jueves, 26 de marzo de 2015

EL PUENTE AEREO CARACAS MIAMI

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 26 de Marzo de 2015.)


Un artículo reciente de BBC Mundo - que ha sido publicado en diferentes medios informativos de Venezuela y de América Latina -  da cuenta del intenso tráfico de jet privados que une semanalmente a Caracas con Miami. Aun cuando los datos se refieren al 2013, todo parece indicar que la disminución de los vuelos comerciales regulares que ha tenido lugar durante 2014  ha incrementado el tráfico en los mencionados jet privados. En 2013 ellos llegaban aproximadamente a unos 75 vuelos semanales. Eso coloca a esa ruta entre las de mayor crecimiento en América y el mundo, casi a la misma altura que la ruta de jet privados entre Moscú  y la Costa Azul, utilizada por los ricos rusos – mafiosos o no mafiosos -para ir a divertirse en el occidente que se les cerró durante tantos años. 

El vuelo en jet charter entre Miami y Caracas, en una solo dirección, sin vuelo de regreso incluido, tiene un costo aproximado de 20 mil dólares. Aun cuando eso se reparta entre 5 o 6 pasajeros, tiene un costo  sustantivamente más elevado que el pasaje en las líneas aéreas comerciales. Se trata indudablemente de un tipo de servicios que solo es posible de ser utilizado por los antiguos y los nuevos ricos existentes en Venezuela, que en materia de gustos y de gastos son tan extravagantes como los ricos rusos. Es dable suponer también de que en esos jet no aceptan bolívares ni de propina, razón por la cual los usuarios de esos servicios tienen que tener acceso permanente y en no pequeña cantidad a la divisa verde.

En el artículo  que comentamos se registran declaraciones de personeros ligados a la venta de estos servicios en que se caracteriza  a los clientes básicamente como empresarios que tienen sus familias en Miami, pero sus negocios en Venezuela, y que por lo tanto, van los fines de semana a visitar a la familia, y regresan los días hábiles a Venezuela a producir los reales como para pagar ese tren de vida. No es fácil caracterizar  más a fondo  a ese estamento de empresarios, pero es posible al menos dejar sentadas algunas hipótesis al respecto. Una primera hipótesis  es que se trata empresarios rojo rojitos, que han amasado y  siguen amasando  grandes fortunas en los procesos de importación o de comercialización que están controlados por el gobierno. Tienen acceso al reparto nunca bien justificado de los dólares a precios subvencionados, y/o a las compras y ventas de bienes y servicios en los cuales los entes estatales conservan el monopolio de la compra o de la venta.  Se trata, en todo caso, de empresarios que no tienen solo a su familia en el exterior, sino también a  gruesa parte de los capitales que han logrado ganar, pues los tiempos se pueden poner difíciles y más vale prevenir que curar. Otra hipótesis es que no se trata  exactamente de empresarios sino más bien de funcionarios que en función de sus cargos han logrado algunas donaciones privadas que le permiten vivir cómodamente – a  ellos, sus hijos y sus nietos - en Miami o en cualquier otro lugar del mundo. Tampoco hay que despreciar la hipótesis de que se trata de empresarios que hoy y siempre han tenido sus actividades económicas en Venezuela, pero en los largos años en que acumular dólares en el exterior era un fenómeno enteramente legal y normal, acumularon una cantidad  suficiente como para decidir libremente donde radicar a la familia.

Los protagonistas de las dos primeras hipótesis, en caso de que existan,  no creo que sean revolucionarios muy dispuestos a jugarse el todo por el todo al lado de los rojos rojitos locales, en caso de que a estos les vaya mal.  Los protagonistas de la última hipótesis –en caso también de que existan-  no creo que sean opositores dispuestos a arriesgar mucho en su condición de tal, pues su situación objetiva de vida ya depende de otras circunstancias diferentes a los avatares de la política venezolana.

En todo caso, identificar a los  pasajeros de esos 75 vuelos privados es un juego de niños para los servicios de inteligencia nacional, que deben a  estas alturas tener claritos los listados con los nombres, apellidos y curriculum vitae de cada uno de esos viajeros. Quizás a muchos de ellos se les podría utilizar como buenos interlocutores con el imperio, para evitar que agredan a Venezuela. Es seguro que prestarían gustosos los servicios que sean necesarios para evitar una confrontación mayor.

