viernes, 26 de septiembre de 2014

NOTICIAS SOBRE PROMOCION DE EXPORTACIONES

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 18 de Septiembre de 2014.)


El cable trajo recientemente información sobre la sustitución que muchos restaurants importantes de Europa están haciendo de la carne argentina por carne procedente de Uruguay o de Chile. Como Argentina ha tenido dificultades  - más de tipo político o administrativo que de tipo realmente productivo - para llevar adelante las exportaciones cárnicas que le son habituales, muchas cadenas de restaurants - y también cadenas de supermercados - se han vistió obligadas a buscar sustitutos a los bifes argentinos que caracterizaban su oferta gastronómica. Esta situación - que puede parecer muy obvia- pone de relieve un hecho fundamental en el comercio internacional contemporáneo: la oferta tiene que ser contínua y regular, y no puede ser esporádica o espasmódica. Como con respecto a  cualquier producto existe hoy en día una pluralidad de países y de productores competitivos, el que interrumpe una cadena de abastecimiento es rápidamente sustituido por otros productores de la misma especie. Por ello, no se puede exportar el excedente que se genere en el proceso de producción o de comercialización interna, ni se pude exportar cada vez que a un funcionario se le da la gana de otorgar las autorizaciones correspondientes. El comercio internacional tiene sus reglas - algunas escritas y otras no- y el que las viola queda inexorablemente fuera de los mercados.

Otra noticia: Brasil ha tomado la decisión de incrementar los subsidios que hoy en día otorga a la producción y exportación de azúcar y de etanol. En el seno de la Organización Mundial de Comercio, OMC, están prohibidos los subsidios a los bienes manufacturados, pero no así a los bienes agropecuarios. Como la caña de azúcar es claramente un bien agrícola, el subsidio radicado en esa fase del proceso productivo no viola las normas internacionales del comercio, aun cuando ello beneficie aguas abajo a los productos que se generan con ese insumo. Esta medida pone de relieve dos cosas: por un lado, que la promoción de exportaciones, y la competitividad en los mercados internacionales, no es una cosa frente a la cual haya asumir una actitud de meros espectadores - como si ello fuera un dato de la naturaleza imposible de modificar -  sino que es un campo de la política económica de cualquier país que exige políticas activas por parte de los gobiernos. En segundo lugar, esta reciente noticia pone en evidencia que las decisiones y compromisos tomados ante la comunidad internacional, por la vía de la OMC – si bien deben ser respetados-  dan márgenes de maniobra a los diferentes países, nunca son totalmente rígidos, y es posible jugar con las opciones que allí se abren sin violar compromiso internacional alguno. En el campo de los subsidios agrícolas, Estados Unidos y Europa son campeones y los países en desarrollo no pueden ser en este campo más papistas que el papa.

En tercer lugar, fue noticia el hecho de que el Ministro de Agricultura de Chile viajó a China - con una delegación de funcionarios y de empresarios - para negociar la apertura del mercado chino a dos productos agrícolas que a Chile le interesa exportar: las nueces sin cascara y los aguacates. Este viaje pone de relieve que el comercio avanza hoy en día no por la vía de grandes declaraciones y promesas de amor, sino por pasos y acciones muy concretas, estudiadas y realistas. Además, hay que tener en cuenta que entre China y Chile existe un Tratado de Libre Comercio, que reduce a  cero los aranceles en el comercio bilateral. Las negociaciones arancelarias son indudablemente importantes para potenciar el comercio, en la medida que crean marcos propicios para ello, pero igualmente importantes  son hoy en día las medidas regulatorias, básicamente las de tipo técnico, sanitario y  fitosanitario, que tienen que negociarse producto a producto.      

En el inmenso escenario del comercio internacional no es fácil insertarse exitosamente, pero ayuda en ese propósito el aprender de los éxitos y de los fracasos ajenos.

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jueves, 25 de septiembre de 2014

ZONAS ECONÓMICAS ESPECIALES

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 25 de Septiembre de 2014.)


