viernes, 27 de mayo de 2016

SAMPER O ALMAGRO ¿UNO DE LOS DOS LO ESTÁ HACIENDO MAL?



(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL el día 27 de Mayo de 2016.)



Extraña situación la que está sucediendo a nivel de la OEA y de UNASUR. Por un lado el gobierno venezolano hace lo que quiere con la UNASUR y con su Secretario Ejecutivo el Sr. Samper. El gobierno del Presidente Maduro pone al pobre Sr. Samper a hacer declaraciones, o a integrarse en comisiones, o a participar en shows, de acuerdo a su conveniencia, sin que este último haga ni siquiera un gesto tendiente a salvaguardar la dignidad que corresponde a un ex presidente de un país soberano. Pero la Unasur no es un organismo supranacional, es decir no es un organismo en el cual los países miembros hayan delegado parte de su soberanía, ni le han delegado funciones políticas permanentes a quien funge como su vocero. Unasur es un organismo intergubernamental, al igual que la OEA, lo cual significa que la cabeza visible de cada uno de estos organismos no puede hacer ni decir nada que no represente, en cada momento, el punto de vista de los países miembros.

Pero sucede que todos los países miembros de la Unasur son, al mismo tiempo, miembros de la OEA. Y resulta que Samper, en nombre de los países de la Unasur, anda por el mundo diciendo cosas bastante diferentes de las que dice el Sr. Almagro, en representación de los países de la OEA. Mientras Samper participa en Venezuela en una comisión de la verdad organizada y compuesta por casi puros funcionarios gubernamentales, el Sr. Almagro -con la venia y o el mandato más o menos de los mismos países dice que en Venezuela hay detenidos y que es digno de estudiarse si la clausula democrática se aplica o no a este país.

El Sr. Almagro - que tiene experiencia diplomática - no diría lo que dice si no tiene respaldo de los representantes de los países miembros. ¿O es posible que el Sr. Almagro ande por el mundo diciendo lo que buenamente se le ocurre? Es muy difícil. A ese nivel nadie incurre en una locura de ese tipo. Si eso sucediera, habría una moción de censura, o habrían movimientos subterráneos para decirle diplomáticamente que se calle, o incluso habrían intentos de sacarlo del cargo. Pero no parece haber nada de ello. ¿O sucederá que los mismos países que dejan actuar y hablar al Sr. Samper, dejan, al mismo tiempo, actuar y hablar al Sr. Almagro? ¿Habrá un doble discurso de esa naturaleza? ¿O será que lo que sucede en Venezuela no le interesa sino a unos pocos países mientras que el resto mira los toros desde la barrera? ¿Será posible que nadie se de el trabajo de contradecir a los países bolivarianos cuando estos salen en defensa de Venezuela en el seno de la Unasur, pero al mismo tiempo tampoco se den el trabajo de contradecir a Almagro cuándo éste lanza acusaciones contra Venezuela en el seno de la OEA? ¿Sera ésta una nueva forma de hacer diplomacia que está en curso en el continente, demasiado compleja como para que la entienda el común de los mortales?¿O será que se están cocinando, aun cuando a fuego lento, procesos de cambio en la actitud de los países americanos frente a la revolución bolivariana?

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miércoles, 25 de mayo de 2016

AQUI LA GENTE SE MUERE JOVEN





(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el da 26 de Mayo de 2016.)


Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud, OMS, sobre la esperanza de vida en las Américas - referido a la situación en el año 2015 - pone de relieve que en Venezuela la esperanza de vida es más bien baja si se la compara con la situación que impera en los otros países de la región.
El país que presenta la esperanza de vida más alta es Chile, que llega a los 80.5 años. Es el único de la región que está por sobre los 80 años de esperanza de vida. Le siguen, con índices entre 75 y 80 años, los siguientes países; Costa Rica, con 79.6; Cuba, con 79.1; Panamá, con 77.8; Uruguay, con 77.0; México, con 76.7; Argentina, con 76.3; Ecuador, con 76.2; Perú con 75.2 y Brasil con 75.0.   En un tercer bloque se encuentran los países con niveles de esperanza de vida por bajo los75 años, entre los cuales se encuentra Nicaragua, Colombia y Honduras, con 74.8 y Venezuela, con 73.5. Bolivia es el país que presenta el índice más bajo, con 70.7.
Es decir, la situación de Venezuela no es nada envidiable. No se trata de una situación destacada, a pesar de los esfuerzos - más publicitarios que reales - encaminados a mostrar que las misiones que tienen que ver con la salud han tenido un éxito impresionante. Hay en nuestra América países de menor desarrollo relativo que, sin tanta publicidad, tienen índices superiores a los venezolanos en lo que respecta a esperanza de vida.
Pero hay una situación peor aún: los datos recién mencionados – referidos al año 2015 - reflejan una situación peor que la de hace tres años atrás.  En el informe anterior de la OMS, publicado el año pasado, se explicita que para el año 2012 la esperanza de vida en Venezuela alcanzaba a 76 años. Es decir, entre el 2012 y el 2015, hubo un tremendo bajón en materia de esperanza de vida en nuestro país. 
La esperanza de vida no es una cuestión que se determine, en lo sustantivo, por factores hereditarios ni étnicos, sino que tiene que ver fundamentalmente con procesos de carácter socioeconómico. Tiene que ver con la alimentación de la madre, en período de gestación y de lactancia; tiene que ver con la alimentación de niños y adultos; tiene que ver con la situación de salud pública, en particular con lo relativo a epidemiología, y tiene que ver con el funcionamiento de los sistemas públicos y privados de salud. Nadie en su sano juicio podría argumentar que, en al menos en uno de esos puntos, la situación de Venezuela ha mejorado en los tres últimos años. Cualquiera que sea la situación a la cual se llegó hasta en años anteriores, es indudable que la situación ha empeorado en forma sustantiva – incluso podríamos decir dramática - durante el actual gobierno.
En Venezuela la alimentación de toda la población ha disminuido en cantidad y en calidad. El ingreso de los sectores populares no es capaz de contrarrestar los acelerados niveles de inflación, lo cual se traduce en que artículos como la leche y la carne van desapareciendo de la dieta del venezolano medio. Incluso los tres golpes diarios van quedando atrás, como cosa del pasado. Los hospitales no funcionan, las clínicas privadas se ven atadas de manos por la falta de insumos médicos y las farmacias lucen sus anaqueles vacíos. Una cantidad importante de médicos recién graduados opta por salir al exterior. En síntesis, la desintegración o el desmoronamiento del sistema público y privado de salud es alarmante. El gobierno se niega porfiadamente – en un ejercicio desesperado de guardar las apariencias internacionales -  a reconocer que estamos en presencia de una emergencia sanitaria y que la gente se muere por falta de medicamentos o por falta de la debida atención médica. Reconocer aquello sería, además, poner en evidencia que la política de salud pública de este gobierno y del anterior han sido un estruendoso fracaso. 
Pero el informe reciente de la OMS pone las cosas en su lugar: aquí la gente se muere más joven que en otros rincones de nuestra América.
En Bolivia la esperanza de vida estaba en 58 años en el año1990. Subió a 68 años en el 2009 – un salto indudablemente impresionante y positivo - y actualmente se encuentra en 70.7. Al paso que vamos, es altamente probable que dicho país nos supere en unos pocos años más. Bien por Bolivia.
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viernes, 13 de mayo de 2016

ALLENDE Y EL PLEBISCITO

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL el día 13 de mayo de 2016)



A los publicistas e ideólogos del gobierno venezolano les gusta cada cierto tiempo comparar la situación venezolana actual con la situación  que vivió Chile en los últimos meses del gobierno de Allende y les gusta, mucho más todavía, intentar comparar al Presidente Maduro con el inmortal presidente chileno. Esa actitud denota una grosera falta de respeto y un mayúsculo desconocimiento de la historia de nuestra América.

