibles. Nadie puede decir que el que produce tomates para el mercado interno, o el que produce pan, textiles, cerveza o carne, para nombrar una mínima cantidad de actividades productivas que no están, hoy en día, en Venezuela, orientadas al mercado externo, son una tropa de parásitos, flojos e improductivos.  Es altamente probable que todas o varias de esas actividades que producen para el mercado interno necesiten insumos, repuestos o bienes de capital importados. Es decir, necesitan dólares para llevar adelante sus particulares procesos productivos. Necesitan dólares pero no los producen. ¿Son por ello, una cuerda de flojos, parásitos e improductivos que no merecen que se les asigne ni un solo dólar?
Si solo el que produce dólares deja de ser un parasito improductivo, entonces casi el 99 % de los trabajadores de este país son flojos, parásitos e improductivos, pues el 95% de los dólares los producen en Venezuela solo esos 100 mil trabajadores que laboran en PDVSA.  Los demás producen servicios, trabajan en la administración pública y/ o trabajan en empresas que producen para el mercado interno. Habría que tener en cuenta, en todo caso, como una excepción a lo anterior, al pequeño grupo de empresas privadas que, con grandes sacrificios, exportan bienes y servicios y generan una cierta cantidad de dólares, de los cuales pasa a disponer rápidamente la voracidad y la burocracia estatal. Esos empresarios, según la teoría que comentamos, dejarían de ser considerados flojos y parasitarios, y pasarían a  constituir la elite productiva del país, mereciendo por ello todo tipo de consideraciones. 
De acuerdo a esa concepción, si solo los que producen dólares tienen derecho a ellos, entonces el 99% de los habitantes de este país, incluida toda la administración pública, no tendrían derecho a disponer de dólares para ningún motivo, pues ellos no los producen. Los trabajadores de PDVSA serian los únicos que tendrían derecho a viajar al extranjero, de vez en cuando, y a recibir para ello alguna cuota de dólares por parte de Cadivi. Todos los demás solo tendrían derecho a  unos pocos dólares si es que la generosidad del Gobierno así lo permite, pues derecho a los dólares - lo que se llama un derecho ciudadano - no lo tendría casi nadie, según la moderna teoría que comienza a desarrollarse en el seno del Gobierno.
Lo del desarrollo de las  fuerzas productivas – que ya hemos dicho que no tiene que ver directamente con la producción o no de dólares- dice relación con la productividad de las empresas, concepto altamente despreciado por la actual elite gobernante. Es decir, con la capacidad de incrementar la producción  de bienes y servicios - por unidad de trabajo empleada -  por medio de la ciencia y la técnica y por medio las adecuadas relaciones sociales de producción. Desgraciadamente es bien difícil que el actual gobierno pueda decir, sin sonrojarse, que las empresas que han sido expropiadas, o las que desde hace años pertenecen al Estado,  han dado un salto adelante en materia de desarrollo de las fuerzas productivas gracias a la capacidad y el aporte de sus nuevos gerentes y directores. Eso es casi imposible de decir y, más aun, de creer. Pero además, las relaciones sociales de producción - que no se circunscriben a lo que sucede al interior de las empresas, sino que incluyen también las condiciones relativas a la circulación y distribución de las mercancías - y que son en alta medida responsabilidad del Gobierno, no han contribuido para nada a que aumente la productividad del trabajo humano, ni en la empresas públicas ni en las privadas.   
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viernes, 11 de octubre de 2013

EN LO PEOR DE AMBOS MUNDOS

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 11 de Octubre de 2013.)


