martes, 14 de octubre de 2014

QUIEN CRECE Y QUIEN SE ESTANCA

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 14 de Octubre de 2014.)


Según las últimas proyecciones de la economía latinoamericana, realizadas por el Fondo Monetario Internacional, FMI, Bolivia sería el país de toda la América del Sur que más crecería durante el año en curso – presentando una tasa de crecimiento del PIB de 5.2 % - seguido de Colombia, que crecería en un 4.8 %. Se trata, curiosamente, de dos países de distinto tamaño y de distintas orientaciones en muchos aspectos de sus políticas internas  y externas. El primero de ellos, Bolivia,  pertenece al Alba y tiene fuertes vínculos comerciales y políticos con el Mercosur, aun cuando no una incorporación de pleno derecho a ese bloque subregional, y mira con mucho recelo los vínculos muy intensos con las corrientes más dinámicas del comercio internacional. El otro, Colombia, es un país crecientemente abierto hacia las corrientes del comercio internacional contemporáneo. Pertenece a la Alianza del Pacífico y tiene sendos tratados de libre comercio con Estados Unidos y  con la Unión Europea.  Ambos países, sin embargo,  pertenecen a la alicaída Comunidad Andina de Naciones. Ambos países mantienen, además, esa situación tan mencionada en la literatura y en el discurso político, pero tan poco comprendida, que se denomina estabilidad macroeconómica.

El crecimiento de Bolivia no es una cosa reciente sino que es una situación que se arrastra ya durante más de 10 años. No solo crece, sino que lo hace a tasas más elevadas que el promedio de la América del Sur. Las exportaciones han pasado de 2.800 millones de dólares en el año  2006, a 6.400 millones en el año 2010, y a 12.500 millones de dólares en el 2013. Gruesa parte de ese crecimiento de las exportaciones corresponde a hidrocarburos, fundamentalmente gas, que tiene como mercado tanto a Brasil como a Argentina, es decir, a  los dos socios grandes del Mercosur. Los ingreso provenientes de las exportaciones de hidrocarburos no se han gastado ni se han farriado alegremente - como ha sucedido en otros países de la región- sino que han alimentado un mayor  gasto social, que se ha traducido en reducciones sustantivas de los niveles de extrema pobreza.  Los gastos, sin embargo,  no han sobrepasado el nivel de los ingresos, ni se ha generado incremento alguno del  endeudamiento externo.  Todo ello ha permitido la existencia de un  nivel elevado de reservas internacionales  y  el funcionamiento de un mercado cambiario con grandes manifestaciones de estabilidad.

Colombia, a su vez, es también un país que hace de los hidrocarburos su principal producto de exportación, con  niveles de producción que bordean ya el millón de barriles diarios.  Bolivia y Colombia muestran con bastante claridad, por lo tanto, que los hidrocarburos no son una maldición para ningún país, sino que una bendición o un regalo de los dioses, siempre y cuando se  administre con sensatez. Para Colombia también las exportaciones totales han crecido en forma sostenida durante el siglo XXI – aun cuando no tan aceleradamente como en Bolivia -  pasado de 40 mil millones de dólares en el año 2010, a 59  mil millones de dólares en el año 2013. Igualmente, en este país se presenta una baja tasa de inflación, como consecuencia de un manejo fiscal y monetaria responsable, y un mercado cambiario que presenta altos niveles de estabilidad, aun cuando en este caso con tendencias a la revaluación de la moneda nacional, con el consiguiente efecto negativo sobre las exportaciones.

