jueves, 16 de julio de 2015

MERCOSUR Y EL ARANCEL EXTERNO COMUN

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 15 de Julio de 2015)


Las cosas al interior del Mercosur no andan del todo bien. Hay tensiones –que ya son casi parte del folklore binacional - entre Brasil y Argentina porque el comercio entre ellos - que debería ser libre  de medidas arancelarias y para-arancelarias – en realidad está lleno de pequeñas y grandes dificultades encaminadas a defender la producción a un lado o al otro de la frontera. 

Pero más importantes que lo anterior han  pasado a ser las diferencias entre  Brasil y Argentina en relación a la posibilidad de negociar liberalizaciones  comerciales con otros países ajenos al Mercosur. El aspecto más concreto y más visibles es la negociación con la Unión Europea, donde Brasil aparece mucho más entusiasmado y acelerado que Argentina.  En este último asunto, Brasil cuenta con el apoyo de Uruguay y de Paraguay, mientras que Argentina cuenta con el apoyo de una Venezuela cada vez más debilitada en lo que respecta a su peso o su incidencia en las  decisiones que toma el Mercosur, al cual le costó tanto ingresar. 

Pero el asunto va mucho más allá de la negociación con los europeos. Se trata en realidad de decidir si los miembros del Mercosur pueden o no negociar  en forma autónoma liberalizaciones comerciales con terceros países, sin que esa eventual negociación sea parte de un acuerdo colectivo. Si todos los miembros del Mercosur tuvieran una misma visión en el sentido de abrirse a un comercio negociado y crecientemente liberalizado con las regiones y países más dinámicos del comercio internacional, entonces no habría problema alguno, y sería bueno que todos negociaran de conjunto esos grados de apertura. Pero si el arancel externo común se convierte en una excusa para mantener grados altos de enclaustramiento – o se convierte en una forma más amplia y quizás más sofisticada de la vieja política de sustitución de importaciones – entonces se generan y se potencian los disensos al interior del  Mercosur, pues no todos los países miembros pueden coincidir en una política de esa naturaleza.  El debate se centra, por lo tanto, en decidir si se mantiene vigente o no el arancel externo común. Si cada país puede negociar rebajas arancelarias  con otros países ajenos al Mercosur, el arancel externo común deja de existir, o pasa a ser un documento sin valor alguno. Si eso sucediera no significaría en absoluto que el Mercosur dejaría  de existir. Pero quedaría reducido a un área de libre comercio, lo cual no es malo y es mucho más realista. Eso es en alguna medida lo que ha pasado con la Comunidad Andina de Naciones, en la cual el arancel externo común no se ha abolido formalmente, pero en la práctica Colombia recibió autorización para negociar en forma independiente con Estados Unidos y con Europa, y Perú obtuvo una autorización similar  para negociar con China y con Estados Unidos. En todos esos casos, la negociación correspondiente se tradujo en Tratados de Libre Comercio que están en pleno funcionamiento. En la práctica un arancel externo común que se ve perforado por tantas vías diferentes deja de hecho de ser un arancel externo común, aun cuando continúe plenamente vigente entre los países miembros  todo lo que dice relación con el libre comercio.

La Unión Europea tiene un arancel externo común y todo parece indicar que eso funciona relativamente bien.  Pero el Nafta, que tiene como miembros a Estados Unidos, Canadá y México, se limita a ser un ´área de libre comercio, y no una unión aduanera. El Tratado de Libre Comercio firmado entre Estados Unidos y Centroamérica  y República Dominicana también se limita al libre comercio, sin pretender incursionar en un arancel externo común. Los acuerdos comerciales que China ha firmado con Chile y con Perú, son tratados de libre comercio y punto. Lo mismo los TLC firmados por Colombia con Estados Unidos y con la Unión Europea. La extensa red de acuerdos de libre comercio que Chile por un lado, y México por otro, han firmado con muchos países de América o de otros continentes no hablan nada de arancel externo común. La Alianza del Pacífico, que luce como un esfuerzo dinámico, serio y novedoso de integración, no pretende desde ningún punto de vista incursionar en nada parecido a un arancel externo común. Si en alguno de esos acuerdos se estableciera algo parecido a un arancel externo común el otro país que hiciera de contraparte quedaría atado de manos como para seguir en su proceso autónomo de apertura comercial negociada con otros países o regiones del planeta. Necesitarían  negociar de conjunto con el primer país con el cual firmó, y eso se convertiría en una figura que dificultaría la expansión y la liberalización del comercio internacional contemporáneo. En síntesis, la figura del arancel externo común no es una figura que goza de universal utilización ni de universal simpatía en el campo de las negociaciones  comerciales internacionales. Se trata, más bien, una copia, no siempre feliz, de lo que hizo Europa con resultados positivos pero no siempre repetibles en cualquier otro lugar.

Por todas estas consideraciones es altamente posible que el Mercosur  gire – lenta pero inexorablemente – hacia la autorización a  sus miembro  para que uno o varios de ellos puedan negociar - primero con Europa y después con otras países o regiones del planeta- son incluir en los acuerdos a los cuales se llegue a los demás socios que no quieran participar en los mismos. Es muy difícil que un país como Brasil, que necesita con prontitud de medidas que dinamicen su economía, opte por seguir atado a acuerdos que le impiden grados importantes  de negociación y  de apertura hacia otros ámbitos del comercio internacional.    
sergio-arancibia.blogspot.com 













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