sábado, 30 de abril de 2016

CHINA Y LA PROMOCIÓN DE EXPORTACIONES.

Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL el día 29 de Abril de 2016.)


China es hoy en día el principal exportador mundial. Según las cifras del año 2014 - generadas por la Organización Mundial de Comercio - las exportaciones chinas al mundo llegaron en ese año a 2.342 miles de millones de dólares, lo cual representó el 12.3 % de las exportaciones mundiales,  Estados Unidos y Alemania se ubicaron, en ese año,  en el segundo y tercer lugar, con un 8.5 % y un 7.9 % de las exportaciones mundiales, respectivamente. Indudablemente ese lugar en el ranking mundial  de exportaciones no se lo ha ganado China sin una cuota muy alta de sostenidos esfuerzos y de sacrificios. Nada hay de casualidad en este campo. Pero en el último año las exportaciones de China han estado desacelerándose, como consecuencia de la crisis económica mundial y también como lógica consecuencia de muchos décadas  de crecimiento continuo de su economía y de sus exportaciones, situación que es muy difícil que de sostener ininterrumpidamente.  

Frente a esa situación, las autoridades chinas han tomado recientemente decisiones en el campo de la promoción de exportaciones que vale la pena de conocer y de analizar. No se trata, desde luego, de medidas para quien está en el año uno de la creación, sino medidas para incentivar las exportaciones de quien es ya el primer exportador mundial. Esas medidas, según los cables internacionales son básicamente las siguientes.

Por un lado incentivar los créditos bancarios para las empresas que están en el campo del comercio internacional o que tienen posibilidades de estar allí. La OMC y el mundo en general prohíben los subsidios, incluidos desde luego los subsidios financieros. No se trata, por lo tanto, de darle a las empresas exportadoras créditos gratuitos o a tasas ajenas a las que imperen en el mercado. Se trata de poner en mayor medida a las empresas exportadoras - sobre todo a las que recién se incorporan o buscan incorporarse al comercio internacional - en el campo visual o en el radar de los bancos chinos, de modo de facilitar los trámites y gestiones como para que estas empresas puedan convertirse rápidamente en beneficiarias del crédito bancario. Si se busca sacar de este ejemplo chino algunas consecuencias para la situación venezolana actual, hay que tener en cuenta que aquí el problema de las empresas exportadoras no es el crédito bancario en moneda nacional - al cual tienen acceso - sino el crédito en dólares, para comprar insumos y/o pagar servicios que son necesarios para el proceso exportador. He allí un cuello de botella importante que las autoridades encargadas de este motor deberían tener en cuenta en la magnitud que corresponda.

Una segunda medida tomada por las autoridades chinas dice relación con el incremento del seguro de créditos a las exportaciones. El comercio, en todas partes del mundo, implica riesgos y estos, en el mundo contemporáneo, se pueden aminorar por la vía de los seguros y reaseguros. En el caso venezolano cabe recordar que hay una sola compañía de seguros que trabaja el rubro del seguro a los créditos a las exportaciones, lo cual indica que no es mucho el uso que se hace en el país de esta herramienta del comercio internacional.

En tercer lugar, en el campo de las medidas tomadas por los chinos, se ubican las devoluciones: devolverle al exportador impuestos de importaciones que se hayan tenido que pagar para importar insumos o materias primas necesarias para producir aquellos bienes que posteriormente se exportan y/o devolución de impuestos indirectos, tipo IVA, en los cuales se haya incurrido en la cadena de comercialización  interna previa al proceso de embarque. No se trata solo de los impuestos indirectos en que incurra la empresa exportadora propiamente tal, sino todos los eslabones de la cadena de comercialización, de modo de hacer plenamente valido el precepto de que no hay que exportar impuestos.

Finalmente, los chinos se proponen invertir en aeropuertos, vías férreas y caminos, de modo de acercar las áreas de producción hacia los puntos de salida hacia el exterior, o acercar los puntos de salida hacia el exportador.