El comercio internacional es hoy en día un área de interrelaciones económicas que está extraordinariamente normada. Mucho más normada, en todo caso,  que lo que está el comercio interno, dentro de cualquier país, donde la capacidad de hacer cosas “por la libre” es mucho mayor. En el ámbito internacional hay normas respecto a las calidades que deben tener las mercancías que allí se transan, así como sobre sus condiciones técnicas y sanitarias, sobre la forma como deben ir embaladas o etiquetadas, e incluso sobre los precios que se pueden cobrar por ellas, pues no se permite cobrar menos que el precio de costo, pues eso entra dentro de lo que se denomina dumping, que es una práctica de comercio desleal y prohibida. También hay normas sobre los procesos productivos del cual se derivan los productos intercambiados y sobre la política económica que lleva adelante el gobierno respectivo en ese campo de la economía nacional. Se puede mencionar también que hay normas sobe la propiedad intelectual, que protege las marcas y derechos de autor. La Organización Mundial de Comercio, OMC, es la instancia donde los países negocian y acuerdan ese tipo de normativa.  
Sin embargo, ese conjunto de normas deja amplios espacios para que los ofertantes y demandantes, acatando y respetando la normativa internacional, puedan vender y comprar libremente. En otras palabras, cada demandante puede elegir entre varios proveedores posibles, entre varios países productores, entre varias calidades para un mismo producto y entre varios precios alternativos. Cada ofertante puede también decidir a quién vende y a qué precio entrega sus mercancías. Eso no significa ni remotamente que ese mercado, así caracterizado, sea un mercado donde impera la competencia perfecta y cada agente productivo obtiene el máximo de beneficio y de remuneración. La presencia de monopolios y oligopolios es una característica del mercado internacional contemporáneo, y eso, para los economistas, es señal inequívoca de que estanos en presencia de fallas e ineficiencias de dicho mercado.  
ENTRE GOBIERNOS
El Gobierno venezolano – al actual y el inmediatamente anterior- ha señalado en varias oportunidades que no le gustan de las norma que presiden hoy en día el comercio internacional, lo cual es una postura totalmente lícita, pues estas normas son buenas pero son enteramente mejorables. Sin embargo, todo parece indicar que lo que a los  gobernantes venezolanos no les gusta de la actual normativa comercial internacional es el hecho de que deja demasiado espacio como para que los agentes económicos privados puedan comprar y vender libremente. Para nuestros gobernantes  lo  ideal parece ser que todas las compras y las ventas internacionales se decidan a nivel de negociaciones entre gobiernos - y no de empresas ni de personas – y en base a criterios esencialmente políticos. Una estatización completa del comercio exterior pareciera ser el modelo ideal hacia donde se debe caminar. No se trata, por lo tanto, de hacer del comercio internacional un espacio económico más democratizado, más participativo y más  incluyente, sino todo lo contrario.
Ya hoy en día un porcentaje cercano al 96 % de las exportaciones son exportaciones gubernamentales, y en materia de importaciones, por lo menos las de tipo alimenticio, el porcentaje ronda el 50 %. Y no hay dudas de que ese 4% restante de las exportaciones y  ese 50 % de las importaciones, le molesta bastante a ciertos sectores del equipo gobernante.
Cuando los privados exportan, suelen hacerlo al precio de mercado, o en caso contrario, al mejor precio que puedan conseguir. No suelen actuar en ese campo con el propósito de hacer política, ni caridad, ni solidaridad.  El gobierno, en cambio,  si suele hacerlo. ¿Que consigue a cambio? Ciertos grados de amistad y de lealtad política, que salen bastante caros. Pero, en el campo estrictamente comercial, sus socios no parecen actuar con criterio de reciprocidad: los beneficiarios de la solidaridad comercial venezolana no responden ni entregando productos que Venezuela necesite importar con precios y condiciones de pago similares a las que proporciona Venezuela, ni comprando otros productos que Venezuela esté en condiciones de vender para retribuir la generosidad petrolera de nuestro país. Muy por el contrario, venden y compran a precio de mercado y al mejor postor.
SIN BENEFICIOS
Es decir, Venezuela hace todo lo posible por no participar en el mercado real y concreto, donde se actúa en función de los intereses empresariales y nacionales, y no logra tampoco obtener reciprocidad en ese mercado - más virtual que real  - donde se supone se actuaría en función de los altos intereses de la amistad y la solidaridad. Es decir, Venezuela paga, en todos los frentes,  todos los costos, sin sacar ningún beneficio de su peculiar concepción del comercio internacional. Entre el mundo real y concreto, y el mundo que Venezuela cree haber inventado, el comercio exterior de Venezuela se ubica en lo peor de ambos mundos.

