viernes, 27 de noviembre de 2015

VENEZUELA Y LA ALIANZA DEL PACIFICO

Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 27 de Noviembre de2015


Venezuela mira con cara de pocos amigos a la Alianza del Pacífico, conformada por México, Colombia, Perú y Chile. Al mismo tiempo hace todo lo posible por potenciar la amistad y el intercambio con los países del Mercosur, conformado originalmente por Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina. Casi se podría decir que Venezuela hizo un giro sustantivo en sus relacionamientos latinoamericanos al romper con la Comunidad Andina de Naciones, CAN, y con el Grupo de los Tres – México Colombia y Venezuela- y pedir su ingreso al  Mercosur.

Sin embargo - a pesar de esa decisión eminentemente política de Venezuela - el comercio no petrolero de Venezuela con la Alianza del Pacífico es mayor que el comercio no petrolero de Venezuela con los países del Mercosur. Veamos las cifras –provenientes del Instituto Nacional de Estadísticas - que corroboran esa afirmación. En el año 2014 las exportaciones no petroleras al Mercosur sumaron 263,6 millones de dólares, conformadas por 9,01 millones de dólares a Argentina, 251,3  millones de dólares a Brasil, 0,5 millones  de dólares a Paraguay y 2,9 millones de dólares a Uruguay. Sin embargo, las exportaciones no petroleras de Venezuela a los cuatro países de la Alianza del Pacífico sumaron 320,2 millones de dólares, conformadas por 37,4millones de dólares a Chile, 240,6 millones de dólares a Colombia, 31,9 millones de dólares a México y 10,9 millones de dólares a Perú..

Al mismo tiempo, si se toma un período histórico más largo - que permite apreciar tendencias más que coyunturas – y tomamos para esos efectos el período que va del 2000 al 2014, se observa que las exportaciones no petroleras totales a los países del Mercosur sumaron 3.107,7 millones de dólares en esos 15 años, mientras que las exportaciones totales no petroleras a los países de la Alianza del Pacífico, en esos mismos años, sumaron 16.717 millones de dólares

De las cifras anteriores se puede deducir que si lo importante para Venezuela fuera potenciar sus exportaciones no petroleras, debería potenciar y fortalecer sus relacionamientos con los países de la Alianza del Pacífico, que significan un mercado no petrolero  mucho más importante que el Mercosur. Sin embargo, la política venezolana marcha en sentido contrario: se rompió con la CAN, se rompió con el Grupo de los Tres y ahora se hace lo posible por disminuir el comercio con Colombia.

En materia de importaciones, si tomamos nuevamente el periodo de los 15 años que cubren lo que va corrido del siglo XXI, tenemos que Venezuela ha importado desde el Mercosur bienes no petroleros por un monto de 60.640 millones de dólares, mientras que de los cuatro países que conforman la Alianza del Pacífico las importaciones del  mismo tipo de bienes han sumado 73.772 millones de dólares. En el año 2014, sin embargo las cifras de importación desde el Mercosur han superado a las importaciones desde la Alianza del Pacífico. Se mantiene, a pesar de  ello, el hecho de que los países de la Alianza del Pacifico han sido mayores proveedores de Venezuela, en el siglo XXI, que los países del Mercosur.

Obviamente, el Mercosur y la Alianza del Pacífico no son opciones excluyentes. Ambos sub bloques regionales pueden ser socios comerciales importantes de Venezuela, tanto para sus compras como para sus ventas externas. Pero pareciera que los estrategas venezolanos no piensan así, sino que dividen a los países en amigos y enemigos, y tienen cálidas pasiones con unos y grandes odios con los otros. Sin embargo, ni el comercio ni las finanzas contemporáneas funcionan hoy en día con ese criterio maniqueista.  
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miércoles, 25 de noviembre de 2015

LA NEGOCIACIÓN ES NEGOCIANDO

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el dÍa 25 de Noviembre de 2015)


El Acuerdo Transpacífico, o TPP, por sus siglas en ingles, ha sido inicialmente suscrito por 12 países de la cuenca del Pacífico, los cuales han llegado a determinados consensos en materia comercial después de varios años de negociación.  En el ámbito americano los países insertos en esta negociación son Canadá, Estados Unidos, México, Perú y Chile. 

Como sucede con la mayoría de  los tratados que se suscriben a nivel internacional, éste requiere de la aprobación parlamentaria en todos y cada uno de los países firmantes para que se pueda poner en vigencia. Así que, por ahora, solo se trata de un acuerdo, o de una declaración de intenciones - en la cual concuerdan los gobiernos firmantes - pero que no tiene vigencia, efectividad ni fuerza legal alguna.

