miércoles, 20 de julio de 2016

NUEVA Y BUENA ESTRATEGIA ES LO QUE FALTA


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 20 de Julio de2016).


Ante la creciente presencia de los militares en todos los ámbitos del quehacer económico del país, es bueno retomar los conceptos de táctica y de estrategia, que son tan caros en la metodología con que los buenos militares enfrentan los problemas que su profesión les presenta.
Hay que partir por decir que la estrategia dice relación con la planificación y orientación de diferentes combates para efectos de conseguir el objetivo fijado, y ganar por lo tanto la guerra.
La táctica, en cambio, dice relación con la forma de usar los recursos de que se dispone para ganar un combate determinado. Aun cuando se ganen miles de combates, puede que se pierda la guerra, si es que la estrategia es errónea. Esos combates solo tienen sentido positivo si es que ayudan a implementar o llevar adelante la estrategia que ha sido fijada.
Si uno pensara que el principal objetivo estratégico del presente venezolano es aumentar la producción que tiene lugar en el territorio nacional, uno podría pensar que hay que ver como se aumenta la producción petrolera, la producción agropecuaria y la producción manufacturera, por hablar de tres áreas que tienen cierta especificidad. ¿Qué estrategia se piensa seguir para llevar adelante esos objetivos? ¿Se introducirán cambios con respecto a lo que se ha hecho en los últimos años, o se insistirá en la estrategia que ha llevado a la presente crisis?
Pero puede que la estrategia no se plantee en esos términos, sino que se postule que el gran objetivo estratégico es aumentar la cantidad de divisas con que cuenta el país, y utilizar racionalmente las pocas que existen. Si eso fuera así, uno podría pensar que se llevará adelante un agresivo programa de promoción de exportaciones, junto con la consecución de fondos de emergencia o de transición en los organismos financieros internacionales, y una planificación del uso de las divisas disponibles  que sea transparente y sensata. Todo ello implica que hay que conversar con los organismos financieros internacionales. También hay que suprimir tanto como se puedan los trámites y alcabalas legales o ilegales que rodean el proceso de exportación, de modo de irrumpir en el mercado internacional con productos no tradicionales. Tan importante como todo lo anterior es contar con una planificación del uso de las divisas, de modo que no se distribuyan ni se usen de acuerdo al viejo criterio de “allí vamos viendo”, ni tampoco con el secretismo y la falta de transparencia, que se usa precisamente para ocultar lo que no se quiere que se conozca. ¿Se piensan dar batallas en aras de esos objetivos estratégicos? ¿O se piensa seguir marcando el paso con tácticas y estrategias que han demostrado hasta el cansancio que conducen a estrepitosas derrotas?
Quizás uno de los principios rectores de la nueva estrategia que el país necesita sea partir por entender que aquí no estamos ni queremos estar en guerra, excepto contra las políticas que ya han demostrado su fracaso.

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