Aun cuando 2014  se presenta internacionalmente como un período de baja en los precios de las materias  primas, y regionalmente se proyecta como un año en que se relentizará el crecimiento que América Latina venía exhibiendo en los años anteriores, todos los países de la América del Sur - con la sola excepción de Venezuela y de Argentina - presentarán este año tasas positivas de crecimiento. La tasa promedio de crecimiento del PIB que el FMI pronostica para la región en el 2014 es de 1.3 %. Es obvio que siendo ese un promedio ponderado, y no un mero promedio simple, está altamente influenciado por las tasas modestas de Brasil ( 0.3 %) y las tasas negativas de Argentina (-1.7) y de Venezuela(-3.0). Pero las cifras parecen mostrar que el crecimiento económico es enteramente compatible con la pertenencia al Alba o a la Alianza del Pacífico. En otras palabras, las diferencias en cuanto  crecimiento económico no parecen obedecer - por lo menos en el presente latinoamericano - a diferentes concepciones ideológicas, sino al respeto pragmático que se tenga a las más elementales normas del manejo fiscal, monetario y cambiario.  Ser un país petrolero, abierto a la economía internacional, como Colombia, no implica ni remotamente un manejo económico alegre e irresponsable, que eleve el gasto y el déficit fiscal hasta niveles que incrementen la inflación y pongan en cuestión la posibilidad misma del crecimiento económico. Ser un país gasífero, como Bolivia, con una conveniente y remunerativa amistad con Venezuela y tener un discurso antiimperialista, sobre todo en foros internacionales, no implica necesariamente que tengan que seguir la misma política económica que ha seguido Venezuela. Pareciera ser que por convicción o por pragmatismo, todos los países de la región o de fuera de ella llegan tarde o temprano a aceptar la idea de que los llamados equilibrios macroeconómicos son una condición necesaria, aun cuando no suficiente, para cerrar los desequilibrios sociales que caracterizan a su países.    

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lunes, 13 de octubre de 2014

LOS ARANCELES NO SON IMPORTANTES

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 13 de Octubre de 2014)


Un informe reciente de la Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina, CEPAL, pone de relieve que el comercio exterior de los países de la región decreció levemente en el año 2013 y todo indica que seguirá decreciendo también en el año 2014.  En otras palabras - considerando a todos los países de la América Latina y el Caribe - el valor total de las exportaciones decreció en un 0.4 % en el año 2013 y amenaza decrecer en un 0.6 % en el año en curso. Esta situación se agrava si se considera que la baja en el valor de lo exportado obedece a que se incrementó la cantidad de bienes vendida en un 5.2 %  pero el precio unitario de las mercancías descendió en un 5.5 %. Se vende más,  a un menor precio, y se obtiene un ingreso total casi igual que el de años anteriores.

Otro aspecto importante del informe de la Cepal es el hecho de que el comercio intrarregional es escaso y crece poco. Es decir, los países de la región nos vendemos poco los unos a los otros. Decir que nos vendemos poco es más o menos lo mismo que decir que nos compramos poco los unos a los otros.  Solo el 19 % de nuestras exportaciones van a países de la misma región, según  datos del año 2013. En el ámbito de la Unión Europea el 60% aproximadamente de las exportaciones promedio de cada país van hacia otros países de la misma región. En la América del Norte, esa cifra promedio es del 50%.  América Latina y el Caribe aparece así como una región poco integrada, o con un nivel muy escaso de relaciones comerciales intrarregionales. Vale la pena detenerse un poco a analizar esta situación. Si un país de la región puede comprar una determinada mercancía a otro país de la región, pero prefiere comprarla a un país de fuera de la región, eso es altamente probable que obedezca a que el país de fuera de la región – Asia, Europa, Estados Unidos – oferten ese bien a  un precio más bajo, o con una calidad más alta. Dicho en otras palabras, es altamente probable que los productos de fuera de la región tengan un grado de competitividad superior a los provenientes del interior de la región. Ningún país le comprará a otro un producto más caro o de menor calidad solo por hacerle un favor. Eso no se usa en el comercio internacional. 
Cuando llega a suceder una cosa así es por falta de transparencia o por falta de conocimiento de las muchas ofertas que están presentes en el vasto escenario del comercio internacional contemporáneo.