Para muchos sectores – incluso dentro de los propios países que son partes actuales de dicha negociación -  este acuerdo aparece como la expresión de los intereses del gobierno norteamericano y de las grandes empresas trasnacionales. Más aun, para muchos de aquellos críticos, cualquier acuerdo que se firme, en cualquier momento y circunstancia,  con Estados Unidos, es una expresión de subordinación a los más tenebrosos y perversos intereses del imperialismo norteamericano.

La realidad de las cosas es que el TPP es el resultado de una negociación. En una negociación cada parte trata obviamente de obtener la mejor posición posible para sus intereses nacionales. Eso es obvio. Si los intereses de todos los países que se sientan en esa mesa fueran desde un principio enteramente coincidentes ese acuerdo no necesitaría negociarse durante varios años, como sucedió con el TPP, sino que  se hubiera firmado hace mucho tiempo atrás y hubieran quedado todos felices. Como en el mundo real y concreto los intereses de las partes no son coincidentes - o incluso pueden ser inicialmente antagónicos en algunos aspectos - es que hay que negociar. En una negociación cada uno cede parte de sus aspiraciones - sobre todo aquellas que son menos trascendentes-  para poder conseguir aquello que le es realmente importante. En otras palabras, todo acuerdo comercial entre dos o más países tiene costos y beneficios para cada país participante. Al final del día, nadie está obligado a firmar o a suscribir el acuerdo resultante. Solo firma en la medida en que llega a la conclusión de que los beneficios de firmar son mayores que los costos de firmar. Si cree, después de sacar bien sus cuentas,  que los costos son muy elevados y los beneficios son muy modestos, no firma. Así de simple. Ese acuerdo se fue armando de a poco, inicialmente con pocos países, y después se fueron sumando otros. El que no estimó conveniente sumarse a esa negociación no se sumó. Y el día de mañana, el parlamento que no quiera ratificar ese acuerdo no lo ratifica. Es una cuestión de analizar el interés nacional de cada país y eso lo tiene que hacer cada parlamento. No cabe, a esta altura de los tiempos, un análisis simplón en el sentido de que los que firman el acuerdo son lacayos del imperialismo y los que no firman son países orgullosamente soberanos. Cada país defendió sus intereses, cedió en algunos puntos, se hizo fuerte en otros, estableció clausulas de protección en alguno rubros y obtuvo beneficios en otros.    

Así por ejemplo, aun cuando el espíritu general del acuerdo es liberalizar el comercio entre todos los países firmantes, México obtuvo la posibilidad de poner límites o cupos a la importaciones de ciertos rubros agropecuarios, en particular de los lácteos: en leche y crema liquidas el primer año solo entrarán libres de arancel un monto de 250 mil litros, cantidad que solo aumentará a 375 mil litros en el año 11 de vigencia del tratado. En materia de quesos solo entrarán 4.250 toneladas, que aumentarán hasta 6.500 en el decimo año de vigencia del acuerdo. En lo que respecta al azúcar, solo se permitirán importaciones en la medida que la producción se muestre insuficiente para abastecer la demanda nacional. El aceite de palma, que es un  producto importante en la oferta exportable de Malasia, solo podrá entrar a México un monto de 10 mil toneladas en los tres primeros años de vigencia del acuerdo, aumentando dicha cantidad a  12 mil toneladas después del tercer año. Se trata, en todos estos breves casos mencionados, de medidas proteccionistas y/o de postergación del libre comercio encaminadas a preservar condiciones de menor competitividad para ciertos productos considerados prioritarios y/o sensibles para México. Situaciones similares se plantearon por parte de cada país. Las normas de salvaguardia, consagradas  a nivel de la OMC,  para poder defender la producción nacional en caso de incremento de las importaciones con grave daño a la producción nacional, se dejaron claramente ratificadas.

En relación a la protección para los datos no divulgados de los medicamentos biológicos, que era un punto muy sensible en las negociaciones, se acordó que el período seria de 5 años, aun cuando en algunos casos y países ese período se podría alargar hasta 8 años. Se establecieron normas en materia de licitaciones gubernamentales y en materia de  legislación laboral, para evitar diversas formas de trabajo forzoso y facilitar el derecho a sindicalizarse. Hay también en el acuerdo normas relativas al acceso al comercio por internet.