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miércoles, 25 de marzo de 2015

LA FUGA DE CAPITALES

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 25 de  marzo de 2015)


El Banco Central de Venezuela ha publicado recientemente - en sus folletos de divulgación económica y con la apariencia simple de un conocimiento o de un antecedente meramente  técnico – un texto en el cual se postula que la fuga de capitales no existe, o si existe, no tiene nada de malo ni de novedoso.  En estas breves reflexiones queremos dejar claramente establecido que ese fenómeno sí existe, y que es sumamente negativo para el común de los países donde se presenta.
La creación de valores o de riquezas – aun hasta el día de hoy, a pesar del fenómeno de la globalización- tiene lugar en forma mayoritaria dentro de las fronteras de un país. Eso quiere decir que es en el proceso de producción  y circulación de los capitales dentro de un estado nación determinado donde los capitales crecen y se multiplican, y dan lugar a riquezas y fortunas. Esos capitales que circulan al interior de los espacios económicos nacionales se expresan en dinero local, es decir, en la moneda de cada particular país. También hay capitales – crecientes pero no mayoritarios - que tienen hoy en día al planeta Tierra en su conjunto como espacio para su producción y reproducción, y que se expresan casi desde su nacimiento en una u otra de las monedas que fungen como dinero planetariamente aceptado como tal, es decir, dólares, euros o  yenes , fundamentalmente. Convertir capitales que se expresan en moneda nacional y que circulan en ese ámbito, en capitales que se expresan en divisas y que pueden circular, por ese hecho, en una órbita global, es uno de los problemas que tienen que ver con la fuga de capitales.
Hay países en que la conversión de capital nacional en capital internacional es un proceso simple y enteramente legal, regido por la tasa de cambio correspondiente. Cada individuo, dentro de las normas conocidas y no discriminatorias puede participar libremente en ese proceso en los montos y ocasiones que lo estime conveniente. Las divisas que entran al país por concepto de exportaciones y de recepción de inversión extranjera, fundamentalmente, son suficientes para satisfacer las necesidades de divisas para efectos de importaciones, viajes y cualquier forma de depósitos en el exterior. Pero hay otros países en que este es un proceso altamente restringido y dosificado por parte de las  autoridades gubernamentales. Venezuela está hoy en día en esta última categoría, aun cuando estuvo por varias décadas en la primera. Como la creación de dinero dentro del espacio nacional es alta, y no guarda relación con la disponibilidad de divisas, no se puede dejar libremente que ese dinero local se convierta en dinero internacional, pues este último no es suficiente. Y entonces nace la posibilidad y el deseo de hacer esa conversión por vías ilícitas, que obviamente no dejan huellas claras y palpables en la balanza de pagos, pero que igual tiene  lugar por vías subterráneas, de las  cuales el Banco Central parece no tener la más mínima idea.
Veamos algunas vías posibles para llevar adelante esta conversión de capitales nacionales en capitales internacionales. La solicitud de dólares al Banco Central, para realizar una determinada importación, y no realizarla, o simularla, o gastar en esa compra un  monto mucho menor al indicado y dejar el resto en depósitos en el exterior es una forma que puede asumir la fuga de capitales.  Es decir, la sobrefacturación. También es posible vender mercancías en el exterior, sin declarar esa exportación, o declarando un monto mucho menor al que efectivamente está en juego en esa operación. Es decir, la subfacturación, que puede asumir la forma extrema de la facturación cero que es derechamente la fuga de mercancías hacia el exterior, dejando obviamente fuera del país el monto, en dólares, que corresponde a todo o parte del  valor de dichas mercancías. También la recepción  de comisiones ilícitas por parte de los funcionarios que tienen la responsabilidad de decidir sobre licitaciones o compras de bienes y servicios que tienen un alto componente importado.  En este caso, todos los venezolanos terminan pagando más por esos servicios internacionales, y ese capital termina engrosando una cuenta en dólares para unos pocos vivos en bancos de Andorra o de Suiza. Eso también es fuga de capitales. O cuando alguien sale de un aeropuerto nacional con una maleta llena de dólares, aun cuando no se sepa exactamente el origen de los mismos, eso también es fuga de capitales.  Y esas formas de fuga de capitales, en un país en que el acceso a la divisa está altamente restringido, genera escasez de dólares, y por lo tanto dólares caros, para el resto de los mortales que busca accesar a la divisa por las vías legales.
El Banco Central de Venezuela, en vez de negar la existencia de la fuga de capitales, y hacer como el avestruz, debería centrar sus mejores esfuerzos en prevenir y reprimir ese fenómeno que tiene dimensiones y consecuencias dramáticas para la economía del país.

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viernes, 20 de marzo de 2015

ECUADOR Y LAS SALVAGUARDIAS

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 19 de Marzo de 2015.)