La negociación de rebajas de aranceles  entre los países de la región, hasta llevarlos a niveles cercanos a cero, ayuda a que ese diferencial de competitividad se elimine  o se revierta a favor de los países de la región. Si el producto regional no paga arancel y el producto de fuera de la región si lo hace - además de que este último tiene que pagar fletes desde zonas más lejanas del planeta - es probable que esto incentive la compra de bienes originarios de la propia región latinoamericana. Pero eso es válido cuando el diferencial de competitividad es relativamente pequeño. Entonces, la rebaja arancelaria puede volcar la balanza a favor de la mercancía regional. Pero si el diferencial es muy sustantivo, la rebaja arancelaria, aun cuando total, es probable que mantenga la situación favorable al producto de fuera de la región. En alta medida eso es lo que reflejan las cifras publicadas recientemente por Cepal. Si compramos en otras partes del mundo eso se debe no solo a  modas pasajeras, sino a una situación estructural de precios y calidades, que se mantiene aun cuando a nivel regional la reducción  arancelaria llega ya a sus niveles más altos. Gruesa parte de los esfuerzos integracionistas a nivel latinoamericano se han centrado en las últimas décadas en ese esfuerzo por reducir recíprocamente los aranceles entre los países de la región. Pero ya ese esfuerzo ha llegado a su límite superior. Si no le vendemos más bienes a los otros países de la América del Sur no es por lo elevado de los aranceles que nos cobran, sino porque aun sin aranceles nuestros productos no pueden competir con los productos provenientes de otras partes del mundo.

Esa mayor competitividad que se hace necesaria para que nuestros productos sean demandados por la región y por el mundo, obedece en parte a lo que sucede dentro de cada empresa. Allí pesan factores tales como la tecnología, la productividad, la disciplina laboral y la buena  gerencia. Pero tan importante como eso es la competitividad que tiene que ver con el entorno nacional. Allí pesan factores tales como los equilibrios macroeconómicos, el funcionamiento de la administración  pública,  la corrupción, las leyes tributarias,  el estado de las carreteras y de los puertos, la permisología, etc. 

Una preocupación  seria por promover exportaciones, sobre todo las no tradicionales, a esta altura de los tiempos, no tiene que centrar los esfuerzos en las negociaciones arancelarias con otros países, sino en elevar los niveles de competitividad que como empresas y como país seamos capaces de desarrollar.


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jueves, 9 de octubre de 2014

LA TIERRA DE GRACIA

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 8 de Octubre de 2014.)


Cristóbal Colon viajo por las costas de la Península de Paria en su tercer viaje a estas tierras y la calificó como Tierra de Gracia, en su correspondencia con la corona española. Hay suficientes ejemplos de cómo los descubridores y posteriormente los colonizadores españoles incrementaban, en sus informes oficiales,  los  méritos y las cualidades de las tierras que iban atravesando, pues era la única forma de entusiasmar a los peninsulares para que enviaran más hombres y más recursos a las nuevas regiones de mundo que se incorporaban al dominio español. Pero aun con la picardía y viveza y de los primeros españoles, no hay duda de que Sucre - tanto en el área conocida como Península de Araya, como en la Península de Paria - constituye un área privilegiada por los dioses y por la naturaleza que pusieron allí una cuota importante de belleza y de paz.

Desgraciadamente, el hombre no ha hecho mucho por potenciar y por aprovechar lo que la naturaleza le dio. Incluso en muchos aspectos, ha hecho bastante por destruirlo o por lo menos por echarlo a perder. Para ir a la Península de Araya, en la parte occidental de la fachada marítima de Sucre, hay que atravesar en ferry desde Cumana, lo cual es un verdadero suplicio.  Es difícil concebir una actividad o una empresa peor organizada. Todo parece estar expresamente concebido para molestar tanto como sea posible a quien quiera atravesar al otro lado del golfo de Cariaco.  En el muelle, en Cumana, los vehículos que quieran embarcarse en el ferry, no pueden hacer cola pues no hay espacio para ello. Tienen  que estacionarse en cualquier parte en las inmediaciones. Quienes hacen algo parecido a una cola de varias horas -  que al final nadie respeta - son las personas que manejan los vehículos. Cuando el ferry llega, sin horario alguno, un funcionario reparte números por los cuales todos se pelean en una animada caimanera. Esos números dan derecho a comprar los pasajes y el pasaje da derecho a embarcar en el ferry. Un venezolano logra rápidamente darse cuenta de cómo es el sistema, e integrarse a él, pero un turista, aun cuando provenga de un país de habla hispana, difícilmente podrá sobrevivir a ese endiablado mecanismo.

