domingo, 8 de abril de 2018

CRONICAS DE UN CARDÍACO. (1)


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 6 de Abril de 2018)

En los años 2016 y 2017 tuve obligatoriamente que hacerme sendos electrocardiogramas, pues estos, y el informe correspondiente de un cardiólogo, han pasado a ser requisitos indispensables  para cualquier cirugía. Pero esos electros no detectaron ni remotamente nada tán peligroso como una obstrucción cercana al 90 % que presentaban, supongo ya en ese entonces, mis arterias coronarias, situación que solo se detectó en el 2018, en una situación diferente. 
Una obstrucción del 90% obligaba, casi en forma inmediata, a una cirugía de corazón abierto tendiente a poner un by pass coronario, pues existía peligro inminente de que sobreviniera un infarto en cualquier momento.  Toda esta esta situación solo se detectó por la vía de un cateterismo, que es un examen mucho más complejo y más claro en el diagnóstico que arroja.
La primera conclusión que yo saco - sin ser en absoluto versado en ciencias médicas – es que el electrocardiograma no es un examen suficientemente completo - y por lo tanto no enteramente confiable -   como para dar cuenta de los problemas más de fondo que uno enfrenta a nivel del corazón.
Si me hice un cateterismo primero - y la cirugía encaminada a colocar el by pass, en seguida - fue porque comencé a sentir unos agudos dolores en la espalda cada vez que hacia un ejercicio fuera de lo normal, incluido un ejercicio tan inocente como subir un piso caminando por las escaleras de cualquier edificio. Esos dolores me condujeron a un internista, pues yo, en mi ignorancia, no relacionaba esos dolores con el corazón. Pero el internista, buen médico, derivó rápidamente la mirada y los exámenes hacia la situación cardíaca, todo lo cual condujo finalmente a las intervenciones ya mencionada.
Una segunda conclusión que uno saca de lo anterior que el corazón es una pieza tan noble que avisa cuando algo está sucediendo mal en su interior o en sus cercanías, aun cuando esos avisos no son todos iguales ni son fácilmente decodificables.  Conociendo ahora otros casos he visto que en otras personas los dolores se presentan en un brazo, o en el pecho. El aviso ya más fuerte, para los que tienen menos oído, es el infarto puro y simple, que puede terminar en la muerte o en situaciones de minusvalía sumamente lamentables.
Para poder pasar a la fase de la cirugía no solo hacía falta decisión y responsabilidad. Hacía falta también dinero puro y duro. Hay varios centros médicos en Caracas y/o en el país donde es posible hacerse el cateterismo y la operación de colocación del by pass con altos niveles de calidad y de seguridad.  Pero la medicina privada ha devenido en una medicina de altos costos, que deben ser cubiertos íntegramente por los usuarios. Buscar por el lado de la medicina pública es lento y peligroso. En los hospitales públicos no hay la tecnología médica que esos procesos requieren, o los equipos están fuera de uso por falta de repuestos, o los equipos humanos se han dispersado por el mundo en busca de mejores horizontes. Las compañías de seguros no ayudan mucho tampoco, pues los montos que cubren no se compadecen con el costo de una operación de corazón abierto. Por lo tanto, el que no tiene ahorros equivalentes a unos 10 mil dólares de los cuales pueda disponer rápidamente, se muere. Esa es la tercera y lamentable conclusión a la que uno puede llegar en un caso como este. Esa es la situación a la cual ha llegado la salud pública en el país.




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