Se trata de un  set de medidas de carácter sistémico que apuntan a seguir haciendo de las exportaciones la herramienta fundamental para el crecimiento y la modernización de China. Nunca está de más aprender tanto como se pueda de las experiencias ajenas, sobre todo si estas son exitosas.   
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miércoles, 27 de abril de 2016

¡ESA TROPA DE CAPITALES COBARDES ¡

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMIA Y NEGOCIOS  el día 27 de Abril de 2016)



Argentina vuelve a los mercados financieros internacionales. En estos días tiene que concretarse – si no se ha concretado ya - una emisión de bonos soberanos por el orden de los 15 mil millones de dólares. La mayoría de esos fondos recaudados se destinará a pagar la deuda acumulada con los tenedores internacionales de bonos con los cuales no se había llegado anteriormente a acuerdos de pago.
En otras palabras, Argentina pagará su deuda – que tantos debates y tantos problemas le ha creado – con la emisión de nueva deuda. También podría decirse que cambia su deuda actual por deuda de mediano y de largo plazo y se saca así, en el presente, un complicado  problema de encima. Además, gana la posibilidad de volver a emitir nueva deuda, cuando lo estime conveniente, pues tiene nuevamente acceso a los mercados financieros internacionales. Más aún, la demanda que se manifestó por adquirir los bonos que Argentina está emitiendo es sustantivamente mayor que la oferta que dicho país ha hecho de esos bonos, lo cual pone de manifiesto que hay espacio en el mercado como para seguir emitiendo.
Estos bonos recientes de Argentina se colocan en el mercado a tasas que van desde los 6.25 % para los papeles a 3 años, hasta 7.6% para los bonos a 10 años o más.  A mayor plazo, mayor riesgo, y por lo tanto, hay que vencer ese mayor temor con una tasa de interés más elevada. La tasa riesgo país de Argentina a mediados de Abril se ubicaba en  4.13 %, lo cual significa que tiene que pagar ese tasa por sobre la tasa de los bonos de la Reserva Federal norteamericana, que se asume que son los papeles de menor riesgo en el mercado financiero internacional.
¿Por qué no puede Venezuela hacer algo similar? ¿Por qué Venezuela, que tiene hoy en día tanta necesidad de liquidez, no sale al mercado internacional a colocar bonos soberanos? Entre otras razones, porque la tasa riesgo país que enfrenta nuestro país en los mercados internacionales –medida por la tasa EMBI elaborada por el J.P. Morgan Chase- se ubica a mediados de Abril ligeramente por sobre el 30%.  Es decir, si Venezuela quisiera colocar papeles soberanos en el mercado financiero internacional tendría que pagar 30%  por sobre la tasa que ofrecen los bonos de la Reserva Federal. Esa es una tasa absolutamente prohibitiva. Nadie puede contratar créditos aceptando esa tasa de interés.
¿Y por qué le cobran a Venezuela unas tasas de interés tan elevadas? ¿Por qué se le impone una tasa de riesgo país tan alta? ¿Acaso no ha pagado Venezuela escrupulosa y puntualmente  hasta el último centavo de sus deudas externas? Es cierto que la tasa de riesgo país no es una mera lectura de los datos que arroja el mercado, sino que es un cálculo o un pronóstico realizado por agencias financieras internacionales que gozan de cierto prestigio, pero que no son ni infalibles ni neutrales.  El Gobierno venezolano jura y proclama a los cuatro vientos que esas agencias son parte de la guerra económica y que emiten las cifras ya mencionadas para hacerle daño al país. Pero lo cierto es que si estas cifras fueran absolutamente disparatadas, y Venezuela quisiera emitir bonos al 8 % o al 10 %  -  por mencionar  tasas cercanas a las argentinas - lo más probable es que no lograría captar ni un solo dólar. No porque los posibles compradores tengan ninguna obligación de hacerle caso al índice EMBI, sino porque en el mercado internacional van a encontrar con facilidad  bonos más seguros o menos riesgosos. Como el capital financiero es bastante  miedoso o cobarde, no quiere correr riesgos innecesarios – sobre todo si no tiene ninguna obligación de estar financiando a Venezuela- y se canalizará, por lo tanto, hacia otras ofertas. Si Venezuela quisiera vence esas resistencia, o tentar a los más osados, tendría que ofrecer una tasa más elevada, quizás cercana a la tasa EMBI, aun cuando nadie lo obligue a ello.
¿Y por qué esa desconfianza con respecto a los bonos soberanos de Venezuela? ¿No es Venezuela acaso un excelente pagador?  Es cierto que Venezuela no ha cometido la locura de decretar un default, pero los agentes económicos internacionales no entienden mucho como se toman las decisiones en el seno del gobierno bolivariano, ni entienden casi nada de la lógica económica que preside esas decisiones, ni cuentan acá con un  Ministro de Hacienda que se de el trabajo de explicarles todo aquello y tratar de insuflarles confianza.  Lo que sí entienden clarito como el agua es que aquí el déficit de divisas se hace más apremiante cada día. Si las reservas internacionales están  en niveles bajísimos, si el petróleo no repunta y si la inversión extranjera no fluye hacia el país, entonces los temerosos y cobardes capitales financieros prefieren mirar hacia otro lado. Solo queda abierta la posibilidad de contar con ciertos créditos de gobierno a gobierno, golpeando las puertas de China, de Irán, de Rusia o de otros países que constituyen el actual club de amigos de Venezuela. Pero parece que tampoco por allí se puede conseguir mucho, excepto créditos comerciales – te presto para que me compres – que no solucionan los problemas actuales de Venezuela.
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sábado, 23 de abril de 2016