Ecuador impuso recientemente la aplicación de sobretasas arancelarias  a 2.800 productos importables. Esas sobre tasas arancelarias no son pequeñas. Alguna son solo de 5 %, pero otras llegan hasta el 45 %. En otras palabras, 2.800 productos pagarán desde el miércoles 11 de marzo la tasa que venían pagando hasta este momento, más una tasa arancelaria adicional, lo cual genera una suma total que modifica en forma sustantiva el precio de dichas mercancías en el mercado interno ecuatoriano, en caso de que continúen entrando .a dicho mercado.  
El aplicar esa sobretasa arancelaria es enteramente compatible con los compromisos contraídos por Ecuador – y por la mayoría de los pases del mundo – en el contexto de la Organización Mundial de Comercio. Allí se establece claramente que los países están autorizados a aplicar salvaguardias - es decir, tasas arancelarias adicionales a las normales establecidas en su propio arancel de aduanas - cuando las condiciones de balanza de pagos hagan recomendable esa medida, o cuando los productos importados estén ingresando en tal cuantía, que causen o amenacen causar grave daño a la producción nacional. También la medida tomada es enteramente compatible con los compromisos de Ecuador en el contexto de Aladi y de la Comunidad Andina de Naciones. Obviamente las medidas arancelarias recién tomadas no pueden ser discriminatorias, es decir, se aplican por igual a las mercancías provenientes de cualquier país del mundo. Aquellos países que tienen tratados comerciales firmados con Ecuador  - que establecen la vigencia de cero arancel en los intercambios recíprocos -  verán ahora que sus mercancías tendrán que pagar arancel al entrar a Ecuador, en el monto que corresponda a la sobretasa. Las mercancías provenientes de países sin convenio comercial alguno pagarán la tasa vigente, más la sobretasa. Las mercancías provenientes de países con convenio comercial vigente mantendrán, por lo tanto, una cierta ventaja relativa con respecto a  las  mercancías provenientes del resto del mundo.
Pero aun siendo una medida “legal” en el contexto de los compromisos internacionales, es una medida poco usual. Las salvaguardias se establecen en los convenios comerciales internacionales precisamente para darle a los gobiernos ciertos grados de libertad ante situaciones  económicas o comerciales adversas, y se suelen usar en forma muy dosificada. No es usual un uso tan masivo como el que ha implementado recientemente Ecuador. Las salvaguardias se conciben como una medida transitoria, para sobrellevar situaciones coyunturales adversas en materia de balanza de pagos. Se pueden  extender por un período máximo de 4 años, al cabo de los cuales tiene que volverse a la situación  normal, o establecer un incremento ya definitivo de los aranceles correspondientes, dentro de los límites que cada país ha convenido con la OMC.
La economía de Ecuador se ha visto indudablemente afectada por la baja de los precios internacionales del petróleo. Siendo una economía totalmente dolarizada, Ecuador no tiene en sus manos el instrumento de la devaluación que puede ser usado por otros países ante la caída de sus ingresos en divisas. Por ello, ha usado con fuerza y con profundidad la herramienta que tenían en sus manos que era hacer uso de las salvaguardias.
El 68 % de las importaciones que realiza Ecuador no se verá afectadas por las sobretasas. Además, se dejan fuera de la medida expresamente las materias primas más  esenciales, los bienes de capital, los bienes de higiene personal y los de uso doméstico habitual.  Se espera, según declaraciones de las autoridades ecuatorianas, que esta medida permita ahorrar alrededor de 2.000 millones de dólares, por concepto de la reducción de las importaciones correspondientes. También, en algún grado,  estas medidas tendrán un impacto positivo sobre los sectores productivos internos, que podrán aumentar su producción aprovechando el grado mayor de protección frente al producto importado  que estas medidas entrañan. La historia de décadas pasadas enseña que la producción en condiciones de elevada protección arancelaria  puede traducirse en una estructura productiva poco competitiva o sin capacidad de exportación, que al ganar capacidad política interna, hacen eternas las medidas proteccionistas iniciales. Por ello, la transitoriedad y la selectividad en la aplicación de las sobretasas son factores de altísima importancia en lo que respecta al potencial efecto positivo de las mismas.  Los precios de los productos afectados por la sobretasa indudablemente se incrementarán, pero eso no tiene necesariamente que traducirse en una escalada inflacionaria, sino en un nuevo nivel de precios alrededor del cual se ajuste el conjunto de la economía.  Estas medidas del gobernó ecuatoriano – osadas y heterodoxas- hay que analizarlas sin anteojeras ideológicas y ubicarlas en el campo de las legítimas búsquedas de América Latina para estabilizar sus economías en el nuevo cuadro del comercio internacional.