En lo relativo a la posibilidad de consultar al pueblo respecto a su gestión como gobernante, me permito recordar, para conocimiento de todos, que precisamente el día en que se materializó el trágico golpe de estado contra Allende – el 11 de septiembre de 1973-  éste tenía programado anunciar al país – desde un acto en la Universidad Técnica del Estado - su decisión de llevar adelante un plebiscito o un referéndum para que el pueblo decidiera si apoyaba el programa de reformas que el gobierno llevaba adelante, o si apoyaba la actitud de ciega y violenta oposición que llevaba adelante la derecha. Allende estaba claro que la situación  no podía seguir como venía desarrollándose en los meses anteriores, en que a un país altamente polarizado y dividido se le iban cerrando las puertas institucionales y civilizadas para resolver sus discrepancias. Por ello, llevar adelante un plebiscito era una fórmula para resolver el conflicto  en forma civilizada, democrática, pacífica y legal. Más aun, se avizoraba en el horizonte que las fuerzas más reaccionarias –civiles y militares - esperaban precisamente que el conflicto político no se resolviera para poder avanzar en la alternativa golpista.

La historia ha recogido parcialmente los diálogos que Allende tuvo con algunos de sus asesores y colaboradores más cercanos, en que se planteó esta iniciativa plebiscitaria. Allí, alguien levantó el interrogante respecto a que pasaba si las fuerzas que apoyaban al gobierno perdían el plebiscito. La respuesta de Allende fue clara: si perdemos, nos vamos a la mierda, pero salvamos el movimiento. La historia dramática de Chile en los años posteriores ha demostrado la sabiduría de esa línea de pensamiento. Una poderosa fuerza social, con  base en partidos de larga tradición de organización  y de lucha, de orientación cristiana, laica y socialista, con apoyo de un movimiento obrero  organizado, responsable y  consciente y con fuertes vínculos con las sectores medios e intelectuales, podía enfrentar con tranquilidad el veredicto del pueblo y seguir gravitando en forma determinante en la política y en la historia nacional aun cuando se viera obligado a retroceder ordenadamente como consecuencia de un eventual  fracaso en dicha consulta.   Si era arrasado a sangre y fuego, en cambio, como efectivamente sucedió, el costo social, político y humano estaba llamado a ser infinitamente mayor.

Esa es la historia. Que aprenda de ella el que quiera y el que pueda.

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miércoles, 11 de mayo de 2016

LAS ESCURRIDIZAS EXPORTACIONES VENEZOLANAS

Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 11 de mayo de 2016

Opinar sobre las exportaciones venezolanas – petroleras y no petroleras - es una tarea bastante difícil, pues las estadísticas correspondientes son escasas y atrasadas. Por la vía del INE solo podemos,  hasta el día de hoy, saber que en el año 2014, hasta el mes de octubre inclusive, las exportaciones no petroleras ascendieron  (o en realidad descendieron) hasta la cifra de 2.573 millones de dólares. Es decir son estadísticas que van con año y medio de atraso. Es difícil suponer que hay una demora tan grande en el procesamiento de los datos. Es mucho más aceptable la hipótesis de que no hay interés en dar a conocer cifras que ponen de relieve una realidad económica poco simpática para el Gobierno.

Pero el resto de los países que comercian con Venezuela no tienen esos problemas, y dan a conocer las cifras sobre su comercio exterior tan pronto como se les hace posible. Y lo que un país publica como importaciones realizadas desde Venezuela es casi lo mismo que lo que Venezuela debería dar a conocer  como exportaciones realizadas por Venezuela hacia ese otro país. Hay algunas pequeñas diferencias por razones estadísticas y metodológicas, pero en lo sustantivo se trata de cifras bastante aceptables y confiables.

Colombia y Chile han dado a conocer las cifras de cierre de su comercio exterior con  cada uno de sus principales socios comerciales,  correspondiente al año  2015.  Según lo que al respecto publica la Asociación Latinoamericana de Integración, ALADI, Colombia exportó en el año 2015, hacia Venezuela, un total de 1.060 millones de dólares, lo cual es una cantidad bastante menor a la que había exportado en el año 2014, que fue de 1.986 millones de dólares. Un bajón de casi 40 % en las importaciones venezolanas desde Colombia – las exportaciones colombianas hacia Venezuela- gracias, entre otras cosas, al cierre de sus fronteras terrestres.

