miércoles, 22 de julio de 2015

BOLIVIA Y EL MERCOSUR

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÁA Y NEGOCIOS el día 22 de julio del 2015)


Una de las pocas novedades que salieron de la reciente reunión cumbre del Mercosur fue el re-ingreso de Bolivia como miembro pleno de esa organización.  En realidad ya había firmado años atrás el mismo documento de ingreso, pero ahora lo firmó de nuevo, con la misma solemnidad, como un requisito formal para que ese eventual ingreso sea sometido a consideración del parlamento de Paraguay, que tiene que dar su aprobación como para que ese ingreso  pueda tener lugar. En realidad no se trata solo del parlamento de Paraguay, sino que los parlamentos de cada país miembro tienen que aceptar esta incorporación de un nuevo socio. Hasta ahora Argentina, Uruguay y Venezuela ya han cumplido con ese trámite pero falta Paraguay y Brasil. Cuando se termine con todo aquello se inicia realmente el proceso de incorporación.
Bolivia tiene a Brasil como el primer destino de sus exportaciones. El segundo destino es Argentina.  En el año 2014 las ventas a Brasil ascendieron a 3.849 millones de dólares, lo cual representa el  29.57  % de las exportaciones bolivianas al mundo.  Las ventas a Argentina sumaron 2.560 millones de dólares, lo cual representa el 19.67  % de las ventas internacionales de Bolivia.  Entre los dos países dan cuenta de aproximadamente el 50 % de las exportaciones bolivianas. Cualquiera podría pensar que esa realidad estadística representa un argumento más que suficiente como para querer incorporarse al Mercosur, pues allí están sus mercados compradores fundamentales.  Sin embargo, las cosas son un poco más complicadas. Las ventas de Bolivia a Brasil están constituidas en un 98 % por gas. Esa cifra es bien cercana al 100 %. Lo demás son pequeñas compras  y ventas obvias en países que tienen frontera. Pero en lo sustantivo, se le vende gas y punto. Con Argentina la cosa es bien parecida: el 87 % de las ventas bolivianas a Argentina están constituidas por gas. Y el arancel con que ese gas entra tanto a Argentina como a Brasil no va a variar por el ingreso de Bolivia al Mercosur, por la sencilla razón de que ese arancel ya está en cero. Por lo tanto no se está ganando ninguna ventaja arancelaria adicional. El 96 % de las ventas a Brasil y el 85 % de las ventas Argentina seguirán exactamente iguales antes y después del ingreso al Mercosur. Si en algún  momento hay cambios en ese mercado se deberá a modificaciones en las demandas energéticas de Brasil y/o de Argentina, pero no a la membrecía de Bolivia en el Mercosur. 
A Paraguay y a Uruguay las ventas bolivianas ascienden, en el 2014,  a 62 millones de dólares  y a 8 millones de dólares, respectivamente, lo cual son cantidades bastante modestas, y no parecen ser esos mercados los que motiven la incorporación de Bolivia al Mercosur. Con Venezuela, a pesar de la gran empatía política, el comercio de exportación de Bolivia solo canaliza hacia este país mercancías por un valor de 115 millones de dólares en el año 2014, y compró en estas tierras bienes por un modesto monto de 6 millones de dólares.
Bolivia sigue siendo miembro de la Comunidad Andina de Naciones y el hecho de pasar a ser miembro del Mercosur no implica que tenga que abandonar el primer agrupamiento mencionado. Seguirá siendo miembro de ambas asociaciones sub regionales. Pero el comercio de Bolivia con la CAN es de diferente nivel y de diferente estructura que el comercio con el Mercosur.  En lo que se refiere a los montos exportados, Bolivia tiene a Colombia como su cuarto país de destino, con 683 millones de dólares, a Perú como quinto país de destino con 550 millones de dólares y a Ecuador como su decimo noveno país de destino, con 95 millones de dólares. En síntesis, pocas exportaciones a la CAN, en comparación a las cantidades que exporta a Brasil y a Argentina. Pero a los países de la CAN Bolivia no les exporta Gas, sino que les exporta bienes agrícolas y manufactureros, y minerales distintos al gas.  Si se resta el gas, es mucho más lo que se exporta los países de la CAN que lo que se exporta hacia el Mercosur. Pero en todo caso Bolivia no está en situación de tener que optar entre un mercado u otro, sino que toma de cada uno lo mejor que dicho mercado pueda ofrecerle.
En lo que respecta a importaciones Bolivia tiene una balanza comercial favorable tanto con Brasil como con Argentina. Al primero de estos dos países Bolivia le compra mercancías por un valor de 1.663 millones de dólares, lo cual representa un 15.7 % de las importaciones. Con Argentina, las compras alcanzan a 1.152 millones de dólares, cantidad también menor que las ventas a ese país.  Ahora, con la mayor apertura comercial que se espera de la incorporación de Bolivia al Mercosur es dable esperar que los dos grandes países limítrofes aumenten sus ventas en ese mercado, que aun cuando no es un mercado muy grande, algo es algo. Competirán en ese campo con China, que sin ser un comprador relevante de las exportaciones bolivianas, si es el proveedor más importante de los bienes que ese país importa.
Con la incorporación de Bolivia es posible pensar que Venezuela gana un amigo en el seno del Mercosur, que aun cuando país pequeño en términos económicos, tiene un voto al igual que los países grandes. Más aun, se trata de un amigo que no tiene mucho que ganar o que perder en el campo propiamente comercial, y que ponderará, por lo tanto, en mayor medida, la incidencia política de sus puntos de vista.
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viernes, 17 de julio de 2015