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jueves, 19 de marzo de 2015

LA CAÍDA DEL EURO

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAl del día 19 de Marzo 2015.)


El euro se acerca día a día a una igualdad en su relación de cambio con el dólar. En la semana recién pasada la relación de cambio cerró en un euro igual a 1.049 dólares. Un euro igual a un dólar es la relación que se visualiza para un futuro no lejano.  No hace mucho, el 15 de septiembre del año 2014, la relación se encontraba en 1.29 dólares por euro, y desde allí ha bajado en forma sistemática. En los seis meses transcurridos desde esa fecha hasta hoy la caída del euro ha sido, por lo tanto, de 23 %.
En términos más simples la situación presentada se puede visualizar en los siguientes términos: comprar un euro es cada día más barato para quienes tienen dólares, o para quienes ganan en dólares, o para quienes obtienen dólares por concepto de los bienes que venden en el  mercado internacional. Es decir, para una parte importante de la economía y del comercio internacional contemporáneo – que se maneja en dólares – comprar un euro es cada vez más barato. Igualmente – y por la misma razón-  comprar mercancías valoradas en euros es  cada  vez más barato o más conveniente para los países, empresas o personas ajenas a la zona euro. Esa caída del euro debería, por lo tanto, empujar en la dirección de un incremento en las exportaciones de la Unión Europea - o por lo menos de su zona euro, que no es lo mismo.  Mayores exportaciones al resto del mundo es una cosa positiva que tiene que pasar necesariamente por un aumento de la producción y del empleo de los países capaces de protagonizar estos procesos. Es decir, se camina hacia una mayor reactivación económica, que es una situación largamente buscada por los países europeos. Obviamente no todos los países europeos están en las mismas condiciones de aprovechar rápidamente ese estímulo que para las  exportaciones significa el euro barato. Alemania es el país que en mejores condiciones está para aprovechar esta nueva situación, pues ya en estos  momentos es uno de los líderes mundiales en materia de exportaciones. Los países del sur de Europa –Portugal, España y Grecia – tienen más rezago o más dificultades en ese campo.
Esta situación cambiaria del euro, que se mueve hacia la igualdad con el dólar, no ha sido ajena a las  decisiones de política  monetaria que ha venido implementando el Banco Central Europeo. Este organismo comenzó desde el 9 de marzo un programa de compra de bonos o títulos de gobiernos e instituciones privadas, por un monto de 60 mil millones de euros al mes, lo cual implica lanzar a la circulación una cantidad inmensa de euros a la circulación en Europa y en el mundo, con la consiguiente rebaja de su precio con relación al dólar o a otras  monedas de reserva. El BCE ha anunciado, además, que mantendrá ese programa por lo menos hasta septiembre de 2016.
La contrapartida de un euro barato es un dólar caro, lo cual afecta negativamente a la economía norteamericana, que pierde con esta situación algún grado de competitividad comercial internacional. Pero dentro de  ciertos rangos manejables  y negociables es enteramente posible que Estados Unidos y la Unión Europea crezcan juntos en el mundo contemporáneo, sin caer en más competencia que la que provenga de los incrementos de productividad de sus respectivas economías. Es decir, sin caer en devaluaciones compensatorias o retaliativas que se sabe claramente que terminan por arruinar a todos los participantes.
El dólar caro afecta también a los países latinoamericanos que han visto devaluarse sus propias monedas locales en el transcurso del presente año, con la consiguiente presión inflacionaria, pero con algún desestimulo para las importaciones y  estimulo para las exportaciones de aquellos productos cuyos precios que no se determinan internacionalmente en bolsas o mercados en los cuales los pequeños países productores tiene poca influencia.
Toda esta situación muestra una economía internacional que no se limita a crecer o a decrecer, sino que se reformula y se transforma al calor de cada uno de sus períodos de crisis o de bonanza. Desgraciadamente, muestra también una América Latina que sigue siendo altamente pasiva, receptiva o dependiente de lo que suceda en los países desarrollados del mundo contemporáneo.
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jueves, 12 de marzo de 2015

LOS QUE SE QUEDARON POBRES

Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 12 de Marzo de 2015.