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viernes, 4 de octubre de 2013

NADIE QUIERE EXPORTAR IMPUESTOS

(Articulo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el dia 4 de Octubre de 2013)


Es un principio universalmente aceptado el que las mercancías tienen que ser vendidas internacionalmente por sus costos, incluidos en este concepto la remuneración a todos los factures productivos que participan en la actividad que da origen a la mercancía.  En otras palabras, se incluyen en los costos - o en el valor agregado - las remuneraciones al factor trabajo, los intereses al capital bancario, la depreciación del capital físico, la remuneración a los dueños del capital accionario, el pago a la propiedad intelectual utilizada, etc.
De acuerdo  al Organización Mundial de Comercio, OMC, cuyos tratados y acuerdos están hoy en día suscritos por159 países - incluida Venezuela - no es posible subvencionar o subsidiar el valor de los bienes manufacturados, pues eso se asume como una práctica desleal de comercio, que hace que las mercancías no compitan en el mercado internacional de acuerdo a  sus productividades relativas, sino a las capacidades financieras de los respectivos gobiernos, lo cual cambia totalmente las reglas del juego del comercio internacional. 
Con los bienes agrícolas y pecuarios la situación es diferente. No se ha logrado un consenso internacional en aras de abolir la práctica de las subvenciones agrícolas, que es una política económica ampliamente utilizada en Estados Unidos y en Europa, y en menor medida en muchos otros países del mundo.
Pero así como no se puede bajar artificialmente el precio de venta de una mercancía por la vía de una subvención o subsidio gubernamental, tampoco es licito encarecer artificialmente los bienes destinados a la exportación, o potencialmente exportables, por la vía de impuestos de beneficio fiscal que obliguen a elevar el precio de venta final en los mercados internacionales. La única diferencia desde el punto vista de los compromisos internacionales es que el subsidio está claramente prohibido - para que nadie se tiente de caminar por esa vía - pero los impuestos encarecedores  no los prohíbe nadie, pues se asume que nadie caminará por esa vía, que solo perjudicará a aquel país que se lo impone a sus propias mercancías, con lo cual les resta competitividad internacional.
Los aranceles - es decir los impuestos que se cobran en aduana a los productos importados-  es uno de esos impuestos que encarecen los bienes posteriormente exportados que utilizan los bienes de capital, los repuestos o los insumos importados. De allí que todos los países consideren lícito devolver a los exportadores el pago que éstos hayan realizado por concepto de esos impuestos de importación presentes en los costos de los productos de exportación.   Esa devolución de impuestos de importación es lo que se conoce internacionalmente con el nombre de draw back, y es una práctica internacionalmente permitida, no considerada como una subvención, y una práctica utilizada intensamente por la mayoría de los países interesados en promover sus exportaciones.
NO DEVUELVEN EL ARANCEL
Menos, desgraciadamente,  por Venezuela. En este país, el draw back  - devolución de los aranceles implícitos en los costos de las exportaciones realizadas- está claramente presente como una figura a la cual pueden  apelar los exportadores. Pero el Gobierno dejó de pagar los montos correspondientes desde aproximadamente el año 2005. Las solicitudes de devolución de esos impuestos - basadas en la legislación vigente - sencillamente no las responde nadie, al punto que muchos exportadores han optado por no darse el trabajo de estar haciendo solicitudes, que aun cuando sean un derecho, se entiende que es un derecho que ha sido abolido –de hecho, aun cuando no de derecho- por el presente gobierno y por el anterior.
Como la inmensa mayoría de los países practica y respeta el draw back, las mercancías venezolanas salen al mercado internacional con plomo en el ala: tienen que incluir en sus costos el pago de ese impuesto sobre sus importaciones – y no hay exportación en los tiempos modernos que no tenga algún grado de componente importado – con lo cual su competitividad se reduce en forma  sustantiva. Si el gobierno actual tiene real interés en potenciar las exportaciones no petroleras, debe reponer el draw back en las prácticas tributarias venezolanas, hacer las devoluciones correspondientes en forma rápida - no mayor a treinta días después de formalizada la exportación- y en moneda de libre circulación. En estricta justicia, debería también  honrar las devoluciones pendientes desde hace ya varios años, debidamente actualizadas al valor presente. En definitiva, reponer plenamente en la economía venezolana la idea y la práctica de que las exportaciones no  petroleras son posibles, deseables y necesarias para Venezuela y que ellas necesitan de políticas expresas para hacerse realidad.
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miércoles, 2 de octubre de 2013