En el  seno del Gobierno parece abrirse paso – con lentitud y con dificultades, pero ganando más espacio, en todo caso,  que en  los 15 últimos años – la idea de que es necesario promover las exportaciones no petroleras, y en particular las exportaciones no tradicionales, es decir, las que sin ser petroleras, tampoc0o son hierro, aluminio, café y cacao, aun cuando estas dos últimas seria bien bueno que fueran objeto de nuevos estímulos que las colocaran nuevamente en los espacios del comercio internacional contemporáneo. 
La vieja idea de que es necesario dejar de depender en tan alta medida del petróleo para proveernos de divisas parece volver lentamente por sus fueros.

En aras de cooperar con tan nobles intenciones es necesario partir por recordar que para tener una inserción internacional exitosa es necesario tener políticas económicas expresamente encaminadas a ese objetivo, las cuales tienen que ser coherentes y globales, es decir, abarcar los diferentes aspectos que rodean la acción exportadora. También podría expresarse esa misma idea diciendo que para promover las exportaciones hay que hacer cosas diferentes a las que se hacían cuando no se estaba interesado en aquello. Más claro aun: hay que hacer cambios. Así de simple.  

La otra cuestión general que es necesario tener en cuenta es que es difícil ponerse a inventar en esta materia. Como la inmensa mayoría de los países serios del planeta Tierra están interesados desde hace varias décadas en este asunto de promover sus exportaciones, hay muchas experiencias acumuladas – buenas y malas – y es importante aprender de todas ellas. No es posible ponerse nuevamente a inventar la rueda.

Una de las prácticas habituales en esta materia es la constitución de zonas económicas especiales, que son espacios territoriales que sin dejar de estar plenamente bajo la soberanía del país, se rigen por normas especiales en materia de exportaciones, importaciones, impuestos, aranceles  y manejo de divisas. En esos espacios es posible - como una de las formas que esas zonas pueden asumir -que las empresas allí establecidas puedan importar libremente los insumos y materias primas que estimen necesarias – sin pago de los aranceles e impuestos que se pagan cuando se interna un producto al mercado nacional-  transformar y procesar esos bienes  para dar origen a productos nuevos, y exportar finalmente estos bienes al mercado internacional. En esa forma se promueve la inversión nacional o extranjera, se utiliza la mano de obra local, se incorporan materias primas y servicios locales a los nuevos productos exportados y se captan impuestos. 

Con todo esto es posible obtener ganancias netas para el gobierno, para las empresas y para los trabajadores. Pero es necesario dejar que esos espacios económicos especiales sean zonas donde impere un alto grado de libertad económica. Libertad para acceder a las divisas necesarias para importar; libertad para realizar con agilidad las importaciones desde los proveedores técnica y económicamente más confiables; libertad para convertir a moneda nacional solo las  divisas que se necesiten para darle continuidad al negocio; libertad para realizar las contrataciones de insumos, servicios y mano de obra que se estimen necesarias;  libertad para disponer de las  divisas que se obtengan por concepto de exportación para reeditar los procesos productivos; libertad para exportar rápidamente a los nuevos o viejos clientes que esas empresas tengan en el exterior. La palabra clave es libertad económica, aun cuando sea dentro de los estrechos límites de un muro que rodee la zona económica especial. Una zona económica especial llena de controles, permisos, autorizaciones, alcabalas y burocracia de todo tipo, es la negación misma del objetivo que se persigue.
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jueves, 11 de septiembre de 2014

PRESENCIA DE ALLENDE EN EL SIGLO XXI

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 11 de Septiembre de 2014.)