Es ya suficientemente conocido el hecho de que América Latina y el Caribe vivió una década - e incluso un poco más -  no solo de crecimiento económico sino de avances en materia de reducción de la pobreza. Estas dos cosas no siempre se dan en forma paralela. No es difícil encontrar ejemplos en la historia económica de la región de momentos en los cuales el crecimiento económico ha ido acompañado de un crecimiento de la pobreza. Pero en los primeros años del siglo 21, con la excepción de 2009, América Latina vivió una época de altos ingresos en materia de exportaciones - fundamentalmente de productos primarios - lo cual generó una tasa bastante elevada de crecimiento económico - medida por el PIB que es el indicador más convencionalmente utilizado en estas materias - y los gobiernos de la región, premunidos de mayores ingresos,  pudieron realizar avances bastante sustantivos en la  complicada tarea de reducir los índices de pobreza y de extrema pobreza. En el año 2004 la región exhibía una tasa de 44.9% de personas en situación de pobreza, tasa que bajó a 25.7 % en el año 2012. Ahora todo indica que ese ciclo está en vías de revertirse. Las exportaciones han perdido o están en vías de perder su dinamismo – cae el precio internacional del petróleo, de la soya, del cobre, etc. – y el crecimiento económico que se visualiza para el 2015 no es nulo pero es modesto - solo de un 2.2 % para el conjunto de la región, según Cepal, después de haber conocido la tasa record de 6 % en el año 2010 - - y la pobreza vuelve lentamente a aumentar. Visto desde otro punto de vista esto significa que hay una masa sustantiva de pobres en América Latina que no pudo abandonar su situación de tal ni aun en el mejor momento de la economía regional y nacional.  Constituyen lo que el Banco Mundial - estrenando una nueva terminología en los múltiples estudios sobre la pobreza - ha pasado a denominar como pobreza crónica. Según un estudio reciente de dicho organismo internacional en América Latina y el Caribe esa masa de pobres crónicos alcanza a 130 millones de personas. Se trata de ciudadanos que han vivido en esa situación durante toda su vida, e incluso en las generaciones inmediatamente anteriores. Carecen de condiciones educacionales, de redes de apoyo, de visión del mundo y de estímulos culturales como para abandonar su situación de pobreza. Son pobres que generan hijos que seguramente continuarán en la situación de pobreza. No se trata solo de pobreza rural, sino que esa pobreza crónica se encuentra fundamentalmente en las grandes ciudades. Para ellos no vale la hipótesis de que el crecimiento económico es la situación que deben generar los países y los gobiernos para lograr  que sus ciudadanos abandonen la situación de pobreza. No valen tampoco los mecanismos convencionales de la política social, sino que se necesita para ellos de políticas nuevas, específicamente dirigidas hacia los núcleos más duros de la pobreza crónica. Los que lograron en el transcurso  de la última década abandonar la situación de pobreza no cayeron cómodamente en la situación social y económica que define a las capas medias. Se trata, por la general, de sectores que se mantienen en un alto grado de vulnerabilidad, pues son los candidatos naturales para retornar a la situación de pobreza cuando ésta comience nuevamente a crecer, que es la perspectiva que comienzan a avizorarse en el presente económico de la región. Según el estudio ya mencionado del Banco Mundial, esa masa con alta vulnerabilidad se define como población que exhibe un ingreso de entre  4 y 10 dólares al día, por sobre la definición convencional de pobreza, pero sin capacidad de consolidarse en los estándares de consumo y de vida de la clase media regional. En ese sector altamente vulnerable se encuentra, según el Banco Mundial el 34.2 % de la población de América Latina y el Caribe. Es decir, son más los que están en situación vulnerable que los que están de lleno en situación de pobreza. Además de los dramas humanos que toda esta situación esconde, sería importante indagar o reflexionar sobre los comportamientos políticos particulares que tienen - o que pueden llegar a tener-  quienes se asomaron a  al abandono de la pobreza y que tienen  que volver a ella. 
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miércoles, 11 de marzo de 2015

LOS PARAÍSOS FISCALES

Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 11 de marzo del 2015.


Los llamados “paraísos fiscales” gozan, indudablemente, de mala fama a nivel internacional, aun cuando son muchas las personas y las instituciones que recurren a ellos para mantener allí depositados sus fondos o para crear allí sus empresas, sobre todo de tipo financiero.  Los paraísos fiscales no son lugares del planeta donde no impere ley alguna, ni donde solo puedan depositarse fondos que han sido generados en forma ilícita en sus países de origen. En realidad son, por lo general,  lugares  bastante ordenados, con leyes claras respecto a cómo crear y operar una sociedad, o sobre cómo debe funcionar un banco. Las características fundamentales de la actividad bancaria y fiscal en esos territorios – no son ni siquiera países – llamados paraísos fiscales son el secreto bancario y la baja tasa de impuestos a las ganancias. El secreto bancario consiste en el hecho de que ni el banco ni la autoridad político administrativa de esos territorios está autorizada a dar información a nadie - ni a gobiernos ni instituciones nacionales o extranjeras - sobre quien tiene allí cuentas bancarias ni sobre cual es el monto de esas cuentas. En otras palabras, más técnicas, existe una falta total de transparencia. La baja tasa de impuestos se entiende por si sola: las ganancias que contablemente figuran como tales en  las empresas allí localizadas no pagan impuestos o pagan impuestos bastante más bajos que en el común de los países del mundo contemporáneo. Por lo menos, impuestos más bajos que en los países con los cuales esas empresas hacen negocios internacionales.