OBRAS SON AMORES

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL el día 17 de julio del 2015)



La última gira por América Latina realizada por el Primer Ministro de China Li Keqiang - la cual tuvo lugar en el mes de mayo del presente año - dejó abierta la posibilidad de que China se involucre en la construcción de un ferrocarril que una el puerto brasileño de Acu con algún puerto peruano que todavía no está bien precisado, lo cual permitiría unir los océanos Pacifico y Atlántico, sin perjuicio de la unión de esos océanos que ya se realiza -  y que se seguirá realizando más y mejor – a través del Canal de Panamá en su versión ampliada que pronto será una realidad.  Un ferrocarril de esa naturaleza permitiría incrementar el comercio entre los países que se verían directamente interconectados por esa línea férrea, y entre los países colindantes o aledaños. Sería, desde ese punto de vista,  un instrumento concreto en pro de la integración económica regional.  Sin perjuicio de ello, serviría también para transportar mercancías que viniendo del Asia se dirijan hacia las costas orientales del Atlántico, o viceversa, y permitiría un trayecto más directo - y en esa medida más barato - para sacar hacia las costas del Pacifico las mercancías que China necesita comprar en el Cono Sur del continente, como son la soya y los  minerales, principalmente.   

En la reunión reciente de los países BRICS, realizada en la ciudad rusa de Ufá - también con la presencia relevante de China - la presidente del Brasil puso encima de la mesa un primer proyecto ferroviario que podría eventualmente ser financiado por los fondos del recién creado Banco de Desarrollo de los BRICS, y que podría contar con tecnología en ferrocarriles proveniente de China y de Rusia. Este nuevo proyecto ferroviario uniría al puerto brasileño de Paranagua  con el puerto chileno de Antofagasta, pasando por Argentina y por Paraguay.  Se trata, indudablemente de otro gran proyecto de infraestructura que cambiaría la cara de la  América del Sur en materia de integración comercial.

Hay indudablemente muchos aspectos que necesitan ser resueltos antes que estos nuevos proyectos latinoamericanos se conviertan en realidad. Hay que tener claros los costos de esas obras de infraestructura, así como los eventuales beneficios que se derivarían de ella. Hay que estudiar el rol del los Estado y de los capitales privados, así como los problemas técnicos, ecológicos y sociales de proyectos de esta envergadura Pero parece haber la voluntad política de avanzar en ese camino, lo cual – como siempre sucede en estos casos-  es un factor fundamental en la concreción de proyectos de esa naturaleza. Y parece haber también la posibilidad concreta de financiamiento y de tecnología.