El alma del acuerdo es la posibilidad de acceder, unos y otros, a un mercado ampliado, conformado por más de 800 millones de personas, y que representa un 40 % del PIB mundial. Acceder a dicho mercado en condiciones de competitividad negociada tiene características y posibilidades de ser un logro y un beneficio para los países participantes, aun cuando la competencia siempre implica  riesgos y costos.
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viernes, 20 de noviembre de 2015

VENEZUELA Y BRASIL ARRASTRAN HACIA ABAJO A AMÉRICA LATINA

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL el día 20 de Noviembre de 2015)


La Comisión Económica para América Latina, CEPAL – organismo dependiente de Naciones Unidas- publica habitualmente estadísticas sobre el desempeño económico de los países de la región, las cuales incluyen tanto los datos sobre el pasado reciente como las perspectivas sobre el futuro próximo. En este último campo, las más recientes  proyecciones que ha publicado  Cepal visualizan que en el presente año el Producto Interno Bruto de América Latina y el Caribe decrecerá, en promedio, en un 0.3 %, lo cual es indudablemente una mala noticia.

Sin embargo los grandes promedios estadísticos suelen ocultar las diferencias entre los elementos que concurren a conformar esas cifras. En este caso en particular, hay países que crecen muy por encima de ese promedio y países que decrecen muy por debajo de ese promedio. Siendo más concretos aun, podemos decir que toda la América Latina y el Caribe presentará durante el año 2015 tasas positivas de crecimiento, excepto dos países: Brasil y Venezuela. El primero se espera, según Cepal,  que decrezca en un 2.8 % y Venezuela se espera que decrezca en un 6.7 %.  Esos dos países son los que arrastran hacia abajo  la tasa de crecimiento esperado del conjunto de la región.  

Si se pudieran sacar a esos dos países del análisis, el conjunto de los países restantes exhibiría proyecciones positivas, ya sea tomados en su conjunto o individualmente. A pesar de todo lo que se dice sobre el cambio de tendencia del comercio y las finanzas internacionales, los países de la región crecen. No crecen tanto como en años anteriores, pero crecen. Con precios menores para sus exportaciones, pero crecen. Países petroleros como Ecuador y México crecen: el primero a una tasa proyectada de 0.4 % y el segundo a una tasa proyectada de 2.2 %.

Todo el Caribe crecerá a una tasa de 1.6 %. Centroamérica crecerá una tasa de 4.1 %. En la América del Sur Bolivia y Colombia que también son países que viven de la venta de hidrocarburos crecerán  a tasas de 4.4 % y 2.9 %  respectivamente.

Si todos crecen, menos Venezuela y Brasil, no es posible explicar lo que le sucede a estos dos países por alguna causa común a toda la región. Hay que buscar explicaciones específicas para explicar por qué esos dos países caen en circunstancias que toda América Latina y el Caribe crece. En el caso de Brasil se puede decir que la causa de la caída esperada de su PIB obedece en alta medida a sus problemas políticos y de corrupción, que estallaron a partir de los escándalos de Petrobras. ¿Y en el caso particular de Venezuela? Las causas de la caída de su PIB son muchas y están en permanente proceso de análisis en el debate político y económico que se desarrolla en el país. Pero una cosa queda clara: se trata, en última instancia,  de causas imputables a Venezuela, sin poder echarle la culpa a nadie. Más aun, de causas que tienen que ver con su Gobierno y con la política económica que éste lleva adelante.
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jueves, 19 de noviembre de 2015

EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE INVIERTA

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 18 de Noviembre de 2015)


La Comisión Económica para América Latina, CEPAL - organismo dependiente de Naciones Unidas - publica anualmente las estadísticas sobre recepción de inversión extranjera directa, IED,  por parte de los diferentes países de la región. Recientemente publicó los datos sobre el año 2014 en un documento titulado 
La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe. De acuerdo a dicha fuente Venezuela recibió en el año 2014 un total de 320 millones de dólares en calidad de IED. Se trata de una cifra menor que la que recibe Uruguay (2.7 51 millones de dólares)  o Chile (22.002 millones de dólares) o Colombia (16.054 millones de dólares) o incluso que República Dominicana (2.209 millones de dólares) o que Panamá (4.719 millones de dólares)) que son países, estos dos últimos,  de menor dimensión económica que Venezuela. Desde luego, es también muchísimo menor que la que recibe Brasil (62.495 millones de dólares))  o México (22.795 millones de dólares). También es menor que la cantidad que ha recibido la propia Venezuela en otros momentos del pasado reciente (2.680 millones de dólares en el 2013)