LA HIPERINFLACIÓN NO ES UN JUEGO

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL  MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 20 de Abril de 2015)


El Fondo Monetario Internacional, FMI, ha hecho público su pronóstico o su proyección  en el sentido de que Venezuela se acerca peligrosamente a una hiperinflación que podría  llegar el próximo año a niveles superiores al 2.000 %. No tenemos idea de cómo llega el FMI a ese cifra, y nos gustaría mucho que estuviera equivocado, pero está dentro del campo de lo posible el que esa situación resulte cierta.

Venezuela exhibe una inflación que en el año recién pasado fue, oficialmente, de 180 %, aun cuando una buena parte del país tiene la sensación y la creencia de que la cifra real fue mucho mayor. Como no hay ningún tipo de rectificación económica, como no hay autocrítica alguna, como se sigue haciendo exactamente lo mismo, como el déficit fiscal no se hace nada por corregirlo, como la emisión monetaria sigue su curso, como no hay ninguna política antiinflacionaria que se conozca y cómo se sigue  pensando que la causa de la inflación es la publicación de una cierta página web internacional, entonces lo más probable es que en este año la inflación siga aumentando. Más aun, cuando la inflación  supera ciertos umbrales – iguales o superiores al 20 % mensual- se convierte en una bola de nieve, que aumenta en términos exponenciales. Hay países de nuestra América que no creían que ese tipo de situación les pudiera pasar a ellos, tales como Brasil, Argentina, Perú, Bolivia e incluso Ecuador, y sin embargo les pasó a todos y cada uno de ellos en algún momento de su historia en las últimas décadas del siglo pasado.  

La experiencia ajena enseña algunas cosas. Primero, enseña que el control de precios no sirve para frenar una inflación que ya supera el 200%. Llenar de controles la economía solo sirve para desgastar y desprestigiar al aparato del Estado y para demostrar su inutilidad. Cuando los demandantes están dispuestos a pagar lo que sea por una determinada mercancía, el Estado, con su ejército de vigilantes y controladores, no podrá impedir que terminen comprándola al precio que  sea, a menos que el propio Gobierno esté en condiciones de ofertarla a precios menores y en las cantidades necesarias. También puede decirse que cuando el público quiere deshacerse de su dinero, pues este pierde valor minuto a minuto, comprará cualquier cosa, a cualquier precio, pues las mercancías conservan más su valor que el papel moneda. La idea simplona de que controlando todos los precios, de todas las mercancías, dentro de una economía, se va poder reducir la inflación a cero, es de una ingenuidad superlativa.

También es una ilusión infantil el suponer que ocultando las cifras mensuales o trimestrales de inflación el problema desaparece, pues de deja de ser visible por la opinión pública y por el mundo empresarial. Este punto de vista –que podríamos identificar como la actitud de avestruz- no toma en cuenta que la inflación se hace entera y dramáticamente visible cada vez que los consumidores van al mercado a comprar bienes o servicios. Se trata de un fenómeno imposible de ocultar. Incluso se podría  pensar que el intentar ocultarlo no hace sino potenciarlo más aún,  pues la magnitud de la inflación queda librada a la especulación colectiva, que tiende a ser más dada a  sobredimensionar el peso de estos fenómenos que a reducirlos.

Tercero, la experiencia internacional enseña que el control cambiario - en una situación de aguda carencia de divisas  - no ayuda a impedir el crecimiento de los precios. Tener un dólar barato no sirve para frenar la inflación, pero sirve para discriminar entre los diferentes demandantes de divisas y para generar todo tipo de negociados en torno al proceso importador.

En cuarto lugar, parece haber consenso en que el no hacer nada, el dejar que el mercado se ajuste solo - tal como piensan los más ortodoxos de los neoliberales - tampoco conduce a solucionar el problema inflacionario. Si no se hace nada, es decir, si se mantiene la inercia monetaria y fiscal o,  en otras palabras, si se  carece de una política antiinflacionaria seria y creíble-  la inflación crece y se multiplica.