No basta con que los países de la América del Sur tengan puertos con capacidad para manejar anualmente varios millones de contenedores. Es necesario que esos puertos tengan la conectividad necesaria con el resto de sus países y con el resto del continente, como para que su aporte al progreso nacional y regional sea completo. Históricamente los ferrocarriles han cumplido ese rol de unir los puertos con el interior de los países donde se instalan. Esto se estaría repitiendo, en estos  momentos, con los dos proyectos mencionados, a una escala casi continental. Pero para que todo lo anterior rinda todos sus frutos es necesario que exista demanda mundial y regional para las  mercancías que saldrían o entrarían por esos puertos, cuestión que tiene ver con la presencia china en los dos grandes proyectos ferroviarios analizados. Proyectos de esta envergadura continental no se escuchaban desde que el Presidente Chávez lanzó la iniciativa del Gaseoducto del Sur, que también contaba con apoyo político y financiero, pero que desgraciadamente no contaba con gas. Ojala que los proyectos actuales no sufran la misma suerte que aquel.
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jueves, 16 de julio de 2015

MERCOSUR Y EL ARANCEL EXTERNO COMUN

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 15 de Julio de 2015)


Las cosas al interior del Mercosur no andan del todo bien. Hay tensiones –que ya son casi parte del folklore binacional - entre Brasil y Argentina porque el comercio entre ellos - que debería ser libre  de medidas arancelarias y para-arancelarias – en realidad está lleno de pequeñas y grandes dificultades encaminadas a defender la producción a un lado o al otro de la frontera. 

Pero más importantes que lo anterior han  pasado a ser las diferencias entre  Brasil y Argentina en relación a la posibilidad de negociar liberalizaciones  comerciales con otros países ajenos al Mercosur. El aspecto más concreto y más visibles es la negociación con la Unión Europea, donde Brasil aparece mucho más entusiasmado y acelerado que Argentina.  En este último asunto, Brasil cuenta con el apoyo de Uruguay y de Paraguay, mientras que Argentina cuenta con el apoyo de una Venezuela cada vez más debilitada en lo que respecta a su peso o su incidencia en las  decisiones que toma el Mercosur, al cual le costó tanto ingresar. 

Pero el asunto va mucho más allá de la negociación con los europeos. Se trata en realidad de decidir si los miembros del Mercosur pueden o no negociar  en forma autónoma liberalizaciones comerciales con terceros países, sin que esa eventual negociación sea parte de un acuerdo colectivo. Si todos los miembros del Mercosur tuvieran una misma visión en el sentido de abrirse a un comercio negociado y crecientemente liberalizado con las regiones y países más dinámicos del comercio internacional, entonces no habría problema alguno, y sería bueno que todos negociaran de conjunto esos grados de apertura. Pero si el arancel externo común se convierte en una excusa para mantener grados altos de enclaustramiento – o se convierte en una forma más amplia y quizás más sofisticada de la vieja política de sustitución de importaciones – entonces se generan y se potencian los disensos al interior del  Mercosur, pues no todos los países miembros pueden coincidir en una política de esa naturaleza.  El debate se centra, por lo tanto, en decidir si se mantiene vigente o no el arancel externo común. Si cada país puede negociar rebajas arancelarias  con otros países ajenos al Mercosur, el arancel externo común deja de existir, o pasa a ser un documento sin valor alguno. Si eso sucediera no significaría en absoluto que el Mercosur dejaría  de existir. Pero quedaría reducido a un área de libre comercio, lo cual no es malo y es mucho más realista. Eso es en alguna medida lo que ha pasado con la Comunidad Andina de Naciones, en la cual el arancel externo común no se ha abolido formalmente, pero en la práctica Colombia recibió autorización para negociar en forma independiente con Estados Unidos y con Europa, y Perú obtuvo una autorización similar  para negociar con China y con Estados Unidos. En todos esos casos, la negociación correspondiente se tradujo en Tratados de Libre Comercio que están en pleno funcionamiento. En la práctica un arancel externo común que se ve perforado por tantas vías diferentes deja de hecho de ser un arancel externo común, aun cuando continúe plenamente vigente entre los países miembros  todo lo que dice relación con el libre comercio.