Pero una vez que uno logra llegar a Araya se encuentra con un mundo que realmente merece la denominación de Tierra de Gracia con que la denominó Colon. Las playas son  extensas y de poco oleaje y la ciudad es pequeña, limpia y ordenada. Aun cuando toda la zona es árida,  sus playas son de una gran belleza, tranquilidad y paz. Pero la hotelería es poca y muchas playas están contaminadas por los desechos de todo tipo que produce la propia ciudad de Araya. Las salinas de Araya constituyen un interesante atractivo, pues las peculiaridades  de esa industria son poco conocidas por el grueso de la población nacional, y las posibilidades de entrar a la planta están abiertas para el grueso de los visitantes. Hay, en las  afueras de la ciudad, una extensa laguna natural, con alta densidad salina, donde el flotar no requiere de habilidad alguna, pero no hay instalación turística de ninguna naturaleza.

Recorriendo la Península de Araya, hacia oriente, se llega a Carúpano, y de allí a todas las playas de la Península de Paria. Es otro mundo. La vegetación cambia radicalmente y de la aridez de Araya se pasa a una zona casi selvática, con vegetación frondosa, alta y espesa, que llega casi hasta el borde mismo de las playas. Las playas, desde el punto de vista de su extensión, tranquilidad, oleaje y vegetación cercana, son mucho mejores que las playa de Margarita, y podrían dar lugar a un polo turístico como los mejores del Caribe. Pero se está hoy en día lejos de esa situación. Hay algunas pocas y bastante buenas posadas, atendidas por sus dueños - verdaderos pioneros de una actividad que cuenta con poquísimo apoyo estatal - pero no hay hotelería mayor de tres estrellas. No hay posibilidad de usar tarjetas de crédito o de débito y los cajeros automáticos  son escasos. Imposible moverse por la zona sin carro propio.  Una actividad que es un atractivo turístico en sí mismo es el cacao, que se cultiva en toda la zona.  La mayor empresa del área atiende a los visitantes, les muestra y les explica el proceso tanto agrícola como industrial y les brinda gratas degustaciones de su propia producción. Una actividad puntual, con poca difusión es la presencia de aguas termales, lo que ha dado oportunidad a un empresario emprendedor a convertir su pequeña finca en un polo ecológico, medicinal  y de tranquilidad, desde donde se pueden recorrer las hermosas playas de la zona.

En síntesis, una frase de Colon que resultó cierta a pesar de su tendencia a fantasear o contarle cuentos a sus reyes. Una Tierra de Gracia, que espera y que promete.        
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viernes, 26 de septiembre de 2014

NOTICIAS SOBRE PROMOCION DE EXPORTACIONES

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 18 de Septiembre de 2014.)


El cable trajo recientemente información sobre la sustitución que muchos restaurants importantes de Europa están haciendo de la carne argentina por carne procedente de Uruguay o de Chile. Como Argentina ha tenido dificultades  - más de tipo político o administrativo que de tipo realmente productivo - para llevar adelante las exportaciones cárnicas que le son habituales, muchas cadenas de restaurants - y también cadenas de supermercados - se han vistió obligadas a buscar sustitutos a los bifes argentinos que caracterizaban su oferta gastronómica. Esta situación - que puede parecer muy obvia- pone de relieve un hecho fundamental en el comercio internacional contemporáneo: la oferta tiene que ser contínua y regular, y no puede ser esporádica o espasmódica. Como con respecto a  cualquier producto existe hoy en día una pluralidad de países y de productores competitivos, el que interrumpe una cadena de abastecimiento es rápidamente sustituido por otros productores de la misma especie. Por ello, no se puede exportar el excedente que se genere en el proceso de producción o de comercialización interna, ni se pude exportar cada vez que a un funcionario se le da la gana de otorgar las autorizaciones correspondientes. El comercio internacional tiene sus reglas - algunas escritas y otras no- y el que las viola queda inexorablemente fuera de los mercados.