Desde el punto de vista de las exportaciones venezolanas hacia Colombia – las importaciones colombianas desde Venezuela –estas alcanzaron en el 2015 un gran total de 291 millones de dólares en circunstancias que el año inmediatamente anterior habían alcanzado a los 439 millones de dólares. Se trata de menores ventas a un país que sigue siendo el segundo destino de las exportaciones venezolanas después de Estados Unidos, aun cuando ese lugar en el ranking es disputado centímetro a centímetro con Brasil. Menores ventas implica menor producción y mayor cesantía dentro del país  y – lo que es casi como un autogol - menor recepción de dólares y menor capacidad de compra sobre el exterior, que es precisamente uno de los problemas graves que enfrenta hoy en día Venezuela. Se trata, en este caso, no de menor flujo de dólares como consecuencia de la baja de los precios del petróleo, o del fenómeno del Niño, sino como consecuencia única y exclusivamente de decisiones gubernamentales.

En lo que respecta al comercio con Chile las exportaciones venezolanas – nuevamente según las cifras  publicadas por Aladi – bajaron desde 82 millones dólares exportados en el 2014– que es una cantidad bastante modesta en el contexto de las dimensiones económicas de los dos países considerados - a 22 millones de dólares exportados en el 2015.  Las exportaciones chilenas a Venezuela, a su vez, bajaron desde 465 millones de dólares en el 2014, a 314 millones de dólares en el 2015.  Eso sucede, a pesar de que entre Venezuela y Chile existe un Acuerdo de Complementación Económica que prácticamente reduce a cero los aranceles recíprocos para aproximadamemte el 98% de las mercancías intercambiables.

Tanto las exportaciones hacia Colombia como hacia Chile son básicamente exportaciones no petroleras. A Colombia no se le vende petróleo pues ese país es también, al igual que Venezuela, un país petrolero, entendiendo por tal el hecho de que su principal rubro de exportación es el petróleo. A Chile –que tiene que importar casi todo el petróleo que consume - se le vende muy poco petróleo porque ha pasado a depender de otros proveedores internacionales.

Si las exportaciones a Colombia bajaron en un 47 % y las exportaciones a Chile bajaron en un 32 %, ¿De cuánto habrá sido el bajón total que experimentaron las exportaciones venezolanas en el transcurso del 2015?
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jueves, 5 de mayo de 2016

EL REVOCATORIO CONTRA PINOCHET



(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 5 de mayo de 2016)



En noviembre del año 1988 se realizó en Chile un plebiscito para definir si Pinochet continuaba en el poder por 8 años más, o si se realizaban al año siguiente elecciones presidenciales con varios candidatos. No era técnicamente un revocatorio, pero en la práctica funcionaba como tal: definía no solo la permanencia de Pinochet en el poder, sino la existencia misma de la dictadura y del sistema de negación de libertades que se había instaurado en el país,

La oposición democrática -agrupada en la Concertación de Partidos por el No - tuvo que vencer una primera dificultad: convencer a la población de que se inscribiera en los registros electorales, que habían sido destruidos 15 años antes por el propio Pinochet. El gobierno inscribió en forma rápida y expedita a todos los militares, los funcionarios públicos y a sus adherentes de todo tipo. Desplegaron para ello todos los recursos y las facilidades propias de uso abusivo del poder. Los adherentes de la oposición  tenían que ir personalmente a las oficinas del registro electoral, perdiendo para ello un tiempo laboral que no estaba generalmente disponible. Pero más que tiempo, se necesitaba fe y esperanza en una determinada opción política. Confiar en que una dictadura como esa  era posible que fuera  derrotada en las urnas. Los técnicos electorales del NO habían visualizado que si se inscribía  una gran masa de chilenos, superando un determinado umbral – que si no recuerdo mal era de 7 millones de chilenos - era posible ganar. Por ello, día a día se publicaban o se hacían circular de boca en boca los datos sobre la cantidad de inscritos que se habían logrado hasta el día anterior.  La batalla por la inscripción se ganó. Se superó la meta de inscritos  y se pasó a la campaña electoral propiamente tal-.