El Presidente de Chile Salvador Allende murió en el Palacio de la Moneda el 11 de Septiembre de 1973, en momentos en que el palacio de gobierno era atacado mediante tanques, infantería y aviación por las fuerzas militares que se habían alzado bajo las órdenes de Augusto Pinochet. Entre ese suceso y el presente han transcurrido 41 años, lo cual nos permite decir que una buena parte de los chilenos y de los latinoamericanos  no conocieron en vida la obra y el pensamiento de Salvador Allende, sino que saben de él a través de lo que la historia ha rescatado de su obra y de su personalidad, lo cual acrecienta la responsabilidad que pesa sobre aquellos que tuvimos la suerte de caminar parte de vuestras vidas bajo la conducción señera de Salvador Allende.
Entre las grandes realizaciones de su breve mandato hay que mencionar, sin lugar a dudas, la nacionalización de la gran minería del cobre – sancionada como ley por todos los parlamentarios de esa época, de todos los partidos políticos-  que ha significado desde ese entonces un aporte de la mayor importancia a la soberanía y a la independencia económica del país. Ningún gobierno, en los 41 años transcurridos desde la muerte de Allende, se ha atrevido a revertir el proceso de nacionalización del cobre, aun cuando la política cuprífera, sobre todo en materia de concesiones mineras y de nuevas inversiones, ha sufrido cambios radicales en estas cuatro décadas.
También hay que mencionar como un hito relevante, la profundización y culminación de la reforma agraria, que permitió expropiar absolutamente todos los predios que se calificaban en ese entonces como latifundios, liquidando en esa medida, para siempre, a una oligarquía agraria que había ostentado el señorío territorial prácticamente desde los tiempos de la colonia. Ese proceso, que implicó una verdadera liberación social y política del campesinado, se hizo con organización social, con participación de los campesinos y sin bajar la guardia frente a las responsabilidades productivas que implicaba el cambio de los propietarios de la tierra. Lo obrado en materia de reforma agraria, aun cuando sufrió cambios radicales en el período de la dictadura pinochetista, fue la base sobre la cual se pudo levantar posteriormente una agricultura chilena pujante, productiva, exportadora y capitalizada.
En el campo estrictamente político, la experiencia de gobierno de la Unidad Popular puso en evidencia que no se pueden hacer cambios relevantes en la estructura política y económica de un país, si no se cuenta con mayorías políticas y sociales suficientemente solidas y responsablemente unidas tras un programa de gobierno. Ese, que indudablemente fue un déficit del gobierno de Allende, fue una enseñanza que se ha proyectado hasta el día de hoy en la política chilena, poniendo de relieve que los cambios llamados a trascender tienen que hacerse con amplios apoyos y acuerdos ciudadanos.
El otro gran legado político, es sin duda, la armonización del ideal socialista con las ideas y estructuras democráticas, generando un gobierno en que todas las libertades cívicas y políticas fueron cabalmente respetadas y potenciadas. Ese binomio de socialismo y democracia  es quizás el legado de Allende más relevante para los tiempos modernos, incluso más allá de Chile o de la propia América Latina
Pero más allá de esos aportes económicos o políticos, la figura de Allende se proyecta en la historia como un gigante moral, que hizo de la política una forma de organizar al pueblo y de darle una proyección de futuro, y que fue leal a sus compromisos hasta el minuto mismo de su muerte. Por ello, a 41 años de su muerte la figura de Allende sigue siendo objeto de  respeto, de  honor y de gloria, por las nuevas y las viejas generaciones de chilenos y de latinoamericanos. 

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jueves, 4 de septiembre de 2014

HAY DEUDAS Y DEUDAS

(Articulo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMIA Y NEGOCIOS el día 4 de Septiembre de 2014.)