Y cuando ya estemos en medio de la hiperinflación- si es que todo sigue igual, tanto en la composición del  Gobierno como en las políticas que éste lleva adelante - entonces ya nada funcionará. Con hiperinflación los precios de los bienes y servicios, así como el poder adquisitivo de los salarios, no tienen  validez sino durante algunas horas, o incluso menos. Los precios relativos en el mercado dejan de funcionar como mecanismo de asignación de factores. El dinero, como unidad de cuenta en la economía, pierde toda su significación. Es imposible hacer ningún tipo de cálculo económico. Conceptos tales como la eficiencia o la racionalidad económica pierden todo sentido. Lo único que impera es el deseo de cada uno de los agentes económicos y sociales de sobrevivir como sea. Parte de esos fenómenos ya se insinúan en la economía venezolana, aun cuando todavía no se muestran en todo su apogeo.

Cuando llegue la hiperinflación - si  todo sigue igual que ahora - habrá que pensar en dolarizar la economía, como hizo Ecuador, o en cambiar la moneda como se hizo en Brasil. o en planes de ajuste que tendrán  costes elevados para toda la población, como se hizo en Argentina o en Bolivia. Cuando la hiperinflación todavía no se desarrolla plenamente los costos de detenerla son menores. Cuando ya está en pleno desarrollo hay que partir por recoger los vidrios rotos, como corresponde en situaciones de crisis mal diagnosticadas y peor administradas.
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EXPLICANDO ALGUNAS CIFRAS

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL el día 22 de Abril de 2016.)



En Venezuela el Producto Interno Bruto, PIB, cayó en un 4 % en el año 2014 en relación al año 2013. Eso significa que en el 2014 se produjo una cantidad de bienes y servicios cuyo valor es un 4 % menor que la que se produjo el año anterior. Menor valor de lo producido significa también menor ingreso para el total de la población que se desenvuelve en ese país. En otras palabras, el país en su conjunto devino en más pobre.
En el año 2015  el PIB volvió a caer, esta vez en 7.1 % en relación al nivel que había alcanzado en el 2014, que ya vimos que era más bajo que en el 2013.  Menor producción y menores ingresos que en el 2014 y que en el 2013.  Pero como entre un año y otro la población aumentó, entonces es enteramente lícito decir que la producción y el ingreso per cápita disminuyeron más rápido que lo que disminuyó el monto del producto y del ingreso.

Para el año 2016 todos los pronósticos apuntan a que nuevamente habrá una caída en la producción, esta vez de cerca de 7 %. Un nuevo bajón en la producción y en los ingresos. Y como los venezolanos se siguen reproduciendo con el mismo entusiasmo de siempre, la producción y el ingreso per cápita  disminuyen más aún.

Sumando todo lo sucedido en los últimos dos años,  y lo que está por suceder en el 2016, se puede decir que el producto y el ingreso per cápíta retrocederá aproximadamente en un 20%.  En promedio todos los venezolanos serán a fines del presente año un 20% más pobres de lo que eran en el 2013. Esa cifra es ya, por si misma, un balance dramático para cualquier gobierno. Si el gobierno anterior era tan bueno como dicen sus adherentes,  entonces el gobierno actual es muy malo y es el único responsable de lo que está sucediendo. También es posible pensar que el gobierno actual no ha hecho sino cosechar lo que sembró el gobierno anterior. Pero esa caída  promedio de 20% de los ingresos es tan engañosa como todos los promedios: puede haber algunos ciudadanos cuyos ingresos caen mucho más que 20 %, al mismo tiempo que otros cuyos ingresos caen muy poco, e incluso otros cuyos ingresos aumentan, a pesar del promedio descendente.

Parte de esta situación se puede explicar por la caída de los precios del barril de petróleo, pero eso es solo la mitad de la explicación. Durante 15 años el barril de petróleo se ha vendido a buenos precios en el mercado internacional. El país tuvo elevados ingresos por concepto petrolero. Más aún, ingresos más elevados que nunca antes en la historia del país. Y de eso no quedó nada. No se ahorró nada. Se lo gastaron todo, casi hasta la última locha.  No se tomó ninguna medida para prever una caída en los precios del petróleo. Se pensaba alegremente que la bonanza y el despilfarro podían durar eternamente. Más aún, se endeudaron en los mercados internacionales para tener en sus manos más dólares aún. Todo eso se hizo sal y agua. Y ahora hay que pagar la fiesta. Todos los venezolanos tenemos que pagar la fiesta y empezar a vivir sin los bienes y servicios básicos, sin  agua, sin electricidad, sin harina pan, sin medicinas, sin papel, sin carne, etc. etc. Incluso, muchos, sin esperanzas. Pero la situación es peor que la mera caída de la producción. Cuando la producción  cae puede volver a levantase, siempre y cuando la fabrica misma, o la estructura productiva, estén en pie. Pero en el caso venezolano se ha reducido en forma sustantiva el número de industrias, lo cual significa que hay capacidad instalada que sencillamente desapareció. Salir de la crisis no será tarea fácil.
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jueves, 14 de abril de 2016

ESTAMOS MAL PERO VAMOS PA´PEOR

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 14 de Abril de 2016.)