La Unión Europea tiene un arancel externo común y todo parece indicar que eso funciona relativamente bien.  Pero el Nafta, que tiene como miembros a Estados Unidos, Canadá y México, se limita a ser un ´área de libre comercio, y no una unión aduanera. El Tratado de Libre Comercio firmado entre Estados Unidos y Centroamérica  y República Dominicana también se limita al libre comercio, sin pretender incursionar en un arancel externo común. Los acuerdos comerciales que China ha firmado con Chile y con Perú, son tratados de libre comercio y punto. Lo mismo los TLC firmados por Colombia con Estados Unidos y con la Unión Europea. La extensa red de acuerdos de libre comercio que Chile por un lado, y México por otro, han firmado con muchos países de América o de otros continentes no hablan nada de arancel externo común. La Alianza del Pacífico, que luce como un esfuerzo dinámico, serio y novedoso de integración, no pretende desde ningún punto de vista incursionar en nada parecido a un arancel externo común. Si en alguno de esos acuerdos se estableciera algo parecido a un arancel externo común el otro país que hiciera de contraparte quedaría atado de manos como para seguir en su proceso autónomo de apertura comercial negociada con otros países o regiones del planeta. Necesitarían  negociar de conjunto con el primer país con el cual firmó, y eso se convertiría en una figura que dificultaría la expansión y la liberalización del comercio internacional contemporáneo. En síntesis, la figura del arancel externo común no es una figura que goza de universal utilización ni de universal simpatía en el campo de las negociaciones  comerciales internacionales. Se trata, más bien, una copia, no siempre feliz, de lo que hizo Europa con resultados positivos pero no siempre repetibles en cualquier otro lugar.

Por todas estas consideraciones es altamente posible que el Mercosur  gire – lenta pero inexorablemente – hacia la autorización a  sus miembro  para que uno o varios de ellos puedan negociar - primero con Europa y después con otras países o regiones del planeta- son incluir en los acuerdos a los cuales se llegue a los demás socios que no quieran participar en los mismos. Es muy difícil que un país como Brasil, que necesita con prontitud de medidas que dinamicen su economía, opte por seguir atado a acuerdos que le impiden grados importantes  de negociación y  de apertura hacia otros ámbitos del comercio internacional.    
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martes, 14 de julio de 2015

COMO PONER A TRIBUTAR A LAS GRANDES EMPRESAS

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 9 de Julio de 2015)


Se ha escrito bastante sobre los trucos que usan las grandes empresas trasnacionales no solo para no pagar impuestos en los países en que operan, sino incluso para no pagarlos en los países de donde son originarios los capitales correspondientes. El problema preocupa y afecta, por lo tanto,  ya no solo a los países en desarrollo, sino que preocupa más aún a los propios países desarrollados, pues allí los impuestos impagos son mayores aun.

Parte importante del entramado de operaciones financieras y jurídicas de las cuales se valen las grandes empresas trasnacionales para esos efectos pasa por la existencia y el funcionamiento de los paraísos fiscales.

Los llamados paraísos fiscales son países o territorios con la suficiente autonomía como para permitir que allí se conformen empresas con  bastante rapidez, las cuales pueden hacer desde allí operaciones financieras que impliquen  mover o recibir capitales desde o hacia cualquier otro país del planeta Tierra, sin pagar impuestos, o pagando impuestos muy bajos, por las ganancias que perciban mediante esas operaciones. A todo ello se agrega una alta cuota de secreto bancario que hace que nadie sepa quiénes son los verdaderos protagonistas de todo ese intenso tráfico financiero, ni cuáles son los orígenes ni los destinos de los fondos  que por allí se mueven.