La deuda externa de un país no asume siempre las mismas formas, ni tiene los mismos acreedores, ni sirve para las mismas cosas, ni tiene las mismas consecuencias.
Veamos. Una forma posible que puede asumir la deuda externa de un país es la emisión de bonos. Se trata, en su esencia, de la venta de papeles - o de certificados de deuda - que permiten al poseedor cobrar una cierta cantidad de dinero a la fecha de vencimiento de ese titulo de deuda, más los correspondientes intereses. Los intereses se pueden pagar  año a año, se pueden pagar todos al final de período de vencimiento, o pueden no pagarse nunca en el caso de que sean bonos cero cupón. En este último caso, el papel se vende a un precio que ya tiene descontado el monto de los intereses.
Cuando la deuda externa de un país se contrae por la vía de la emisión de bonos, el país recibe dinero contante y sonante, que puede usar libremente para los fines que estime conveniente. No tiene que rendirle cuenta a nadie, excepto a sus propios ciudadanos. Los acreedores, es decir, los poseedores de los bonos, son miles de anónimos inversionistas que no tienen ninguna relación con el país que emitió los papeles. La única obligación del gobierno emisor es pagar la cantidad que corresponda y  en el momento que corresponda. Si no paga, se le arma a ese gobierno un lio de grandes proporciones, no solo con los poseedores de esos papeles, en particular, sino con el conjunto del sistema financiero internacional. Algo de esa naturaleza es lo que le ha pasado a Argentina. El problema con esta forma de endeudarse es que es cara. Los intereses reales que hay que pagar por los dólares que se pueden recibir por esta vía incluyen el interés formal - establecido en el título - más el descuento que obedece a las condiciones de mercado y a la tasa riesgo país.  Para algunos países latinoamericanos esa tasa supera hoy en día el 10 % anual.
Otra vía diferente es el préstamo que hace un país – o los bancos de desarrollo de un país- para efectos de financiar compras del país deudor en el país acreedor. Se abre una línea de crédito pero no para adquirir cualquier cosa en cualquier parte del mundo. Se trata de créditos para comprar mercancías en el país que prestó la plata. Para eso y solo para eso. No se trata de fondos de libre disposición como los fondos obtenidos por la vía de la venta de bonos. En compensación, se trata, la mayoría de las veces, de líneas de crédito a tasas más baratas que las que resultarían de la emisión de bonos. Esas líneas de crédito se pueden utilizar para comprar armas, para comprar bienes de capital para llevar adelante proyectos de desarrollo, o para comprar alimentos y otros bienes de consumo, pero siempre en el país acreedor. A diferencia también de lo que sucede en el caso de los bonos, aquí el prestamista está claramente ubicable y ejerce discretas – o a veces no tan discretas - presiones políticas y económicas, cuando lo estima conveniente, como para asegurar el pago de lo prestado. Las mercancías comprables con el crédito pueden no ser las mejores ni las más baratas, pero son las que tienen crédito y puede que eso las convierta, en un  momento determinado, en las únicas elegibles en el mercado internacional, sobre todo cuando se carece de dólares como para comprar al contado a otros proveedores internacionales. Si bien este tipo de créditos atados no genera por si solo fondos de libre disposición, puede liberar fondos que en otras circunstancias deberían haber ido a financiar esas inversiones o proyectos de desarrollo, lo cual en la práctica se traduce en mayor disposición de fondos de libre disposición.
Hay también la deuda que los importadores de un país contraen con sus proveedores de otros países. Hoy en día es muy raro que un proceso de compra venta a nivel internacional se haga al contado violento. La mayoría de las veces se trabaja con algún sistema de crédito de corto plazo – tres meses, seis meses- lo cual se convierte en un crédito abierto y rotatorio en la medida en que el proceso de compra y venta es continuo y sostenido. En condiciones normales, siempre hay un volumen de deuda flotante, si es que uno hiciera un corte en un  momento del tiempo. Si es que los pagos no se hicieran en el momento convenido, los futuros envíos de mercancías se detendrían y el comercio se interrumpiría – y como todo se sabe en este mundo – tampoco habrían nuevos proveedores internacionales dispuestos a correr el riesgo de no pago.
Valga decir, para terminar, que no hay ningún país – y ninguna empresa - que pueda vivir sin algún volumen de deuda. La situación de cero deuda no es una meta económica ni financiera para nadie. Lo importante es tener un volumen de deuda dentro del umbral de lo que se puede pagar por el país deudor, y contraída en las condiciones más favorables en un  momento determinado.
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LA POLÍTICA ECONÓMICA DE MARINA SILVA

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 4 de septiembre de 2014.)