No hay duda, por lo tanto, que Venezuela no luce como un país atractivo para los capitales que buscan oportunidades de inversión rentable fuera de sus países de origen. Eso se puede deber a muchas razones. Puede obedecer a que la legislación nacional no es clara en lo que respecta a los deberes y derechos de la inversión extranjera y los capitales externos  no quedan suficientemente protegidos, sobre todo contra la posibilidad de expropiaciones arbitrarias o de cambios en las reglas del juego iniciales. Puede deberse también a que las remesas de utilidades, que es la razón primera y última por la cual los capitales fluyen a un determinado país, no quedan aseguradas, sino que deben pasar muchos meses y muchos trámites como para que dichas remesas sean autorizadas. Puede suceder, además, que en caso de conflicto con las autoridades locales no queden claras las instancias internacionales a las cuales se puede recurrir para dirimir la controversia. Es posible, así mismo, que la legislación laboral no permita a los capitales extranjeros tener una situación competitiva en el mercado internacional, hacia donde pretenden exportar las mercancías que produzcan en Venezuela. También puede deberse a que la tasa de cambio a la cual se cambian los capitales al momento de entrar es muy diferente a la tasa la cual deben cambiar a l momento de retirar sus capitales o sus utilidades. O puede deberse a la obligación de aceptar pagos no contables y no legales para algunas gestiones ante entes públicos o privados. Y  puede deberse, desde luego, a varias de estas razones juntas.

El atraer capitales extranjeros es visualizado como beneficioso por la mayoría de los países del planeta Tierra. Se puede decir que existe hoy en día una competencia para atraer a esos capitales extranjeros por parte de los diferentes países. Se supone que eso permite llevar adelante actividades productivas que de otra forma no se podrían realizar; permite incrementar el empleo y la producción; permiten  entrar en contacto con tecnologías de punta y capacitar a personal obrero o profesional; permiten incrementar las exportaciones, y recabar más impuestos a los gobiernos locales.

No hay duda que también hay riesgos en esto de permitir la entrada de capitales extranjeros. La historia muestra muchos casos en que esas empresas han llegado a ser tan poderosas en los países donde operan que inciden en forma negativa en la política y en las decisiones de política económica del país sede. También es posible que la empresa extranjera mantenga  con su casa matriz relaciones técnicas, financieras, y comerciales que sean muy rentables para el conglomerado extranjero en su conjunto pero muy negativas para el país sede donde se desarrollan las actividades productivas. También es posible que sobre exploten los recursos naturales, que contaminen el ambiente, que evadan impuestos, y que generen un entorno de corrupción para obtener favores de los gobiernos nacionales o locales. Todo eso es posible, pero también es posible de evitar por la vía de instancias gubernamentales con suficiente honradez y capacidad técnica y contralora. Es indudable que la capacidad de control y de información que hoy en día tienen los gobiernos es infinitamente mayor que la que existía en tiempos de las repúblicas bananeras.

Si se analizan las cifras relativas a  la IED recibida por Venezuela en el año 2013 –pues no hay cifras desagregadas para el 2014 - se visualiza la presencia del componente Reinversión de Utilidades, con un monto de 975 millones de dólares,  que no es exactamente nueva inversión proveniente del exterior, sino que se trata de las utilidades de los capitales ya invertidos en el país en períodos anteriores, que no pudiendo obtener divisas para fluir hacia el exterior, se quedan en el país como nueva inversión, aun cuando en realidad es inversión ya vieja que ha quedado presa dentro del territorio. Otra modalidad que asume la IED que aparece en las estadísticas correspondientes a Venezuela es la de los Préstanos entre Compañías, con un monto de 1.784 millones de dólares, que es crédito externo a las empresas extranjeras, es decir, no es exactamente capital de riesgo, sino que es un préstamo que debe ser devuelto en los momentos y en los montos que hayan sido pactados, pero que en las estadísticas sobre esta materia se engloban dentro del concepto de IED. Los nuevos aportes de capital – que es el  monto real de nuevos capitales de riesgo que realmente ingresan al país -   tuvieron en el año 2013 un monto negativo de -79 millones de dólares, que corresponde a retiros de capital.   

Se puede decir, por lo tanto, con bastante base, que Venezuela va quedando crecientemente al margen a las corrientes comerciales y financieras que caracterizan al mundo contemporáneo.

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viernes, 13 de noviembre de 2015

POBRE MARGARITA

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL el día 13 de Noviembre de 2015.)