LAS EXPORTACIONES NO PETROLERAS

(Articulo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el dÍa Jueves 2 de Octubre 20013)


Las exportaciones no petroleras de Venezuela presentaron en el 2012 - último año sobre el cual el Instituto Nacional de Estadísticas publica antecedentes – niveles que corresponden a menos de la mitad de los valores que ese indicador económico presentó en el año 2005, que fue el mejor año en esta materia, a lo largo del presente siglo.
En el año 2012 las exportaciones no petroleras – que no son una y la misma cosa que las llamadas exportaciones no tradicionales – alcanzaron a 2.566 millones de  dólares. En el año 2005 habían alcanzado un valor de 7.200 millones de dólares. Los niveles del 2012 corresponden a un 36 % de lo que se exportaba en estos rubros en el año 2005.
Las exportaciones no petroleras incluyen las exportaciones de hierro y acero (capítulo 72 del arancel) así como las exportaciones de aluminio y sus manufacturas (capítulo 76 del arancel) que son exportaciones que ya relativamente tradicionales en Venezuela. Si restamos estas dos cantidades del total de exportaciones del año 2005 – 2.285 millones de dólares y 1.088 millones de dólares, respectivamente -   queda un restante de 3.827 millones de dólares.
Si restamos lo exportado en esos mismos rubros de las exportaciones del año 2012 – 687 millones de dólares y 138 millones de dólares, respectivamente-  quedan 1.741millones de dólares.
En esa modesta cantidad de exportaciones no petroleras y no hierro ni aluminio, se incluyen las exportaciones de algunos rubros derivados de la industria petrolera, pero que no son exactamente petróleo, tales como el gasoil, los fertilizantes y una buena cantidad de petroquímicos de diferente naturaleza. Esos rubros se incluyen fundamentalmente en los capítulos 27 y 28 del arancel. Si restamos todas las exportaciones que corresponden a esos capítulos – 250 millones de dólares en conjunto -de la cantidad a la cual habíamos llegado anteriormente, quedan para el año 2012 solo 1.491 millones de dólares. Las empresas que están detrás de esos rubros de exportación son los verdaderos héroes del comercio exterior venezolano. Han logrado mantener una presencia comercial - aun cuando modesta y decreciente - en ciertos mercados externos, luchando contra todas las condiciones adversas. Casi se podría decir que luchando contra una política económica que pretendía derechamente hacerlos desaparecer. Luchando, por ejemplo, contra una tasa de cambio obligatoria que implica una clara y sistemática revaluación de la moneda nacional, lo cual deriva del hecho de que los costos crecen aceleradamente en bolívares, como producto de la inflación interna, mientras que las divisas que se obtienen de las ventas externas tienen que liquidarse a una tasa de cambio oficial artificialmente congelada. Tampoco hay devolución de impuestos por concepto de los productos exportados, ni apoyo del aparato de relaciones exteriores, ni agilización de trámites aduaneros, ni agilización de la permisología, ni nada.
Esta situación no es obra de la naturaleza, ni es un castigo de los dioses. Es la consecuencia inevitable de la ausencia de políticas de promoción de exportaciones. Es la consecuencia de pensar que con el petróleo basta y sobra para mantener a flote al país y para enriquecer a unos cuantos de sus dirigentes y amigos. También, de pensar que el petróleo basta y sobra para ser considerado un país importante – económica y políticamente- a nivel internacional. Es la consecuencia de pensar que la preocupación por la competitividad y la productividad- y por la innovación tecnológica que está directamente relacionada con estas variables - son cosas de los burgueses y los capitalistas, pero que no deben preocupar a los revolucionarios que tienen otras cosas más importantes en las cuales pensar.
No solo la entrada al Mercosur, sino todo el fluir de la economía y del comercio internacional contemporáneo obligan a  modificar esa concepción. Los datos del año 2005 muestran que Venezuela puede vender el doble de  mercancías no petroleras en los diferentes mercados internacionales. Los datos del año 2012 muestran que a pesar de las dificultades se han logrado conservar ventas de muchos productos en muchos mercados, todos los cuales se  podrían potenciar y aumentar, si hubiesen los estímulos y las políticas correspondientes. Es enteramente posible. Es absolutamente necesario.
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