La Comisión Económica para América Latina, Cepal,  - organismo dependiente de Naciones Unidas y al cual se le tiene como un organismo serio y no partidizado – acaba de hacer públicos sus pronósticos o proyecciones sobre la actividad económica de los países de la región durante el presente año. Venezuela sacó todos los números premiados: se le pronostica en el 2016  un decrecimiento del 6.9 % con relación al año inmediatamente anterior, que tampoco fue bueno. Esto, de resultar cierto, convierte a Venezuela en el país que más retrocede en toda la región. Alguien – tratando de aminorar la gravedad de la situación-  podría decir que toda la región está decreciendo económicamente, y cuando llueve todos se mojan. Efectivamente, según las proyecciones de Cepal, toda la América Latina y el Caribe decrecerá, en promedio, en el 2016, en un 0.6 % con respecto al 2015. Pero en la realidad de las cosas, en toda la región analizada - compuesta por 33 países -  solo hay 6 países que producirán este año menos que el año pasado. Esos países son Venezuela, que se lleva la medalla de oro con un 6.9 % de caída;  Brasil, con un 3.5 % de decrecimiento; Argentina, que retrocederá en un 0,8%;  Ecuador, que tendrá una menor producción escasamente 0.1 % menor que el año anterior. A esos países de tierra adentro, se les suma en el Caribe Trinidad Tobago y Granada, con caídas de 1.0 % cada uno.

El pronóstico global que realiza Cepal se basa, desde luego, en un promedio ponderado de lo que sucede en cada país, es decir, toma en cuenta el peso  económico de cada uno. No se trata meramente de un promedio aritmético simple. Por ello la caída de Venezuela, Brasil y Argentina pesan más en el promedio global que muchos otros países de menor peso económico, demográfico y geográfico.

En toda Centroamérica y México no hay ningún país que amenace con retroceder el año en curso. Se trata de países que no solo  no producen petróleo, sino que se benefician, como consumidores, de la baja del precio de ese combustible que se ven obligados a importar. México, siendo un país petrolero,  tiene una estructura industrial suficientemente fuerte como para defenderse de la caída de los precios del petróleo.
En el Caribe insular, donde Cepal pasa revista a 13 países, solo dos – los dos ya mencionados -presentan retrocesos probables en su PIB. El resto, crece poco, pero crece.

Según Cepal en el año 2014 el PIB de Venezuela retrocedió en un 4.0 % con respecto al nivel alcanzado en el 2013. Es decir, si en 2013 se produjo 100, en el 2014  solo se produjeron 96. En el 2015 el PIB volvió a retroceder, esta vez en un 7.1 % con respecto al nivel que había alcanzado en el 2014.  Es decir, la producción bajó a 89.2 con respecto al 2013. Con el nuevo bajón que se anuncia para el 2016, llegaremos a fin de año con una producción que será solo igual al 83.7 % de la que se producía en el 2013.

La explicación de esta crisis -  que no es igualada por ningún país de América Latina ni del Caribe – es, según el Gobierno, la baja en los precios del petróleo y la guerra económica que le hacen a Venezuela tenebrosas y subterráneas fuerzas económicas y políticas de dentro y de fuera del país. Pero la política económica que lleva adelante el Gobierno, el déficit fiscal, los desajustes monetarios, el desorden cambiario, lo controles de todo tipo, parecen no tener ninguna incidencia en la crisis en que se desenvuelve Venezuela. Obviamente, sin autocritica, y sin un diagnostico serio de las causas, este problema no tiene posibilidades de resolverse.
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miércoles, 13 de abril de 2016

EL SUPERAVIT TRIBUTARIO

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 13 de abril de 2016)


Si una meta de carácter económico se sobrecumple en un 5%, o incluso en un 10%, eso merece celebrase como un éxito. Por el contrario, si las metas se sobrecumplen en un 100% o más eso significa que la planificación correspondiente estuvo absolutamente mal hecha. Algo así parece haber sucedido con la recaudación tributaria que culminó el 30 de marzo, en la cual todas las personas naturales y jurídicas debían declarar y eventualmente pagar el Impuesto sobre la Renta.