En la segunda mitad del siglo pasado se pusieron de moda los puertos libres como mecanismos de desarrollo regional. Como la política económica que imperaba en esos años se caracterizaba por altos aranceles para proteger la industria nacional, era altamente ventajoso para un determinado puerto - y para la ciudad aledaña – que las mercancías extranjeras que entraban por ese punto portuario no pagaran arancel. Se generaba por esa vía una sustantiva diferencia de precios entre el producto que pagaba arancel, en el resto del territorio nacional, y la mercancía que no pagaba arancel, en ese punto privilegiado del mapa aduanero y tributario del país. Con aranceles elevados, el no pago de arancel podía dar origen a diferencias de 50% o más entre el puerto libre y el resto del mercado nacional. Eso beneficiaba no solo a los ciudadanos que vivían en ese tipo de ciudad-puerto, sino que beneficiaba a todos los ciudadanos del país que podían ir de vez en cuando a esos pequeños paraísos comerciales a proveerse de bienes importados baratos. Todo ello ayudaba no solo al desarrollo comercial, turístico y de servicios de esas ciudades, sino que incluso a su desarrollo industrial, en la medida que se produjeran allí bienes por la vía de importar insumos y materias primas baratas.
Pero con la tendencia mundial – a la que no es ajena Venezuela- de ir reduciendo el nivel de los aranceles – por la vía unilateral o por la vía de los acuerdos o convenios comerciales de carácter regional o mundial – la diferencia entre el producto que paga arancel y el producto que no lo hace no es tan elevada como antes. En Venezuela el arancel promedio esta por bajo el 10%. Ya no se genera, por lo tanto,  por vía de la liberación del pago de aranceles, una diferencia sustantiva de precios, que sirva de base a flujos comerciales desde o hacia el puerto libre. En otras palabras, el no pago de arancel ha dejado de ser una herramienta para efectos del desarrollo regional. Frente a esa situación se ha buscado mantener una cierta ventaja comparativa por la vía de permitir que en la ciudad puerto no solo no se paguen aranceles, sino que tampoco se pague el impuesto al valor agregado por parte de las operaciones de compra y venta que se hacen en el territorio correspondiente. Se puede agregar así un nuevo diferencial de precios, favorable a los artículos que se venden en la ciudad puerto,  cercano al 10 %, con relación a  los precios de los artículos de la misma naturaleza que se venden en el resto del territorio nacional y que sí deben pagar integro del impuesto al valor agregado. Pero aun sumando ambas preferencias – la arancelaria  y la tributaria- los precios relativos de los bienes en la  ciudad puerto ya no son tan bajos como lo eran anteriormente.

Si a lo anterior se agrega que en el puerto libre y en el resto del  territorio nacional imperan tres o cuatro tasas de cambio diferentes, con dificultades para accesar a una o a  otra, y con grandes ganancias en los procesos de arbitraje entre ellas, y con controles generalizados sobre los precios y las tasas de ganancia, entonces los márgenes de preferencia que privilegian los precios de los puertos libres se reducen casi hasta cero. La posibilidad misma de importar, y las ganancias que de ese comercio se derivan, quedan libradas a las decisiones, muy dosificadas, que se tomen sobre asignación de divisas, y a las decisiones sobre precios máximos y precios justos. Lo más probable es que en estas nuevas circunstancias las condiciones favorables de tipo arancelario - y las ventajas que esto inducia en el comercio y los servicios locales - se terminen haciendo sal y agua. 
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miércoles, 11 de noviembre de 2015

EL PAÍS TIENE SOLUCIÓN

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 11 de Noviembre de 2015)


Venezuela retiró recientemente 467 millones de dólares de sus activos en el Fondo Monetario Internacional. En el transcurso del presente año, es tercera vez que Venezuela hace retiros de esta naturaleza. Paralelamente el BCV ha retrasado - sin plazo de solución cercano -   las remesas que muchos venezolanos venían haciendo a sus familiares – hijos, padres - que se encuentran en el exterior. También se ha sabido que hay intentos de la Cancillería para obligar a las representaciones diplomáticas acreditadas en Venezuela a que hagan más operaciones de cambio en el mercado formal – para cubrir sus gastos de funcionamiento - para efectos de que el BCV pueda recaudar unos pocos dólares más.  Las importaciones de todo tipo de bienes se retrasan y se reducen todo lo posible, lo cual genera desabastecimiento de repuestos, medicinas, etc. Hay informaciones no confirmadas de que el BCV se ha visto en la necesidad de vender en el transcurso del año algunas partidas de oro, para poder salvar  algunas coyunturas de pagos. Las exportaciones no petroleras, por otro lado, que tenían a  Colombia como un mercado de alta significación, se han visto bloqueadas en su fluir terrestre, además, de que las dificultades de todo tipo en las aduanas marítimas siguen como en su mejor momento.