Sin embargo, las cosas parece que comienzan a cambiar. Pareciera que se está pasando de la fase de  hablar sobre ese tema, a la fase de tomar acciones que efectivamente modifiquen la situación actual. Nadie puede objetar el derecho soberano que tienen esos territorios o países llamados paraísos fiscales como para cobrar o no cobrar impuestos, o para mantener o no el secreto bancario, aun cuando eso genere problemas al resto de los países de la comunidad internacional. Pero igualmente todo el resto de países tienen la autonomía o la soberanía para tomar medidas dentro de su territorio como para evitar los efectos dañinos de la existencia de los paraísos fiscales.

Una de esa medidas que se estudia, por iniciativa de la OCDE, del G-20, de  Estados Unidos, y de varios otros países, es cobrar  -en todos los países que estén dispuestos firmar un tratado en ese  sentido – un impuesto superior al 30 % a todas las transacciones financieras que tengan como contrapartida a bancos o instituciones localizadas en los  países calificados como paraísos fiscales. En esa medida, los movimientos financieros hacia o desde los paraísos fiscales tendrán un impuesto en los países de origen o de destino de esas transacciones, aun cuando sigan no teniendo gravamen alguno en el paraíso fiscal mismo. Es una medida de fácil implementación, que significaría un golpe al riñón de dicho entramado financiero. De allí para adelante muchas empresas verán como “caro” desde el punto de vista financiero el establecerse y operar desde esos territorios que hoy en día son precisamente “baratos” y se incrementarían los ingresos tributarios de muchos países que hoy en día dejan de percibir esos recursos.

Otro mecanismo tradicional - que permite a las grandes empresas trasnacionales colocar las ganancias que obtienen  en sus operaciones planetarias en aquel país que les sea más favorable desde el punto de vista tributario - es el de los precios de transferencia. Este mecanismo, en su esencia consiste en que una empresa localizada en un país determinado le compra insumos, asesorías, consultorías, tecnologías, o cualquier otro bien o servicio, a una empresa localizadas en otro país, pero que pertenece a los mismo dueños o al mismo conglomerado  – en lo posible localizada en un paraíso fiscal - y le paga por ello un  monto mucho más elevado que lo que correspondería de acuerdo a los precios de mercado de los bienes o servicios similares. Con ello las ganancias se reducen en el primer país – evitando así los impuestos correspondientes - y se localizan fácilmente en el segundo, donde los impuestos son cercanos a cero. El tratado que se estudia tiende a permitir a los países imponer precios de referencia obligatorios a ciertos bienes y servicios que se transan internacionalmente entre empresas. Algo similar a lo que existía hace tiempo atrás en Venezuela con las empresas petroleras, que tributaban no de acuerdo a los precios de venta que ellos mismos declarasen, sino de acuerdo a precios de referencia que les imponía el Estado. En el multifacético campo del comercio internacional las cosas serían un poco más complicadas, pero el principio rector sería sumamente útil y daría un grado adicional de poder a los gobiernos de los países donde operan aquellas empresas trasnacionales. Sería, desde luego, un atentado al libre comercio, pero – curiosamente - es un tratado promovido, con sentido pragmático, por los propios países de la OCDE - que se supone es algo así como el club de los países con buenas prácticas de gobierno en el mundo contemporáneo - y respecto al cual ya hay más de 60 países dispuestos a involucrarse en él.

Éstas y otras soluciones similares no son difíciles de concebir. Lo difícil es poner de acuerdo a muchos países para implementarlas de conjunto o al unísono, pues si solo son implementadas por un país en solitario, éste pagaría costos elevados sin ninguna de las ganancias esperadas. Pero como se ha descubierto que los paraísos fiscales no son solo el paraíso de los dictadores, gobernantes corruptos y narcotraficantes de los países en desarrollo sino que son también el sitio de residencia y de operación de muy respetables empresas trasnacionales que escabullen los impuestos de sus países de origen, hay más posibilidades de ponerle el cascabel al gato.  
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jueves, 9 de julio de 2015

BREVE COMPARACIÓN ENTRE COLOMBIA Y VENEZUELA

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 9 de Julio de 2015)