Si las elecciones presidenciales brasileñas fueran hoy día, la nueva presidente de dicho país sería Marina Silva. Pero como las elecciones son dentro de un mes, cualquier cosa puede pasar. Sin embargo, cualquiera que sea el resultado definitivo, es interesante analizar  algunas de las ideas y proposiciones que han estado presentes en esa confrontación electoral y democrática, pues, de una u otra manera, son parte de las ideas y proposiciones que recorren al sistema  político latinoamericano.
La candidata Marina Silva - convertida en el fenómeno electoral de última hora, y representante en alta medida del espíritu rebelde y contestatario que no encontraba hasta ahora su lugar en la política brasileña- ha planteado que, de ser electa presidente,  mantendrá en Brasil el tipo de cambio flotante. En otras palabras mantendrá una política cambiaria en la cual la oferta y demanda de dólares define día a día el precio de dicha divisa  en el mercado local.  Eso es así en la mayoría de los países latinoamericanos, incluso en Argentina, donde un dólar a un precio fijo y oficial coexiste con un dólar a un precio más libre y elevado.  Este tipo de estructura cambiaria es compatible con lo que se denomina en la jerga monetaria “un tipo de cambio sucio”, en el cual el precio final de la divisa no depende tanto de lo que hagan o dejen de hacer miles o millones de anónimos demandantes  o ofertantes, sino que depende en alta medida de que lo haga o deje de hacer el Banco Central respectivo. Siendo este organismo el principal tenedor de divisas en el seno del país, las compras o ventas que éste realice  en el mercado cambiario se convierten en un elemento determinante de lo que allí sucede. Tampoco hay que confundir la flexibilidad en el precio de la divisa, con la liberalidad en cuanto a su acceso. En Venezuela se tuvo durante casi dos  décadas un precio fijo de la divisas en 4.3 bolívares por dólar - lo cual significa que era un precio controlado, que no dependía de los vaivenes de la oferta y la demanda - pero había libertad de acceso al mercado correspondiente: cualquiera podía, a ese precio,  comprar o vender dólares sin mayores complicaciones ni permisos. Con ese precio controlado para una mercancía abundante y de libre acceso, Venezuela conoció un periodo largo de crecimiento económico.  Con un precio flotante o flexible, y con libre acceso, Marina Silva pretende sacar a Brasil de la situación crítica en que se encuentra su economía. Es dable suponer que esa política se traduciría en una cierta devaluación controlada del real, con el consiguiente estímulo a las exportaciones.
Otra piedra angular de sus proposiciones económicas es darle al Banco Central el grado de autonomía que necesita como para que este organismo desempeñe un rol central en la lucha contra la inflación.  Se habla de llevar adelante una política monetaria basada en lo que se denomina “una inflación esperada” en la cual el ejecutivo, junto con el Banco Central definen la tasa de inflación meta con la cual se funcionará durante un período de tiempo determinado, por lo general un año, depositando en el Banco Central la autoridad no solo para monitorear diariamente el grado de avance en lo que respecta a esa meta, sino para que tome todas las medidas de política monetaria – tasa de interés, montos de incremento de la liquidez o de la base monetaria, operaciones de mercado abierto, etc.- para efectos de que la tasa de incremento de los precios se mantenga dentro de los niveles presupuestados. En otras palabras, se le da al país, en la campaña presidencial, un mensaje claro en el sentido de que la lucha contra la inflación hay que tomarla en serio. Se trata de un enemigo económico suficientemente poderoso que no se puede dejar que levante cabeza, pues amenazaría todas las posibilidades de crecimiento de la economía brasileña.
El tercer pilar de la plataforma económica de la candidata Marina Silva es la responsabilidad fiscal. No se consigue nada con darle autoridad al Banco Central para que persiga una determinada tasa de inflación, si el Gobierno no se atiene a gastar una cantidad muy cercana a lo que ha recaudado. Gastar alegremente, sin tener en cuenta los ingresos con que se cuenta, rinde buenos dividendos electorales en el corto plazo, pero no es una herramienta que se pueda utilizar en forma sostenida por ningún gobierno responsable. 
En síntesis, pareciera que la campaña presidencial brasileña no se ha convertido, ni antes ni después de la emergencia de Marina Silva, en un torneo de populismo y de demagogia. Cochina envidia es lo que nos da.
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lunes, 1 de septiembre de 2014

LA ALIANZA DEL PACIFICO

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 28 de Agosto de 2014.)


