lunes, 3 de octubre de 2016

VENEZELA Y EL MERCOSUR.


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 3 de octubre de 2016)

La presidencia venezolana del Mercosur es uno de los hechos más pintorescos de la diplomacia latinoamericana y mundial. Declararse presidente de un organismo cuando no hay un solo miembro de ese organismo que lo acepte como tal es indudablemente un fenómeno sin precedentes. Y esa no aceptación tiene razones diplomáticas, económicas y políticas.
Las razones políticas son claras. Venezuela se ha convertido en un país con el cual nadie quiere tener relaciones muy profundas. Eso se vio clarito en la Cumbre del Movimiento de Países no Alineados. Vinieron muy pocos jefes de estado, pues nadie quiere aparecer sonriente en la foto al lado de nuestro Presidente. Si lo pueden evitar lo evitan, a menos que todavía alguien crea ingenuamente que la chequera está intacta. La falta de respeto a la separación de poderes, el cerco al parlamento, la creciente cantidad de presos políticos, el temor de medirse en un referéndum claramente establecido en la constitución, el caos económico, la crisis humanitaria, son cosas que no se pueden aplaudir internacionalmente. Lo más que se puede lograr, en los países que no están obligados a pronunciarse, es que se queden callados. Pero venir a apoyar y celebrar ya es otra cosa. Si el Mercosur tiene en la agenda próxima importantes negociaciones que llevar adelante, tanto con Europa como con la propia América Latina, no es bueno presentarse encabezados por alguien que llega rodeado de esos antecedentes. 
Las razones diplomáticas dicen relación con la forma tan peculiar con que Venezuela maneja sus relaciones externas. En principio cualquier problema se puede arreglar si se habla en la forma adecuada, en el momento adecuado y en el sitio adecuado. Para eso existe la diplomacia. Pero en la misma forma, cualquier problema se puede agrandar y convertir en un lio sin solución si se trata a través de los micrófonos, si se utilizan insultos y si se procede con medidas de hecho frente a problemas que están en discusión. En algún momento, la diplomacia venezolana con el Mercosur consistía en arreglar los problemas directamente son sus amigos los presidentes de Brasil y de Argentina, los cuales tenían buenas razones para acceder a lo que Venezuela les solicitase. Pero si no hay vínculos profundos que unan a dos países, los lazos puramente amistosos entre los presidentes es un vínculo muy vulnerable, como la realidad reciente ha demostrado.
Las medidas económicas se ponen de relieve en el hecho de que Venezuela ha dejado de ser el mercado grande y generoso donde los países del Mercosur podían colocar sus mercancías. Pero ese mercado se secó. Ahora no hay plata para comprar y mucho menos para regalar. Si en el año 2012 Brasil vendía a Venezuela 5.056 millones de dólares, en el 2016 esa cifra descendió a 2.303millones de dólares en el 2016. Con Argentina las cifras del 2012 y del 2016 son 2.220 millones de dólares y 1.367 millones de dólares respectivamente.
Por todas esas razones, entre otras, ya Venezuela dejó de ser tan simpática como antes.






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