miércoles, 26 de agosto de 2015

LA ECONOMÍA LE TIENE HORROR AL VACIO

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 26 de Agosto de 2015)


Al igual como sucede en el campo de la física - donde el vacio es rápidamente llenado por la materia circundante- así también en la economía las mercancías que un país se niega a venderle a otro, son rápidamente compradas a un tercero. Dicho en otras palabras, en un  mundo sumamente competitivo e interconectado como el actual, si alguien se sale de la competencia lo único que genera es una inmensa alegría del resto de los competidores, pero la carrera sigue su marcha normal.  Estas reflexiones tienen mucho que ver con la situación que caracteriza al comercio entre  Colombia y Venezuela.
La relación comercial de Venezuela con  Colombia ha sufrido alzas y bajas - que tienen mucho que ver con el estado de las relaciones políticas bilaterales- pero la tendencia de mediano o de largo plazo muestra un claro deterioro de las ventas venezolanas.  En los últimos doces años las exportaciones venezolanas a Colombia han pasado de 788 millones de dólares en el año 2002, a 437 millones de dólares en el año 2014.  Su mejor momento fue en el año 2006, cuando Venezuela exportó hacia Colombia por un  monto de 1.496 millones de dólares.  Uno puede entender que la caída de los ingresos petroleros lleve a Venezuela a reducir sus compras desde Colombia y desde muchos otros países del mundo, pero precisamente por lo mismo, se debería tratar de mantener  o de  incrementar tanto como se puedan las exportaciones, sobre todo hacia los países vecinos. Pero la cruda realidad es que las exportaciones han bajado. Se ha perdido gran parte del mercado colombiano para las mercancías venezolanas. 
Obviamente, Colombia no podía quedarse a esperan a que Venezuela decidiese reanudar el esfuerzo comercial bilateral. Hizo lo que haría cualquier  país medianamente sensato en el mundo actual: buscó otros países vendedores que pudieran proporcionarle las mercancías que necesitaba.  Y Venezuela fue por lo tanto quedando rezagada como socio proveedor de Colombia, mientras otros países de la región hacían gozosamente lo que Venezuela se negaba a hacer. Así entonces Brasil, que está mucho más lejos geográficamente de Colombia que Venezuela, pasó de exportar a Colombia 643 millones de dólares en 2002, a vender en dicho país 2.461 millones de dólares en el 2014.  La pequeña Bolivia, que en el 2002 le vendía a Colombia 139 millones de dólares, en el año recién pasado le vendió 551 millones de dólares, más que Venezuela. México, pasó de 678 millones de dólares en el 2002, a 5.265 millones de dólares en el 2014. Ecuador - país del Alba, solidario hasta donde se pueda con Venezuela - pasó de venderle a Colombia  367 millones de dólares en el año 2002, a 918 millones de dólares en el año 2014. Es difícil encontrar en la región algún país que haya desaprovechado la oportunidad de venderle a Colombia tanto como hayan podido, en etapas, por lo demás,  de crecimiento económico de dicho país. Excepto Venezuela.  
En el año 2002, Venezuela era el segundo país proveedor de Colombia - después de Estados Unidos - superando a cualquier país europeo y a cualquier otro país latinoamericano. El  6.2 % de las compras colombianas  provenían de Venezuela. En el año 2010, exportando Venezuela a Colombia solo un monto de 304 millones de dólares, quedó relegada al lugar 24 en el ranking de los proveedores internacionales de Colombia, y esa ventas significaron escasamente el 0.75 % de las compras internacionales de dicho país.  En el año recién pasado – con ventas venezolanas a Colombia de 437 millones de dólares - Venezuela fue el proveedor número 23 de dicho país, y le vendió el 0.69 % de sus importaciones, por debajo de países como Bolivia, México, Trinidad Tobago o Vietnam.
Es difícil encontrar en el mundo actual otro caso tan patético y profundo de pérdida de un mercado externo por parte de un país que necesitaba desesperadamente aumentar sus exportaciones. Más aun, se trataba precisamente de las exportaciones más deseadas en Venezuela, como son las  exportaciones no petroleras.
Perder un mercado externo es mucho más fácil que recuperarlo, sobre todo en países donde las decisiones de comprar o vender en el ámbito internacional son tomadas en alta medida por empresas privadas.  La relación entre compradores y vendedores tienden a perdurar, pues se basan no solo en los precios, sino que también en relaciones de confianza y de conocimiento mutuo - entre empresas y entre empresarios - que son activos que se construyen lentamente y que no se cambian de la noche a la mañana. Por lo tanto, no es dable pensar que se recuperará el mercado colombiano, por parte de Venezuela, como consecuencia de unas pocas decisiones en materia cambiaria y/o por obra y gracia de una política y una diplomacia más  amigable.  Sin dudar de que la recuperación de ese mercado-  y de otros - es enteramente posible por parte de Venezuela, es igualmente cierto de que eso requiere esfuerzos por parte de empresarios y de gobierno, que sean sostenidos en el tiempo y que sean concertados, de modo de construir realmente una política de carácter estratégico y de naturaleza realmente nacional.  Además, no hay que olvidar que el mundo actual es competitivo, lo cual implica que los países de la región que se han convertido en socios comerciales importantes de Colombia – y que no son tontos- harán todo lo que esté a su alcance para conservas las posiciones ya ganadas. En síntesis, los errores o las omisiones en el campo del comercio internacional contemporáneo, tarde o temprano se terminan pagando por parte de los países que creen, en sus momentos de gloria o de delirio, que están tocados por la mano de Dios. 
sergio-arancibia.blogspot.com






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