Mantener cuentas bancarias  en los paraísos fiscales no es un delito para ninguna persona ni para ninguna empresa. El problema no radica en la mantención misma de una cuenta bancaria, sino en el ocultamiento de la misma a las autoridades tributarias de su país de origen.  Si un ciudadano – por ejemplo, de Venezuela- tiene una cuenta bancaria en un banco de las Islas Caimán no comete con ese mero hecho delito alguno desde el punto de vista ni de la legislación de Ias Islas Caimán, ni de la legislación de ningún otro país, excepto de Venezuela. Es más, el delito solo existiría si esa cuenta no está reconocida o declarada ante las autoridades tributarias de Venezuela. Obviamente - en caso de que esa declaración o reconocimiento existiese – el paso siguiente es explicar de dónde provienen esos fondos, y allí las cosas se pueden complicar. Si no se pueden dar explicaciones coherentes sobre el origen de esos fondos, es dable suponer que son fondos provenientes de actividades ilícitas, tajes como el robo puro y simple de las arcas fiscales, el  pago de comisiones por compras o favores recibidos, el narcotráfico, u otras actividades por el estilo.  

Otro asunto parecido, pero no exactamente igual, es la conformación en los paraísos fiscales de empresas – personas jurídicas- que prestan dinero, hacen inversiones,  o prestan servicios y asesorías de cualquier naturaleza a gobiernos o empresa situadas en otras latitudes. Los pagos, los intereses, o las ganancias recibidas por esos servicios se canalizan y se declaran en el país de origen de la empresa, es decir, en el paraíso fiscal, y allí no pagan impuestos. Es decir, no pagan impuestos en los países donde las ganancias se generan  – pues allí figuran como una compra internacional de servicios - ni en el país de origen último de los capitales correspondientes. Negocio redondo para dichas empresas, y mal negocio para los gobiernos de loa países – desarrollados o en desarrollo- que ven disminuidos sus ingresos fiscales posibles por estas prácticas internacionales.  

Los paraísos fiscales han devenido en un problema internacional, por un lado, pues se convierten en un refugio donde gobernantes corruptos, narcotraficantes, ladrones y delincuentes de todo tipo obtienen prácticamente inmunidad para el resguardo y el manejo de sus fondos mal habidos en cualquier rincón del mundo. Combatir esas prácticas pasa, entre otras cosas, por darle transparencia a esos depósitos internacionales. Ese es un problema fundamentalmente para los países en desarrollo que están interesados en sanear sus prácticas políticas, pero hay, indudablemente, otros gobiernos y gobernantes que verían con preocupación el cambio de las reglas de juego imperantes en los paraísos fiscales.  

Pero también los paraísos fiscales se han convertido en una molestia para los países y gobiernos serios del planeta, que ven que sus ingresos fiscales  podrían legítimamente aumentar si se ponen a tributar a todos esos capitales que eluden esa responsabilidad por la vía de las operaciones desde los paraísos fiscales.  Pero la lucha contra los paraísos fiscales no es fácil. Primero, por el hecho de que muchos de ellos pertenecen o están bajo la jurisdicción política de los países más desarrollados de Europa. Tal es el caso, por ejemplo, de la Islas Caimán, de la isla de Man, de las Islas Turcas y Caicos, de Monserrat, de las Islas Vírgenes, de Anguila y de las Bermudas, todas las cuales pertenecen al Reino Unido. Una actitud firme contra el secreto bancario en esos territorios no sería complicado desde el punto de vista legal, pero sería difícil para los gobernantes respectivos desde el punto de vista político e incluso geopolítico. Esos territorios actúan como paraísos fiscales gracias a la protección y el paraguas que le proporciona en última instancia la autoridad inglesa. Además, no hay que perder de vista que muchas de las empresas y los capitales que operan desde los paraísos fiscales son originarios de esos países desarrollados, y tienen capacidad de presión, de interlocución  y de financiación política en dichos países. En muchos de estos aspectos se hace presente la tradicional hipocresía de la política europea, que es como el cura Gatica, que predica pero no practica.
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jueves, 5 de marzo de 2015

NO ES SOLO EL PETROLEO EL QUE CAE

Artículo de Sergio Arancibia publicado por EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 18 de Febrero de 2015.