El acceso a los medios de comunicación por parte de la oposición democrática era muy escaso en materia de prensa escrita y nulo en materia de televisión. Pinochet dominaba y utilizaba intensamente todos los medios de prensa, radio y televisión. Se logró que la normativa electoral concediera 15 minutos diarios por televisión a la alternativa NO, pero a las 12 de la noche de cada día. Esos 15 minutos se convirtieron en los momentos de mayor rating de la televisión chilena.  Todo el país estaba pendiente, cada día, de los spots del NO, que eran de alto impacto y de alta calidad técnica y política. La ciudadanía pudo ver nuevamente las caras de sus dirigentes históricos y pudo escuchar con todas sus letras los mensajes y las verdades  que estos le trasmitían al pueblo de Chile.  Al día siguiente, esos mensajes eran el tema de conversación obligado en todos los buses, calles y círculos laborales y  sociales. Se ganó la batalla mediática y comunicacional. Quince minutos diarios fueron suficientes.

Los recursos económicos no eran muchos como para hacer mítines, imprimir afiches, o pancartas,  o desplegar otros instrumentos propagandísticos propios de las campañas políticas. Además el miedo seguía presente. Se seguía en dictadura. Por ello se hizo un solo mitin en Santiago, que no dejó a nadie en sus casas. Se demostró fuerza de calle. Se mostró fuerza de masas. La gente pudo reencontrarse en la calle, con amigos y camaradas, bajo las mismas consignas y las mismas esperanzas. La oposición democrática recuperó  las calles.  Una nueva gran batalla que se ganaba.

En el día mismo de la votación habían dos aspectos de los cuales había que preocuparse con particular atención, pues en ellos se podía perder todo lo que se había ganado en los momentos anteriores.  Por un lado había que tener apoderados o delegados en todas y cada una de las mesas  de votación del país. Eso se logró plenamente. No hubo una sola mesa de votación que quedara desatendida. La ciudadanía asumió sin miedo esa tarea, pues ya se habían ganado todas las batallas anteriores, incluida la batalla contra el miedo. En segundo lugar, había que tener la capacidad técnica de acopiar y centralizar  la información que fluyera de los escrutinios mesa por mesa, de  modo de tener casi en tiempo real los resultados globales a disposición de la alta dirigencia de la Concertación de Partidos por el NO. Eso se logró también  plenamente. Los centros de acopio funcionaron, con eficiencia y con las necesarias medidas de  clandestinidad y seguridad, pues se temía que un asalto a esos focos, dejara incomunicada  a toda la Concertación.

Finalmente, fue importantísima la presencia internacional.  Miles de periodistas y cientos de observadores políticos - coordinados por el ex presidente del Gobierno español Adolfo Suarez -  estaban atentos a cada circunstancia que pudiera alterar la normalidad de esa tensa noche. Cuando Pinochet quiso patear la mesa, pasadas ya las 12 de la noche, los resultados reales los tenía la oposición democrática, los tenían todos los observadores internacionales, la opinión pública internacional e incluso los tenían los propios militares. No se pudo, aun cuando no les faltaron ganas.  Ganó la alternativa del No frente a la opción de  continuidad dictatorial. Gano la democracia. Fue posible. Sigue siendo posible.  
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sábado, 30 de abril de 2016

CHINA Y LA PROMOCIÓN DE EXPORTACIONES.

Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición impresa de TAL CUAL el día 29 de Abril de 2016.)


China es hoy en día el principal exportador mundial. Según las cifras del año 2014 - generadas por la Organización Mundial de Comercio - las exportaciones chinas al mundo llegaron en ese año a 2.342 miles de millones de dólares, lo cual representó el 12.3 % de las exportaciones mundiales,  Estados Unidos y Alemania se ubicaron, en ese año,  en el segundo y tercer lugar, con un 8.5 % y un 7.9 % de las exportaciones mundiales, respectivamente. Indudablemente ese lugar en el ranking mundial  de exportaciones no se lo ha ganado China sin una cuota muy alta de sostenidos esfuerzos y de sacrificios. Nada hay de casualidad en este campo. Pero en el último año las exportaciones de China han estado desacelerándose, como consecuencia de la crisis económica mundial y también como lógica consecuencia de muchos décadas  de crecimiento continuo de su economía y de sus exportaciones, situación que es muy difícil que de sostener ininterrumpidamente.  