Todo ello pone en evidencia que el Banco Central se encuentra en una situación  muy crítica en lo que respecta a la tenencia de reservas internacionales. Revela también que lo poco o lo mucho de tiene de esos activos lo han comprometido en importaciones lo más masivas y vistosas posibles para dar buena impresión en los días que quedan antes de la elección parlamentaria. Después, que Dios nos pille confesados. No hay nada que permita visualizar que durante el año 2016 las cosas en el mercado internacional se arreglarán milagrosamente en favor de Venezuela, como ha sucedido en otros momentos de la historia. Los precios del petróleo no parecen estar en vías de fortalecerse. Más aun, todos los agites diplomáticos que ha protagonizado Venezuela en los últimos meses para que la OPEP haga algo en materia de precios, se han estrellado contra la negativa de los países más importantes en el mercado petrolero mundial a una política de contención de la oferta. La posibilidad de endeudarse es muy remota, pues los créditos que antaño fluyeron en forma abundante y barata hacia los países en desarrollo, hoy en día se han frenado o incluso han empezado a fluir hacia los países desarrollados. Los créditos chinos - que son los únicos con que parece contar el Gobierno - no gozan de mucha transparencia, y no se sabe, por lo tanto, como, cuando ni para que se pueden utilizar. Además, aun en la hipótesis de que los créditos en el mercado financiero internacional estuvieran disponibles, las tasas de interés que se le cobrarían a Venezuela son absolutamente prohibitivas. Son tasas superiores al 20%  anual, pues el riesgo país que se le atribuye a Venezuela es muy alto, lo cual refleja que la comunidad económica y financiera internacional no tiene confianza ni en los activos que tiene el país para responder a sus créditos, ni tiene confianza en la capacidad de sus gobernantes como para tomar las decisiones económicas cónsonas con la situación de crisis que se observa por todos lados.

¿Qué hacer en una situación de esta naturaleza? La solución no puede ser no hacer nada. Ni los más fanáticos neoliberales - que creen dogmáticamente que el mercado soluciona todos los problemas - se quedarían de brazos cruzados frente a la situación presente. El controlar todo, como pretende el Gobierno  -que  ya controla el mercado de divisas, el comercio exterior, los precios internos de todas las mercancías, el mercado del trabajo y hasta la movilización de mercancías de un punto a  otro del territorio – no parece ser la solución, tanto porque en la práctica no controla todo lo que quiere contralar, como porque genera un proceso masivo de informalización de la producción y del comercio, que tiende a fluir por donde puede.

La discusión del Presupuesto para el año 2016 fue una oportunidad que el Gobierno desaprovechó, en la cual se podría haber analizado y consensuado con seriedad el cómo utilizar los pocos recursos con que cuenta el Gobierno y el país. Elaborar - con el mayor consenso posible entre las fuerzas sociales, políticas y económicas del país -  un presupuesto  de divisas, que permita que cada sector productivo, tanto del sector público como privado, sepa las divisas con que se puede contar a lo largo de un año o de un semestre, podría ser una medida de utilidad, pero ello implica terminar con la arbitrariedad  y con la falta de transparencia en la asignación de divisas. Obligaría también a sincerar la cantidad de divisas que el Estado venezolano tiene, tanto en las arcas del BCV, como en depósitos en el exterior. Los subsidios, que son perfectamente lícitos tanto como herramienta de fomento productivo, como para efectos sociales y distributivos, tienen que discutirse, sincerarse y canalizarse hacia los sectores que realmente se desean proteger o potenciar. Paralelamente, hay que dejar que los que puedan producir produzcan, dentro de los límites que impone la disponibilidad de divisas, pero sin agregarles problemas adicionales por la vía de la política económica. Aun cuando no se puede confiar demasiado en los montos de inversión extranjera, que se han reducido en todo el planeta, hay que tratar de captar de esos capitales tanto como se pueda, lo cual pasa también por reformas políticas que den confianza a  nivel internacional. La sensación de caos en materia económica tiene consecuencias acumulativas y sobrepasa muchas veces sus reales dimensiones. Pero la sensatez, en el caso de que comience a manifestarse y a percibirse, también tiene efectos acumulativos y expansivos. Ojala se imponga esta última.
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sábado, 7 de noviembre de 2015

EL PETROLEO VENEZOLANO EN EL MERCADO REGIONAL

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 4 de Noviembre de2015.)