Colombia es un país que en el transcurso de los cuatro primeros meses del año 2015 ha acumulado un déficit  cercano a los 5 mil millones de dólares en la cuenta comercial de la balanza de pagos. Es decir, sus importaciones son mayores que sus exportaciones. Venezuela, en cambio, es un país cuyas exportaciones, aun cuando no se publiquen cifras muy fidedignas, son sustantivamente mayores que sus importaciones. En el primer trimestre del año 2014 Venezuela acumuló un superavit en cuenta comercial superior  a los 10 mil millones de dólares, y durante el presente año las cifras no tienen por qué ser muy diferentes. Sin embargo, Colombia es un país que crece- creció el año pasado y volverá a crecer en el año en curso -  y Venezuela es un país que decrece, tanto en el presente año como en el anterior.  ¿Por qué sucede esta aparente paradoja?

Hay que explicar en primer lugar una cuestión conceptual o metodológica. Nadie ha dicho nunca, por lo menos en el campo de los economistas, que sea imprescindible que un país tenga superavit en la cuenta comercial de la balanza de pagos para poder crecer. Un país puede funcionar perfectamente bien con un déficit en cuenta comercial siempre y cuando lo compense con algún superavit en alguna otra de las sub cuentas de la balanza de pagos. Podría suceder, por ejemplo, que la cuenta de servicios fuera superavitaria, o la cuenta de remesas y transferencias, todo ello en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Pero aun cuando la cuenta corriente de la balanza de pagos fuera deficitaria, eso se puede compensar - y terminar generando una situación positiva para el país – mediante un superavit en la cuenta de capitales y financiera. Eso podría suceder si, por ejemplo, el país recibiera una buena cantidad de inversión extranjera directa, con lo cual puede compensar -  e incluso superar - el déficit que exista en la cuenta corriente. O puede haber también una buena cantidad de préstamos que el país esté recibiendo – que supere la cantidad de amortizaciones e intereses de préstamos anteriores -  ya sea por la vía del gobierno o del sector privado, con lo cual el país puede crecer y progresar. Solo si el déficit en la cuenta corriente no se puede cubrir con algún superavit en la cuenta de capital y financiera, entonces se vería dicho país en la obligación de reducir sus reservas internacionales, generándose una situación que no es sostenible a mediano plazo y que debe, por lo tanto, ser solucionada rápidamente.

Colombia es, al igual que Venezuela, un país petrolero, entendiendo por tal un país en que su principal producto de exportación es el petróleo. Colombia produce actualmente un volumen cercano al millón de barriles diarios y eso le genera un ingreso importante desde el punto de vista de sus exportaciones. Desde luego que su situación se ha complicado con el desplome de los precios internacionales del petróleo, pero en el caso de Colombia esa situación se ve compensada, por lo menos parcialmente,  con la exportación de otros productos minerales, como el carbón o el ferroniquel, o agrícolas, como el café, o manufactureros, como los textiles y otros. No es un país monoexportador, como Venezuela. Además, Colombia recibe de año en año  volúmenes importantes de inversión extranjera directa, no en forma esporádica o espasmódica, mientras que Venezuela hace todo lo posible por correr a sombrerazos a todos los inversionistas no petroleros que quieran asomarse por este país. También Colombia es un país que puede emitir bonos en el mercado internacional con tasas de riesgo soberano cercanas al 3 %, mientras que Venezuela, si llegara a emitir bonos, tendría que pagar una tasa de riesgo superior al 25%.  Como resultado de todos esos factores, y varios otros más, Colombia es un país que tiene un mercado de cambio de divisas relativamente libre, y  las reservas internacionales de su banco central sumaban, a abril de este año,  más de 47 mil millones de dólares, mientras que nada de eso sucede en Venezuela. ¿Cuál de los dos países irá por buen camino? ¿Quién estará haciendo las cosas mal?  
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domingo, 5 de julio de 2015

ESTADOS UNIDOS Y LA CUENCA DEL PACIFICO

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 1 de Julio de 2015)