Según las cifras dadas a conocer, con aires triunfantes, por parte de las autoridades de Seniat, la meta de recaudación se sobrepasó en más de un 150%. Eso puede tener varias lecturas diferentes. Podría, por ejemplo,  levantase la hipótesis de que los agentes económicos están cada vez más honrados y más deseosos de colaborar con los planes del gobierno y se volcaron masivamente a pagar sus impuestos. O quizás se dieron cuenta de que el gobierno está ganando la guerra económica y más les vale colaborar con el ganador que seguir empeñados en una guerra condenada al fracaso. Incluso se podría pensar que el gobierno está combatiendo exitosamente la evasión tributaria y los que evadían anteriormente hoy lo hacen de buena o de mala gana.

Pero también podría adoptarse la idea presente en  el primer párrafo de este artículo, es decir, que la planificación tributaria se ha hecho sin la seriedad técnica que la materia merece. Si la realidad está tan distante de lo planificado eso significa que no hay claridad sobre la cantidad de personas naturales o jurídicas que serán sujetos de la tributación y/o que los ingresos que cada una de esas personas ha recibido durante el período objeto de la tributación está muy por encima de lo que el Seniat había calculado.

Si el Presupuesto de la Nación - aprobado por la Asamblea Nacional a fines del año 2014 y que debía presidir el funcionamiento presupuestario de la administración pública venezolana durante el año 2015 - se hizo basado en el supuesto de que la inflación sería de 25%  o de 30 % - y en la realidad de las cosas la inflación  oficialmente reconocida resulto ser de 180 % - es obvio que los ingresos monetarios recibidos por cada agente económico tienen que resultar siendo mayores que los calculados, aun cuando el ingreso real - o el poder de compra de esos mayores ingresos - sea menor. Siendo así, la cantidad de ingresos que se declaran como percibidos, - y sobre la cual se pagan impuestos - tiene también que ser mayor. Es decir, son mayores los ingresos monetarios percibidos por las personas y las empresas, son mayores los ingresos sobre los cuales se tributa, son mayores los impuestos recaudados, aun cuando sea menor el ingreso real y el poder de compra de los ciudadanos, y sea también menor el poder adquisitivo que el Estado venezolano ha logrado a través de esa recaudación  incrementada.

Esto sucede fundamentalmente por el hecho de que la planificación presupuestaria se hace realmente más con la intención de ocultar realidades que de visualizar con el mayor grado de realismo posible lo que el futuro nos deparará como país. Así por ejemplo, el presupuesto del año 2015 se hizo sobre la base de que el petróleo iba a mantener un precio promedio en los mercados internacionales de 60 dólares por barril, y que la inflación se ubicaría entre el 25 % y el 30% anual. Además, se proyectaba un crecimiento del PIB del 3%. Ninguna de esas proyecciones resultó cierta. Más aun, ya eran falsas al momento de ser aprobadas como bases del presupuesto del 2015. La inflación fue de 180 % o más, el petróleo escasamente se empinó sobre los 40 dólares por barril y el PIB cayó en cifras que se calculan en alrededor del 7 %. ¿Quién responde por esos garrafales errores? ¿Rodó la cabeza de algún funcionario por haberle dado al país datos falsos sobre los cuales planificar su quehacer presupuestario durante el año 2015? Nada de eso sucedió. Y como la inflación no fue de 30 % sino de180%, entonces la recaudación tributaria es mucho mayor que cualquier cálculo previo y la diferencia se celebra como un triunfo. Todo eso sucedió, entre otras causas, porque la Asamblea Nacional se restaba consciente y deliberadamente a llevar adelante su labor constitucional de controlar al Ejecutivo y de aprobar un presupuesto  anual cuyas bases sean relativamente sensatas y  cercanas a la realidad.  En la  práctica toda esta situación se traducía en que el Presupuesto de la Nación carecía de toda seriedad, y perdía su rol de instrumento para asignar recursos y para establecer prioridades en el seno del accionar gubernamental. Como el presupuesto no servía se tenía que recurrir posteriormente a los créditos adicionales y a la emisión alegre y generosa del BCV para cubrir los colosales déficits en que incurría y sigue incurriendo un gobierno que se niega a calcular con seriedad sus ingresos y a ceñir sus gastos a los niveles que estos presentan.  