La Alianza del Pacifico, constituida por Chile, Perú, Colombia y México – mencionados los países de Sur a Norte – tiene una particularidad que rompe con los esquemas más convencionales sobre integración económica que se estudian en las escuelas de economía. 
Según esos esquemas, el primer paso en el largo camino de la integración económica entre dos o más países es la conformación de un área de libre comercio. En otras palabras, cero arancel en el intercambio recíproco de mercancías entre los países miembros. La segunda fase en ese proceso integrador se da cuando los países miembros deciden establecer un arancel externo común, lo cual permite que las mercancías provenientes de países no miembros paguen el mismo arancel al entrar a cualquiera de las fronteras de los países miembros. Esta medida se supone que está destinada a que la competencia de las mercancías provenientes de los países no miembros golpeé por igual a los mercados de los países miembros. Solo una vez que estas dos etapas están superadas y consolidadas, se pasa a la tercera, que es el establecimiento de un mercado común propiamente tal, en el cual no solo las mercancías producidas en un país tengan como mercado posible a todos y cada uno de los restantes países miembros, sino que también exista un libre fluir de personas y de capitales.  Esta cadena se cierra cuando se establece  lo que se denomina una unión monetaria, en la cual se establece una moneda común y se unifican las políticas monetarias y fiscales.
La Alianza del Pacífico  pretende llegar a al libre fluir de personas, capitales y mercancías, sin pasar por la fase del arancel externo común. El libre intercambio de mercancías es lo más fácil, púes cada país miembro tiene tratado de libre comercio i con los otros tres, lo cual lleva en la práctica a que exista libertad de comercio entre los cuatro.  En materia de libre fluir de personas, se ha eliminado ya la necesidad de visas en el tráfico recíproco de personas y se avanza en la extensión de programas de becas y de  intercambios estudiantiles y académicos.  En materia del movimiento de capitales se ha caminado por la vía de la unificación de las bolsas de valores, lo cual permite que los títulos valores transados en una de ellas sean potencialmente adquiribles por los inversionistas de cualquiera de los países miembros, sin perjuicio de los tratado de promoción y protección de inversiones que son ya relativamente convencionales en el campo de los acuerdos comerciales internacionales.  
Pero el que el arancel externo común no esté en la agenda de la Alianza del Pacífico va más allá de un  fenómeno digno de atención académica. Tiene enormes implicancias prácticas. Si cada país miembro puede mantener el arancel que estime conveniente con respecto a las importaciones de mercancías provenientes de países no miembros, eso permite que cada país conserve plenamente su libertad de negociar con otros países tratados de libre comercio que reduzcan recíprocamente los aranceles, sin que eso implique de modo alguno una falta de lealtad o una violación de alguno de los compromisos contraídos con los otros países miembros de la Alianza. Así por ejemplo, Chile y Perú mantienen tratados de libre comercio con China – cero arancel en los intercambios de mercancías - cuestión que no está presente en la normativa de Colombia ni de México.  Los ejemplos podrían multiplicarse, pues  cada país ha desplegado en las última décadas una red de acuerdos comerciales con diferentes países del planeta, lo cual no le impide haber convenido los acuerdos actuales que dan origen a la Alianza del Pacífico. Consecuentes con lo anterior, individual o colectivamente los países de la Alianza del Pacífico están atentos y dispuestos a posibles acuerdos que amplíen los intercambios con el Mercosur.  
La Comunidad Andina de Naciones, CAN, pretendió en algún  momento de su accidentada historia establecer un arancel  externo común, que se rompió en la práctica cuando Colombia y Perú negociaron y aprobaron sendos acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. El Mercosur tiene acordado en su normativa interna la vigencia de un arancel externo común -que es causa de más fricciones  que elementos de unidad al interior de ese bloque - pues impide a cada país abrirse al comercio con otros países o grupos de países, a menos que esa  negociación se haga  de conjunto con el resto de los países del bloque, lo cual en la práctica conduce al inmovilismo y a la perdida de oportunidades de apertura hacia el dinámico comercio internacional contemporáneo.
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