El Presidente Obama logró, recién en la semana pasada, la autorización  para negociar - a través del sistema denominado  fast track - el Acuerdo TransPacifico, o TPP por sus siglas en ingles. Este acuerdo involucra - en la actual fase de negociación - a 11 otros países: Japón, Canadá, Vietnam, Malasia, Singapur, Brunei, Chile, Perú México, Nueva Zelandia y  Australia. Como se puede ver, se trata de una cantidad grande de países que cubren gruesa parte del espacio geográfico en ambas riberas del Océano Pacifico. Se calcula que el PIB de los países que son parte de este eventual acuerdo representan aproximadamente el 40 % del PIB mundial. Se trataría, por lo tanto, si es que se llega a concretar, del acuerdo comercial de carácter multilateral de mayor importancia económica, geográfica y demográfica después de la constitución de la Unión Europea.

La autorización lograda por el Presidente Obama significa que el acuerdo al cual se llegue no tendrá que ser refrendado artículo por artículo por el Senado y la Camara de Representantes de Estados Unidos, sino que los parlamentarios norteamericanos solo votaran, cuando llegue la ocasión,  aprobando o rechazando el acuerdo final que el ejecutivo someta a su consideración.

Se puede percibir - como un aspecto central del proyecto - que no se incluye a China. Eso no es obviamente por casualidad. En alta medida el TPP se trata de un proyecto encaminado a restarle espacios económicos y políticos a China, y de poner a una cantidad de países de su vecindad a constelar en torno a la economía norteamericana.

Respecto al contenido del eventual acuerdo se puede decir que éste pretende la eliminación de los aranceles en los intercambios entre los países miembros, conformando de esa manera la más gigantesca área de libre comercio existente en el mundo, no solo desde el punto de vista geográfico sino también comercial y económico. También se busca la eliminación de los subsidios a las diferentes mercancías intercambiables. Sin embargo, la parte más problemática de esta negociación dice relación con lo que muy eufemísticamente se denomina “la parte normativa”. La parte normativa comprende – entre otros temas - lo relativo a la protección recíproca de inversiones, las normas laborales, las normas ambientales, las normas respecto a derechos de autor y las normas sobre patentes y marcas. Aun cuando el texto que sirve de base a las negociaciones se mantiene en secreto, hay fundadas sospechas de que la intención última es que los estándares que imperan en Estados Unidos en todas y cada una de estas materias conflictivas pueda ser aceptado por el resto del los eventuales países socios. Así, por ejemplo, se habla de que los derechos de autor puedan mantenerse vigentes durante 70 años después de la muerte del autor. O que se alargue también el período de vigencia de las patentes sobre medicamentos y otros  inventos, lo cual es difícil de aceptar por la mayoría de los países en desarrollo. Y esos temas son importantes no solo para los países que participen en el acuerdo. Lo que se acuerde finalmente en dichas negociaciones no solo afectará el comercio entre los países directamente involucrados, sino que generará un entramado normativo que de una u otra forma incidirá sobre las reglas del juego que presiden el conjunto del comercio mundial contemporáneo. Ante la parálisis o el fracaso de la Organización Mundial de Comercio para convertirse en el foco de las negociaciones mundiales de tipo comercial,  muchos países empiezan a buscar nuevas formas de estructuración del comercio mundial por esta vía de las negociaciones multilaterales. Si un acuerdo como el TPP termina por hacerse realidad eso cambiará aspectos importantes de las cantidades y de las direcciones de los flujos comerciales y creará un nuevo actor colectivo que estará presente en ese escenario y en el escenario mundial.  Eso  obligara a los países que queden por fuera a buscar como insertarse en el nuevo sistema comercial que se cree. Obligará también a muchos países en desarrollo, en particular de la América Latina, a terminar por aceptar - de hecho y en forma obligada - las normas que hemos mencionado y en cuya discusión no han sido invitados a participar.   

