viernes, 12 de octubre de 2012

UN POCO DE EFICIENCIA


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 11 de Octubre de 2012.)


El concepto de eficiencia comienza a estar cada vez más presente en el discurso presidencial. Incluso estuvo presente la noche del triunfo, en el discurso de celebración. No se trata, desde luego, de una palabra que se pueda usar para caracterizar la realidad macroeconómica o la actividad  gubernamental venezolana. Esa palabra sólo se puede emplear en Venezuela para describir una ausencia, un déficit o un vacío, o para expresar una meta. Pero la palabra no es nueva. Está presente en la economía desde hace siglos.  Dice relación con la obtención de determinados fines con la menor cantidad posible de medios, o  lo que es más o menos lo mismo, con el hecho de  conseguir el máximo de ciertos objetivos con los recursos disponibles.  No producir poco, pudiendo producir mucho, ni producir con grandes costos, pudiendo producir a costos menores. De eso se trata la eficiencia. Hay incluso quienes postulan que la búsqueda de la eficiencia es la quintaesencia de la economía.
No es lícito hoy en día tratar de antagonizar la eficiencia económica con la eficiencia social, que es otro argumento que se utiliza para justificar la ineficiencia.  Si una carretera dura cinco años en ser construida, pudiendo ser construida en dos, y a la mitad de precio, hay allí una cuota de ineficiencia técnica, económica y social que no tiene excusa posible. O si las casas de la Misión Vivienda tienen un costo de más de cien mil dólares cada una, pudiendo el sector privado construirlas más baratas, eso es ineficiencia económica y social se le mire por donde se le mire. El que es ineficiente económica y técnicamente no puede ser eficiente socialmente, pues esta malgastando recursos que podrían ser socialmente útiles.
Reconocer que en la economía nacional y/o en el accionar gubernamental hay una cuota más o menos alta de ineficiencia - plantear el tema y tratar de visualizar soluciones - es un paso importantísimo en la política, en la economía y en la cultura nacional, dado que siempre el exitismo y la demagogia han tendido a plantear que todo se está haciendo en forma excelente, y que no hay por lo tanto, nada que criticar ni que modificar. ¿Cómo aumentar la eficiencia? Lo primero y fundamental es tener metas u objetivos claros, medibles y cuantificables. Saber lo que se quiere. Aun cuando parezca obvio, si no se sabe lo que se quiere, es bastante difícil determinar posteriormente si se han conseguido o no las metas. A modo de ejemplo:  ¿Hay metas en materia de exportaciones no tradicionales? ¿Hay metas en materia de producción agropecuaria? ¿Hay metas en materia de producción petrolera? ¿Hay metas en materia de reducción de la mortalidad infantil? ¿Hay metas en materia de construcción de nuevas escuelas? Parece que desgraciadamente se actúa con el mero criterio de hacer lo que se pueda, o ir viendo según como se vaya dando.
NO A LOS PEORES
El paso siguiente es encargar de esos problemas y de esas  metas a gente que conozca y entienda de esa materia. Preferiblemente a los mejores. No es posible seguir seleccionando a los peores, ni seguir pensando que con el paso del tiempo, aun el que nada sabe terminará por entender. Para eso están los institutos y universidades, o por último los procesos de capacitación al interior de la propia empresa.  La mera lealtad política, o mucho peor, la incondicionalidad personal, no pueden seguir siendo el criterio de selección de los cuadros dirigentes de la administración pública. Hay que correr el riesgo de que los elementos eficientes, preparados y honestos asuman roles dirigentes. El riesgo está en que quieran opinar y criticar lo que están haciendo los incondicionales pero poco eficientes.
La eficiencia en el campo de la economía y de la administración está altamente relacionada con el proceso de toma de decisiones y con la honestidad y/o falta de corrupción que impere en su seno. Es obvio que si el poder se emplea para incrementar ilícitamente los ingresos privados de unos pocos funcionarios con capacidad de decisión, los productos o servicios resultarán más caros para sus usuarios finales, lo cual es otra cara de la ineficiencia global del sistema.  Pero aun cuando hubiera honestidad generalizada, si un funcionario de nivel medio tiene que consultar todo con su jefe directo, el cual a su vez consulta con el jefe de más arriba, entonces las decisiones se  atrasan, los ´procesos avanzan y la ineficiencia cunde. Se trata también de una ineficiencia sistémica.
EL PODER
Por ello es que la eficiencia está íntimamente ligada con la delegación de poder y con la descentralización, que son tan difíciles de aceptar por quienes creen que el ejercicio del poder es decidir centralmente sobre todo. Ojala que la nueva preocupación presidencial se tradujera en un poquito más de eficiencia en el conjunto de la economía nacional.           
sergio-arancibia.blogspot.com



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