Frente a esa situación, las autoridades chinas han tomado recientemente decisiones en el campo de la promoción de exportaciones que vale la pena de conocer y de analizar. No se trata, desde luego, de medidas para quien está en el año uno de la creación, sino medidas para incentivar las exportaciones de quien es ya el primer exportador mundial. Esas medidas, según los cables internacionales son básicamente las siguientes.

Por un lado incentivar los créditos bancarios para las empresas que están en el campo del comercio internacional o que tienen posibilidades de estar allí. La OMC y el mundo en general prohíben los subsidios, incluidos desde luego los subsidios financieros. No se trata, por lo tanto, de darle a las empresas exportadoras créditos gratuitos o a tasas ajenas a las que imperen en el mercado. Se trata de poner en mayor medida a las empresas exportadoras - sobre todo a las que recién se incorporan o buscan incorporarse al comercio internacional - en el campo visual o en el radar de los bancos chinos, de modo de facilitar los trámites y gestiones como para que estas empresas puedan convertirse rápidamente en beneficiarias del crédito bancario. Si se busca sacar de este ejemplo chino algunas consecuencias para la situación venezolana actual, hay que tener en cuenta que aquí el problema de las empresas exportadoras no es el crédito bancario en moneda nacional - al cual tienen acceso - sino el crédito en dólares, para comprar insumos y/o pagar servicios que son necesarios para el proceso exportador. He allí un cuello de botella importante que las autoridades encargadas de este motor deberían tener en cuenta en la magnitud que corresponda.

Una segunda medida tomada por las autoridades chinas dice relación con el incremento del seguro de créditos a las exportaciones. El comercio, en todas partes del mundo, implica riesgos y estos, en el mundo contemporáneo, se pueden aminorar por la vía de los seguros y reaseguros. En el caso venezolano cabe recordar que hay una sola compañía de seguros que trabaja el rubro del seguro a los créditos a las exportaciones, lo cual indica que no es mucho el uso que se hace en el país de esta herramienta del comercio internacional.

En tercer lugar, en el campo de las medidas tomadas por los chinos, se ubican las devoluciones: devolverle al exportador impuestos de importaciones que se hayan tenido que pagar para importar insumos o materias primas necesarias para producir aquellos bienes que posteriormente se exportan y/o devolución de impuestos indirectos, tipo IVA, en los cuales se haya incurrido en la cadena de comercialización  interna previa al proceso de embarque. No se trata solo de los impuestos indirectos en que incurra la empresa exportadora propiamente tal, sino todos los eslabones de la cadena de comercialización, de modo de hacer plenamente valido el precepto de que no hay que exportar impuestos.

Finalmente, los chinos se proponen invertir en aeropuertos, vías férreas y caminos, de modo de acercar las áreas de producción hacia los puntos de salida hacia el exterior, o acercar los puntos de salida hacia el exportador.

Se trata de un  set de medidas de carácter sistémico que apuntan a seguir haciendo de las exportaciones la herramienta fundamental para el crecimiento y la modernización de China. Nunca está de más aprender tanto como se pueda de las experiencias ajenas, sobre todo si estas son exitosas.   
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miércoles, 27 de abril de 2016

¡ESA TROPA DE CAPITALES COBARDES ¡

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMIA Y NEGOCIOS  el día 27 de Abril de 2016)