Conocer con precisión cuanto petróleo le vende Venezuela a cada uno de sus clientes en América Latina y en el mundo es una tarea un tanto complicada, pues ni Pdva ni el resto de los organismos venezolanos que generan estadísticas económicas aportan antecedentes claros al respecto. Pero lo que Venezuela oculta en relación a  sus exportaciones, los países compradores lo publican sin problema alguno, razón por la cual muchas de las exportaciones de Pdvsa son posibles de rastrear por la vía de las importaciones de sus socios comerciales. Tomemos para efectos de nuestro análisis actual todo lo que se engloba dentro del capítulo 27 del arancel de aduanas -combustibles minerales, aceites minerales, y productos de su destilación, materias bituminosas, ceras minerales – y veamos las ventas a algunos países de la América del Sur.

Brasil es un país que importa cantidades importantes de petróleo y sus derivados. A Venezuela - país hermano, vecino, solidario y petrolero -  Brasil le compró en el año 2014 una canasta de bienes del capítulo 27 por un valor total de 941 millones de dólares, lo cual es indudablemente una cantidad no despreciable. Pero a Arabia Saudita y a Argelia - países árabes con los cuales tiene un océano de por medio - le compró por un valor de 2.993 millones de dólares y  2.979 millones de dólares., respectivamente Y en Nigeria, en el África negra, Brasil adquirió petróleo y sus derivados por un monto de 9.632  millones de dólares – casi 10 veces más que en Venezuela -  convirtiéndose dicho país africano en su principal abastecedor. En América Latina Venezuela no es el único proveedor de Brasil. Bolivia le vende gas, por un monto de 3.943 millones de dólares, mientras que Colombia le vende petróleo y sus derivados por un valor de 940 millones de dólares, cantidad prácticamente igual a la que le vende Venezuela.

La refinería Abreu de Lima, ubicada en Pernambuco - en la cual Pdvsa iba a tener una importante participación accionaria - se construyó finalmente sin los aportes venezolanos, y por lo tanto, se canceló la posibilidad de que Pdvsa canalizara hacia allá una parte importante de sus exportaciones petroleras. Los depósitos brasileños de petróleo y gas ubicados mar afuera no están todavía en vías de explotación, pero son una amenaza permanente de que Brasil puede llegar cómodamente a autoabastecerse en el futuro y dejar de importar petróleo desde  algunos de sus proveedores actuales. La participación de Petrobras en la explotación de ciertas áreas de la Faja Petrolífera del Orinoco también se cayó, razón por la cual se puede decir que no se visualizan situaciones que fortalezcan a largo plazo la vinculación petrolífera de Venezuela y Brasil.

Colombia, el otro país vecino, es también un país petrolero, en el sentido de que su principal exportación es hoy en día el petróleo, aun con la caída de sus precios internacionales. Hacia ese mercado las exportaciones venezolanas no son significativas, ni en términos de las exportaciones venezolanas ni en términos de las importaciones colombianas. Es importante señalar, en relación a la actividad petrolera de Colombia, que acaba de inaugurar una moderna refinería en Cartagena de Indias, con capacidad para procesar 165 mil barriles por día. Todo ello, unido al probable término del conflicto armado con  las Farc, hace pensar que Colombia incrementará su rol como productor, procesador y exportador de petróleo. No tiene Venezuela, por lo tanto, por el lado de sus dos países vecinos, posibilidades de tejer a futuro una integración petrolera más profunda y compleja.

Chile - que es país que carece casi en forma total de petróleo, y tiene, por lo tanto,  que importar casi todo lo que consume - se abastece de Argentina  a la que le compra 977 millones de dólares de productos que se incluyen dentro del capítulo 27,  según datos del 2014;  de Ecuador, desde donde importa 2.213 millones de dólares; desde Colombia a quien le compra 1.223 millones de dólares y incluso de Brasil,  que le vende por valor de 1.546 millones de dólares. A Venezuela las compras de bienes contemplados en el capítulo 27 son absolutamente marginales en el contexto de las cifras tanto de Venezuela como de Chile.  

Argentina es también un país petrolero, aun cuando no se autoabastece en términos energéticos. Sus déficits energéticos los soluciona por la vía de importar gas desde Bolivia, y petróleo y sus derivados desde Rusia, pero solo una cantidad ínfima desde Venezuela.