En la actual fase de negociación hay tres países latinoamericanos participando: México, Perú y Chile. Colombia y Panamá han manifestado deseos de participar, pero no parecen haber realizado gestiones concretas encaminadas a ese fin. Ecuador no está en este grupo más por razones ideológicas que por que sus intereses estratégicos no miren hacia el Pacífico. El resto de los países de la América Latina y/o de la América del Sur no han manifestado mayor interés en participar en ese acuerdo que tiene hoy más posibilidades que hace un mes atrás de convertirse en realidad. El no tener riberas sobre el Océano Pacífico no es razón para no participar ni para no ser aceptados. Lo importante es el deseo de estar dentro de un acuerdo que puede cambiar mucho de la estructura del comercio mundial si es que llega a concretarse. A decir verdad, no todos los países de la zona oriental  del Pacifico participan en esta negociación. Están ausentes, por ejemplo Filipinas e Indonesia, que son países grandes e importantes en la zona, lo cual pone de relieve las complejidades económicas e geopolíticas  que están en juego. En las grandes negociaciones internacionales se puede ganar mucho o se puede ganar poco, y siempre puede un país marginarse de un acuerdo que no le satisfaga. Pero estar ausente, y simular que esa negociación no existe o no le incumbe, es la forma más segura de perder.    
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viernes, 3 de julio de 2015

LOS PUERTOS LATINOAMERICANOS Y DEL CARIBE

(Articulo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL el día 4 de Julio del 2015)


La Comisión Económica para América Latina, CEPAL, ha publicado recientemente un ranking de los 20 principales puertos de la región, en función de la carga que se manipula en los mismos, medida en TEU, que es una unidad equivalente a un contenedor de 20 pies.

De acuerdo a dicho estudio Panamá es el país que tiene el puerto con más carga -el puerto de Balboa - con 3.468.283 TEU en el transcurso del año 20014. También Panamá tiene el segundo puerto en este ranking, Colón, en la salida oriental del canal, que movió el año pasado un total de 3.288.736 TEU. Si se  suman los dos puertos la supremacía de Panamá en términos de capacidad de movilización de carga es abrumadora en toda la región. Esa capacidad de movilización de carga depende obviamente de la infraestructura portuaria existente, pero también de la calidad y rapidez de los servicios portuarios y de la conectividad de los puertos con otros puntos del país o del continente.

El tercer puerto de importancia corresponde a Santos, en Brasil, que movilizó 3.040.231 TEU. También en Brasil el puerto de Paranagua califica dentro de los primeros 20 de la región con 757.370 TEU. México, el otro país grande de la región tiene  3 puertos que califican dentro del estudio de la Cepal: Manzanillo, con 2.368.741 TEU,  Lázaro Cárdenas con 996654 TEU  y Veracruz, con 847.370 TEU,  este último en la costa Caribe. Destaca, en la zona del Caribe, el puerto de  Kingston, en Jamaica, con 1.638.113 TEU, lo cual trasciende el tamaño comercial de dicho país y hace que el puerto mencionado sea un punto de transferencia para cargas que se mueven en toda la región caribeña. También destacan Costa Rica, con el puerto de Limon Moin que mueve 1.099.516 TEU y el puerto de Caucedo, en República Dominicana, que mueve 915.101 TEU.

Los puertos con los puntos a través de los cuales los países se conectan con el resto del mundo, para efectos de comprar y vender mercancías. Son también puntos a través de los cuales los países venden servicios portuarios a mercancías que no están necesariamente destinadas a ingresar a dicho territorio  aduanero. Esa venta de servicios constituye un ingreso de divisas importante para los países que tienen capacidad de proporcionarlos.  Los puertos, y la calidad de los servicios portuarios son también, en alta  medida, una cara que  el país muestra al resto del mundo.

Venezuela no tiene ningún puerto que entre dentro del ranking de los primeros 20 puertos más importantes del la región, como si los tiene países como Ecuador, Chile, Perú, Uruguay o Colombia. Más aun, muchos de los puertos del Caribe y de otros puntos del continente están en proceso de ampliación de sus infraestructuras, para  poder ofrecer más y mejores servicios ante el aumento del comercio mundial en general, y del comercio regional en particular, que se incrementará en la medida que entre en funcionamiento la ampliación del Canal de Panamá. Los puertos se constituyen así, en un elemento más que pone en evidencia la falta de visión estratégica de las actuales cabezas del poder estatal.
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