Si la tasa de inflación  oficialmente reconocida gozara de credibilidad se podría hacer el ejercicio simple de deflactar las cifras de recaudación para ver si lo recaudado sobre los ingresos del 2015 es, en términos reales, mayor o menor que lo recaudado en años anteriores. También, si los ingresos recaudados fueron tan altos, se podría asumir el compromiso entre el Gobierno y el BCV de no recurrir durante el resto del año a crédito alguno al Ejecutivo por parte del organismo emisor. También se debería ir pensando, para el año venidero, en cómo se recupera la seriedad del parlamento y del Seniat en materia de planificación tributaria y presupuestaria.
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domingo, 10 de abril de 2016

DESESTABILIZACION

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL del día 8 de Marzo del 2016.)

Venezuela sigue pregonando nacional e internacionalmente que es objeto de una campaña de desestabilización económica  por parte de tenebrosas fuerzas nacionales e internacionales que quieren derrocar a su gobierno. 

Si esa situación fuese cierta uno podría pensar que se ha empezado por no venderle a este país las mercancías que esta economía necesita para funcionar.  Es decir, cerrarle determinados mercados, sobre todo de materias primas e insumos, que es donde podrían ocasionar mayor daño a la economía nacional. Pero hasta donde se conoce, nadie le ha cerrado ningún mercado internacional a Venezuela. Todo el mundo le vende, siempre y cuando, desde luego, Venezuela pueda pagar. Si Venezuela no puede pagar, y quiere que le vendan a crédito, eso ya es otra cosa.

Otra acción teóricamente posible – que podrían tomar los enemigos del Gobierno - es cerrarle el acceso al mercado financiero, es decir, negarse a prestarle dinero a Venezuela. Hoy en día la deuda externa sume la forma de bonos o de papeles soberanos, que son adquiridos por personas naturales o jurídicas de cualquier parte del mundo. Si nadie quiere comprar esos papeles, es difícil suponer que eso se debe a una orden o una disposición de un perverso estado mayor de la guerra contra Venezuela. Probablemente se debe a que hay opciones mucho mejores o más seguras en el mercado internacional.

Otra forma posible de desestabilizar al país podría ser el negarle los créditos de los organismos internacionales - tales como el BID, la CAF, el Banco Mundial u otros. Eso no ha sucedido. No hay conocimiento de algún crédito solicitado frente a dichos organismos que le haya sido negado a Venezuela.  Los créditos de esos organismos siguen fluyendo en la medida en que se presenten proyectos bien estudiados, que puedan ser financiados. Así funcionan  esos bancos.

¿Qué queda? La inversión extranjera. Muchas empresas extranjeras que operaban en Venezuela han sido expropiadas o intervenidas y la indemnización ha tenido que ser llevada a pleito ante los organismos internacionales  que operan como tribunales ante situaciones de esta naturaleza. Esas empresas - y todas las que aprenden de la experiencia ajena -  ven esa situación con muchísima preocupación y toman distancia del país que las trata mal.  ¿Es eso expresión de un bloqueo, o de una campaña perversa de desestabilización económica y política? Para bien o para mal, es la forma natural en que operan hoy en día los agentes económicos privados en el campo de la economía internacional: van para donde las ganancias son más elevadas y para donde las normas jurídicas son menos cambiantes. Más aun, todos los países despliegan mil estrategias para atraer a los eventuales inversionistas  extranjeros. Los pocos países  que despliegan estrategias para expulsarlos de su territorio deben sentirse muy satisfechos cuando han logrado sus propósitos, pero no tienen derecho a acusar a nadie de las consecuencias de su accionar.      

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miércoles, 6 de abril de 2016

NEGOCIO MATA POLÍTICA

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 6 de Abril de 2016)


Este gobierno y al anterior han sido muy insistentes en eso de acusar al “imperio” de llevar adelante acciones tendientes a desestabilizar a la economía venezolana. Se le señala como protagonista  de una guerra económica contra el país. Cualquiera que escuche declaraciones de esa naturaleza supone inmediatamente que Estados Unidos ha cortado sus lazos económicos y financieros con Venezuela, y que desarrolla todo tipo de hostilidades contra el país, como corresponde tradicionalmente entre dos países en guerra.