En síntesis, la América del Sur no ha devenido en un mercado significativo para el petróleo venezolano, no por razones geográficas, ni por razones estrictamente económicas, sino fundamentalmente por razones políticas: no se ha privilegiado el mercado latinoamericano ni se han diseñado políticas económicas y/o diplomáticas para hacer de Venezuela un socio petrolero importante de la región, tanto de los países que producen petróleo como de los países que carecen de dicho producto. Para Venezuela históricamente el socio comercial fundamental ha sido Estados Unidos, y hoy día China emerge como un comprador relevante del petróleo venezolano. Esa ha sido y es el área de confort de Pdvsa,  aun cuando en aras de aportar una visión más completa, no se puede dejar de mencionar que el Caribe se ha  convertido en una región de destino de alta importancia para el petróleo de Venezuela, más por razones políticas o geopolíticas que por razones estrictamente económicas y de mercado.

 Si Venezuela no hace de su petróleo – que representa el 95 % de sus exportaciones- una herramienta de su política de integración regional, ¿con que producto podrá hacerlo?

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LAS EXPORTACIONES DE PDVSA

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL el día 6 de Octubre de 2015.)


No es fácil dar con las cifras oficiales de Pdvsa respecto a  producción, refinación y comercialización del petróleo y de los derivados que procesa. Realmente Pdvsa no es muy generosa en cuanto a someter la información sobre la industria petrolera al escrutinio público, a pesar de que ahora Pdvsa es del pueblo. 
Pero hay algunos datos que se logran encontrar en las propias páginas web de la industria petrolera nacional, que terminan por dar información interesante sobre la misma. En el presente artículo nos basamos íntegramente en el “Informe de Gestión anual 2014” presente en la página web de Pdvsa. Veamos.

En lo que se refiere a exportación de hidrocarburos líquidos - es decir, petróleo y productos tales como gasolina, kerosene y otros – la cantidad exportada  disminuyó  desde 2.425 miles de barriles diarios, MBD,  en el 2.013 a 2.357 miles de barriles diarios en el 2014. Es decir, no solo está disminuyendo el precio internacional del petróleo – cuestión en la cual Venezuela puede no tener incidencia ni culpa alguna – sino que también disminuye la cantidad que Venezuela está en condiciones de exportar. Dos veces malo para Venezuela, por lo tanto.

De la cantidad anterior, la disminución no solo tuvo lugar en el petróleo propiamente tal - de 1.935 MBD en el 2013, a 1.897 MBD en el 2014 -  sino también en los “productos”, que pasaron de 490 MBD a 480 MBD. Es decir, de las cifras indicadas se deduce que Venezuela procesa un porcentaje escaso del petróleo que produce y exporta, y que, además, dicho porcentaje  está en disminución.

Del total exportado – 2.3757 MBD – el mayor porcentaje se dirige a Asia, y en particular a la India (415 MBD en el 2014 ) seguido de China ( 323 MBD en el 2014).  Los montos que se envían según el contrato denominado “Fondo Chino” es una cantidad mayor, lo cual hace suponer que incluye algunos otros productos no líquidos, tales como hulla o coque. En todo caso, las exportaciones de “líquidos” a China se constituyen por 244 MBD de petróleo y 79 MBD de “productos”, lo cual muestra que dichas exportaciones siguen el patrón tradicional de las exportaciones venezolanas, que privilegia la materia prima más que los productos con algún grado mayor de manufacturación.  

Como región, Norteamérica se encuentra en segundo lugar como destino de las exportaciones venezolanas, aun cuando como país, Estados Unidos esté en el primer lugar (836 MBD). A Sudamérica las ventas de Pdvsa son sumamente escasas: 67 MBD en el 2013 y 60 MBD en el 2014. Esa cantidad representa el 2 % de las ventas externas de Pdvsa, lo cual pone en evidencia que el petróleo venezolano no tiene mucho mercado en nuestra propia región. El principal comprador regional es Brasil que adquirió un monto de 44 MBD en el año 2014.

Al Caribe insular- que se ha convertido en los años de gobierno chavista en objeto de una intensa penetración comercial y política que descansa en alta medida en el petróleo – se canaliza - sin incluir el monto que se destina a la refinería de Curazao - un  monto de 176 MBD en el 2013 y de 153 en el 2014.  No se trata de un monto muy elevado, y además es decreciente. Los principales destinatarios de esos envíos fueron, en 2014, Cuba, que recibió 95 MBD y República Dominica hacia donde se canalizaron 23 MBD.
A Centroamérica el monto exportado es escasamente de 17 MBD, cantidad que va casi integra a Nicaragua (15 MBD).
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