La baja en los precios de las materias primas  de exportación está afectando no solo a Venezuela sino a varios otros países de la región. En particular se puede mencionar a los otros cuatro países del Mercosur – Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay -  que ven como la soya cae inexorablemente en el mercado internacional. También Chile, con el cobre, sufre los efectos de esa caída en los commodities que se ha convertido en una característica de la actual fase de la economía mundial. Pero si bien todos se ven afectados por este fenómeno, no todos  se ven afectados de la misma manera.
Los cuatro países que conformaron originalmente el Mercosur han devenido en países soyeros. Exportan la soya en forma de habas, en forma de aceite y en forma de tortas de soya, que es el desecho que queda después de extraer el aceite. El aceite se consume directamente por los humanos o ligado con aceite de otras procedencias. La torta de soya se destina fundamentalmente  a la alimentación de bovinos, cerdos y pollos, pues les aporta a estos animales la proteína que necesitan para su crecimiento.  El maíz y el trigo, y otros productos vegetales, les aportan los carbohidratos, también necesarios para su adecuada alimentación, pero no las proteínas. La soya se convierte así en un insumo casi insustituible para la el desarrollo de la ganadería a nivel mundial y vive las vicisitudes de esa rama de la economía rural.
Para Argentina, Uruguay y Paraguay - pero no así para Brasil- la soya ocupa el primer ligar en el ranking de sus exportaciones. Para Paraguay el 37 % de sus exportaciones está constituido por soya o sus derivados más inmediatos. Para Argentina es cifra baja a 22 % mientras que para Uruguay es solo de 15 %.  Estas cifras ya muestran por si solas una diferencia crucial con respecto a  la situación de Venezuela,  en donde el petróleo representa el 95% de los ingresos por concepto de exportaciones. En otras palabras, el carácter mono dependiente de sus exportaciones es mucho más marcado en Venezuela que en cualquier otro país de la región. Más allá del discurso, este país no ha sabido avanzar hacia la diversificación o la industrialización de sus exportaciones. Cuando el petróleo goza de altos precios en el mercado internacional, esa diversificación no se ve como necesaria, y cuando el precio cae, ya no se ve posible. El caso de Brasil es diferente pues la soya solo representa el 9 % de sus exportaciones, la mayoría de las cuales tiene carácter manufacturero. El caso de  Chile es casi un caso intermedio entre los casos extremos de Brasil y de Venezuela, pues el cobre  y sus derivados más inmediatos representan el 50 % de sus exportaciones, lo cual implica que la actual baja del precio del metal rojo en el mercado internacional golpea con fuerza a la economía chilena, pero nunca con tanta fuerza como a la venezolana. 
Además de los aspectos estructurales o de largo plazo -  fundamentalmente del grado de diversificación de sus exportaciones logrado por cada país - hay factores que dicen relación con sus políticas económicas internas más inmediatas que explican en casa caso la forma como la situación  internacional los afecta. Así por ejemplo, el nivel de reservas que se hayan acumulado durante el período de auge de las exportaciones primarias; la constitución o no de fondos de compensación intertemporal  - que permitan ahorrar en los periodos de auge, para poder gastar en los momentos  de depresión internacional -; el nivel de las deudas externas acumuladas; el grado en que se haya atraído inversión extranjera; el nivel de inversión en infraestructura; las formas de inserción internacional; el grado de competitividad de sus actividades primarias y/o manufactureras;  la calidad que exhiba la educación; el respeto, la confianza y el buen funcionamiento de las instituciones, etc.  Todos esos factores - y no solo el precio del principal producto de exportación - explican el grado de crecimiento o de decrecimiento que exhibirán durante este año las economías de la región. De allí que Brasil, aun con todas sus dificultades, se espera que crezca en un modesto 0.3 %, mientras que Argentina, según los pronósticos del FMI, decrecerá en un 1.3 %. Chile, aun con una caída pronunciada en el precio internacional del cobre se espera que crezca en el 2015 en un 2.8 %. Venezuela, en cambio, según el mismo pronosticador, verá caer su economía  en un 7.8 %, pero no caerá la economía de Ecuador, país donde el 55% de las exportaciones es petróleo, ni  caerá la economía de Bolivia, país donde el 44 % de las exportaciones es gas.
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miércoles, 4 de marzo de 2015

SOBRE LOS CONTROLES DE CAMBIO

Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 4 de marzo de 2015.