Pero resulta que Estados Unidos ha sido durante los últimos 15 años el principal país comprador del petróleo venezolano. Si las ventas de petróleo al mercado norteamericano han caído ha sido porque Venezuela, en forma libre y soberana ha canalizado sus ventas hacia otros mercados - fundamentalmente hacia el mercado chino - pero no porque el mercado norteamericano se haya cerrado para el petróleo venezolano. De todos modos Estados Unidos continúa siendo el principal comprador del petróleo  venezolano, lo cual se compadece poco con el rol de principal protagonista  de una guerra económica contra este país. Más  aun, Estados Unidos es un país que paga al contado los volúmenes de petróleo que compra a Venezuela, lo cual le permite a Pdvsa y al país contar con liquidez para el resto de sus operaciones internacionales. Es decir, Estados Unidos no solo es el mayor cliente del petróleo venezolano, sino que es el mejor pagador. Además, es importante tener en cuenta que Pdva cuenta con importantes inversiones en refinerías localizadas en territorio norteamericano - que compran parte importante del petróleo procedente de Venezuela - y nada de eso ha sufrido modificaciones sustantivas en los últimos 15 años. ¡Extraña guerra esta que lleva adelante el imperio! Más que frente a dos países beligerantes, parece que estamos frente a dos negociantes  astutos que sacan sus cuentas y llevan adelante operaciones comerciales que terminan siendo mutuamente provechosas.

Pero además del petróleo, Estados Unidos es el principal comprador de las exportaciones no petroleras de Venezuela. Para el 2013, que es uno los últimos años para los cuales se tiene estadísticas completas proporcionadas por el INE, esas compras alcanzaron a 550 millones de dólares. Eso implica que el 26.2 % de las  exportaciones  no petroleras de Venezuela en ese año se canalizaron hacia el mercado norteamericano. No hay otro país que le compre tanto a Venezuela de ese tipo de mercancías. Nuevamente es una situación que no es común entre países en guerra, pero que si es común entre agentes económicos que se necesitan para hacer negocios de mutuo provecho.

En materia de importaciones,  el imperio es el principal proveedor  de todo aquello que  Venezuela decide comprar, ya sean materias primas, insumos o bienes terminados. En el año 2013 el 23 % de todas las importaciones venezolanas tuvieron como país de origen a Estados Unidos.  Ni el uno pretende cambiar de proveedor, ni el otro pretende cambiar de comprador. Negocios son negocios.  Si así fueran todas las guerras estaríamos cercanos a una paz universal.

En materia de flujos de capitales, el mercado financiero internacional ya no pasa en tan alta medida como antes por los préstamos bancarios o por los préstamos de país a país. Ese tipo de préstamo es más bien la excepción. Lo común hoy en día es la emisión de bonos soberanos, que son adquiridos inicialmente por personas jurídicas o naturales, y que después cambian de manos en los mercados secundarios, y el país emisor no tiene capacidad de saber en un  momento determinado quienes son realmente sus acreedores.  
Pero sí se sabe que la emisión de los bonos ha sido hecha bajo las leyes de un determinado país, e incluso la institución financiera  que ha asumido el rol de agente para efectos de la colocación de los papeles y para efectos posteriores del pago de los intereses o del capital correspondiente.  Durante los últimos 15 años el país emitió bonos soberanos con bastante largueza, y el mercado norteamericano no tuvo problema para recibir esa oferta. Quizás la guerra todavía no empezaba. Venezuela parecía un país con suficientes ingresos regulares como para cumplir con  sus obligaciones financieras, y se le podía prestar sin mucho riesgo, aun cuando el Presidente Chávez no fuera para ellos un personaje muy simpático.  Pero los negocios son los negocios. Si hoy en día el país exhibe una tasa riesgo país extraordinariamente alta eso hace excesivamente caro acceder  a los mercados financieros internacionales, pero eso no se debe a una decisión administrativa o política tomada por las autoridades bancarias o financieras norteamericanas, sino a una situación que responde  a otras causas y que  termina por imponerse  en todos los mercados financieros del planeta tierra.

En materia de inversiones extranjeras es cierto que la inversión procedente de Estados Unidos es cada vez más pequeña, hasta llegar a niveles cercanos a cero. Pero también  disminuye la  inversión procedente de casi todos los otros países del globo. Es difícil, por lo tanto,  atribuir esa situación a  una fría decisión tomada por un estado mayor que lleva adelante una guerra. Es más bien el resultado de cambios en las acciones y en la normativa que imperan en Venezuela en relación al capital extranjero. Si se les expropia, o  si se cambia o no se cumple la normativa que regula los deberes y de derechos de ese capital extranjero, es obvio que esos flujos tienen que disminuir. 

En síntesis, no cabe duda que el Gobierno venezolano tiene  enemigos poderosos dentro y fuera del territorio nacional, que pueden hacerle mucho daño al país, pero no parece que todos ellos se hayan  puesto en campaña como para lograr ese objetivo. Más bien han tratado de hacer con el Gobierno los negocios que se puedan, mientras se pueda.  Pareciera, por lo tanto,  que en materia de daños a la economía venezolana el Gobierno ha actuado con absoluta independencia, obteniendo resultados que son de su exclusiva responsabilidad.

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