Argentina vuelve a los mercados financieros internacionales. En estos días tiene que concretarse – si no se ha concretado ya - una emisión de bonos soberanos por el orden de los 15 mil millones de dólares. La mayoría de esos fondos recaudados se destinará a pagar la deuda acumulada con los tenedores internacionales de bonos con los cuales no se había llegado anteriormente a acuerdos de pago.
En otras palabras, Argentina pagará su deuda – que tantos debates y tantos problemas le ha creado – con la emisión de nueva deuda. También podría decirse que cambia su deuda actual por deuda de mediano y de largo plazo y se saca así, en el presente, un complicado  problema de encima. Además, gana la posibilidad de volver a emitir nueva deuda, cuando lo estime conveniente, pues tiene nuevamente acceso a los mercados financieros internacionales. Más aún, la demanda que se manifestó por adquirir los bonos que Argentina está emitiendo es sustantivamente mayor que la oferta que dicho país ha hecho de esos bonos, lo cual pone de manifiesto que hay espacio en el mercado como para seguir emitiendo.
Estos bonos recientes de Argentina se colocan en el mercado a tasas que van desde los 6.25 % para los papeles a 3 años, hasta 7.6% para los bonos a 10 años o más.  A mayor plazo, mayor riesgo, y por lo tanto, hay que vencer ese mayor temor con una tasa de interés más elevada. La tasa riesgo país de Argentina a mediados de Abril se ubicaba en  4.13 %, lo cual significa que tiene que pagar ese tasa por sobre la tasa de los bonos de la Reserva Federal norteamericana, que se asume que son los papeles de menor riesgo en el mercado financiero internacional.
¿Por qué no puede Venezuela hacer algo similar? ¿Por qué Venezuela, que tiene hoy en día tanta necesidad de liquidez, no sale al mercado internacional a colocar bonos soberanos? Entre otras razones, porque la tasa riesgo país que enfrenta nuestro país en los mercados internacionales –medida por la tasa EMBI elaborada por el J.P. Morgan Chase- se ubica a mediados de Abril ligeramente por sobre el 30%.  Es decir, si Venezuela quisiera colocar papeles soberanos en el mercado financiero internacional tendría que pagar 30%  por sobre la tasa que ofrecen los bonos de la Reserva Federal. Esa es una tasa absolutamente prohibitiva. Nadie puede contratar créditos aceptando esa tasa de interés.
¿Y por qué le cobran a Venezuela unas tasas de interés tan elevadas? ¿Por qué se le impone una tasa de riesgo país tan alta? ¿Acaso no ha pagado Venezuela escrupulosa y puntualmente  hasta el último centavo de sus deudas externas? Es cierto que la tasa de riesgo país no es una mera lectura de los datos que arroja el mercado, sino que es un cálculo o un pronóstico realizado por agencias financieras internacionales que gozan de cierto prestigio, pero que no son ni infalibles ni neutrales.  El Gobierno venezolano jura y proclama a los cuatro vientos que esas agencias son parte de la guerra económica y que emiten las cifras ya mencionadas para hacerle daño al país. Pero lo cierto es que si estas cifras fueran absolutamente disparatadas, y Venezuela quisiera emitir bonos al 8 % o al 10 %  -  por mencionar  tasas cercanas a las argentinas - lo más probable es que no lograría captar ni un solo dólar. No porque los posibles compradores tengan ninguna obligación de hacerle caso al índice EMBI, sino porque en el mercado internacional van a encontrar con facilidad  bonos más seguros o menos riesgosos. Como el capital financiero es bastante  miedoso o cobarde, no quiere correr riesgos innecesarios – sobre todo si no tiene ninguna obligación de estar financiando a Venezuela- y se canalizará, por lo tanto, hacia otras ofertas. Si Venezuela quisiera vence esas resistencia, o tentar a los más osados, tendría que ofrecer una tasa más elevada, quizás cercana a la tasa EMBI, aun cuando nadie lo obligue a ello.
¿Y por qué esa desconfianza con respecto a los bonos soberanos de Venezuela? ¿No es Venezuela acaso un excelente pagador?  Es cierto que Venezuela no ha cometido la locura de decretar un default, pero los agentes económicos internacionales no entienden mucho como se toman las decisiones en el seno del gobierno bolivariano, ni entienden casi nada de la lógica económica que preside esas decisiones, ni cuentan acá con un  Ministro de Hacienda que se de el trabajo de explicarles todo aquello y tratar de insuflarles confianza.  Lo que sí entienden clarito como el agua es que aquí el déficit de divisas se hace más apremiante cada día. Si las reservas internacionales están  en niveles bajísimos, si el petróleo no repunta y si la inversión extranjera no fluye hacia el país, entonces los temerosos y cobardes capitales financieros prefieren mirar hacia otro lado. Solo queda abierta la posibilidad de contar con ciertos créditos de gobierno a gobierno, golpeando las puertas de China, de Irán, de Rusia o de otros países que constituyen el actual club de amigos de Venezuela. Pero parece que tampoco por allí se puede conseguir mucho, excepto créditos comerciales – te presto para que me compres – que no solucionan los problemas actuales de Venezuela.
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