No todos los controles de cambio son iguales, ni tienen las mismas consecuencias sobre la economía de un país. Los venezolanos que tienen más de 40 años conocieron la época dorada del 4.30, en la cual cualquier persona natural o jurídica podía comprar y vender  dólares con la más irrestricta libertad.  Parecía un sistema de cambio libre - por que había libertad para accesar al  mercado cambiario, y para comprar o vender en él las cantidades que cada uno quisiera-  pero la tasa a la cual se compraban o se vendían los dólares no era libre, era fijada por el Banco Central. Se trababa, por lo tanto, de un sistema de control de cambio. Quizás el más benigno de los sistemas de control de cambio, pero control de cambio al fin y al cabo. Mediante este mecanismos no siempre la oferta y la demanda de divisas coincidía, pero en esos casos la brecha se cerraba por la vía de la pérdida o ganancia  de reservas por parte  del Banco Central y/o por la vía del endeudamiento externo, lo cual dentro de ciertos márgenes, es una situación enteramente controlable. En un sistema de esa naturaleza los agentes económicos podían hacer su planificación de importaciones y exportaciones con un alto grado de seguridad de que su planificación iba a corresponder con la realidad posterior, sobre todo en lo que respecta a la cuantía de las cantidades compradas o vendidas, al costo de ellas en moneda nacional y al tiempo en el cual todo aquello se iba a poder concretar. El resguardar ganancias y patrimonios para tiempos futuros, cercanos o lejanos, se podía hacer en dólares o en bolívares, pues la convertibilidad entre ellos no estaba sujeta a variabilidad alguna. Ese esquema de cambio duró más de una década. 
Hay otros esquemas en los cuales la tasa de cambio no está fija, sino que el Banco Central fija una banda de precios: un precio central y un porcentaje por arriba o por abajo dentro de la cual el precio de mercado puede fluctuar como consecuencia del libre juego de la oferta y de la demanda. Cuando el precio de mercado se sale de la banda el Banco Central concurre al mercado vendiendo o comprando dólares, para hacer que el precio de mercado de la divisas vuelva a ubicarse en el interior de la banda. Este esquema es bueno cuando el grueso de la oferta y la demanda de divisas provienen del sector privado, lo cual permite que el Banco Central  intervenga en ese mercado en situaciones de excepción - cuando el dólar amenaza con salirse de la banda - pero cuando el grueso de la oferta proviene siempre del Banco Central, entonces la oferta de este organismo es obligatoriamente cotidiana y no excepcional.  También tiene el inconveniente, con respecto al caso anterior, de que la planificación financiera de los agentes económicos, en lo que respecta a sus operaciones de comercio exterior, incorpora un margen de  variabilidad e incertidumbre en materia de precios, que se traduce necesariamente en alguna dosis de ineficiencia sistémica. Pero se mantiene el libre acceso al mercado cambiario y la planificación, con relativa certera, de plazos y cantidades. La procura internacional se realiza con transparencia y eficiencia y en la oportunidad que se visualiza como conveniente y necesaria.
El  sistema actual imperante en Venezuela, donde existe un acceso controlado al mercado cambiario -los agentes económicos tienen que cumplir requisitos para poder accesar a dicho mercado -  y no hay seguridad de las cantidades que en él se pueden adquirir, ni del precio al cual les serán asignadas las eventuales divisas, ni del momento en el cual se podrá acceder efectivamente a las divisas asignadas, y en el cual hay, de hecho, tres o cuatro mercados funcionando en paralelo, con varias interconexiones  posibles entre ellos, es el peor de los esquemas cambiarios concebibles sobre la faz de la tierra. Tiene el inconveniente de que ningún agente económico tiene ninguna capacidad de planificar cuanto y cuando comprar y  a qué precio comprar.  La procura internacional  se hace bastante difícil, es decir, no es fácil encontrar un proveedor externo  con el cual negociar precios,  cantidades, plazos  y condiciones de pago y entrega. Todo ello se traduce en una cuota muy alta de ineficiencia en el conjunto del comercio exterior y en gruesa parte del sistema de aprovisionamiento y de producción dentro del país. Si la importación no es posible de sujetarse a procesos mínimos de planificación, tampoco es posible planificar los niveles de la producción interna, ni los momentos de entrega de los productos a los clientes habituales, ni los precios que presidirán esas entregas. Si al control de cambio en los términos mencionados se agrega una inflación de 70% anual, la planificación financiera se convierte en una apuesta o en una lotería cotidiana más que en un accionar relativamente disciplinado y ordenado. Ni los importadores, ni los exportadores, ni los empresarios que producen para el mercado interno, ni el público consumidor, tiene las herramientas como para actuar en los mercados que resultan de este esquema cambiario con un mínimo de eficiencia y de racionalidad. La única regla válida es hacer lo que se pueda y como sea. 
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