Otra noticia: Brasil ha tomado la decisión de incrementar los subsidios que hoy en día otorga a la producción y exportación de azúcar y de etanol. En el seno de la Organización Mundial de Comercio, OMC, están prohibidos los subsidios a los bienes manufacturados, pero no así a los bienes agropecuarios. Como la caña de azúcar es claramente un bien agrícola, el subsidio radicado en esa fase del proceso productivo no viola las normas internacionales del comercio, aun cuando ello beneficie aguas abajo a los productos que se generan con ese insumo. Esta medida pone de relieve dos cosas: por un lado, que la promoción de exportaciones, y la competitividad en los mercados internacionales, no es una cosa frente a la cual haya asumir una actitud de meros espectadores - como si ello fuera un dato de la naturaleza imposible de modificar -  sino que es un campo de la política económica de cualquier país que exige políticas activas por parte de los gobiernos. En segundo lugar, esta reciente noticia pone en evidencia que las decisiones y compromisos tomados ante la comunidad internacional, por la vía de la OMC – si bien deben ser respetados-  dan márgenes de maniobra a los diferentes países, nunca son totalmente rígidos, y es posible jugar con las opciones que allí se abren sin violar compromiso internacional alguno. En el campo de los subsidios agrícolas, Estados Unidos y Europa son campeones y los países en desarrollo no pueden ser en este campo más papistas que el papa.

En tercer lugar, fue noticia el hecho de que el Ministro de Agricultura de Chile viajó a China - con una delegación de funcionarios y de empresarios - para negociar la apertura del mercado chino a dos productos agrícolas que a Chile le interesa exportar: las nueces sin cascara y los aguacates. Este viaje pone de relieve que el comercio avanza hoy en día no por la vía de grandes declaraciones y promesas de amor, sino por pasos y acciones muy concretas, estudiadas y realistas. Además, hay que tener en cuenta que entre China y Chile existe un Tratado de Libre Comercio, que reduce a  cero los aranceles en el comercio bilateral. Las negociaciones arancelarias son indudablemente importantes para potenciar el comercio, en la medida que crean marcos propicios para ello, pero igualmente importantes  son hoy en día las medidas regulatorias, básicamente las de tipo técnico, sanitario y  fitosanitario, que tienen que negociarse producto a producto.      

En el inmenso escenario del comercio internacional no es fácil insertarse exitosamente, pero ayuda en ese propósito el aprender de los éxitos y de los fracasos ajenos.

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jueves, 25 de septiembre de 2014

ZONAS ECONÓMICAS ESPECIALES

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 25 de Septiembre de 2014.)


En el  seno del Gobierno parece abrirse paso – con lentitud y con dificultades, pero ganando más espacio, en todo caso,  que en  los 15 últimos años – la idea de que es necesario promover las exportaciones no petroleras, y en particular las exportaciones no tradicionales, es decir, las que sin ser petroleras, tampoc0o son hierro, aluminio, café y cacao, aun cuando estas dos últimas seria bien bueno que fueran objeto de nuevos estímulos que las colocaran nuevamente en los espacios del comercio internacional contemporáneo. 
La vieja idea de que es necesario dejar de depender en tan alta medida del petróleo para proveernos de divisas parece volver lentamente por sus fueros.

En aras de cooperar con tan nobles intenciones es necesario partir por recordar que para tener una inserción internacional exitosa es necesario tener políticas económicas expresamente encaminadas a ese objetivo, las cuales tienen que ser coherentes y globales, es decir, abarcar los diferentes aspectos que rodean la acción exportadora. También podría expresarse esa misma idea diciendo que para promover las exportaciones hay que hacer cosas diferentes a las que se hacían cuando no se estaba interesado en aquello. Más claro aun: hay que hacer cambios. Así de simple.  

La otra cuestión general que es necesario tener en cuenta es que es difícil ponerse a inventar en esta materia. Como la inmensa mayoría de los países serios del planeta Tierra están interesados desde hace varias décadas en este asunto de promover sus exportaciones, hay muchas experiencias acumuladas – buenas y malas – y es importante aprender de todas ellas. No es posible ponerse nuevamente a inventar la rueda.

Una de las prácticas habituales en esta materia es la constitución de zonas económicas especiales, que son espacios territoriales que sin dejar de estar plenamente bajo la soberanía del país, se rigen por normas especiales en materia de exportaciones, importaciones, impuestos, aranceles  y manejo de divisas. En esos espacios es posible - como una de las formas que esas zonas pueden asumir -que las empresas allí establecidas puedan importar libremente los insumos y materias primas que estimen necesarias – sin pago de los aranceles e impuestos que se pagan cuando se interna un producto al mercado nacional-  transformar y procesar esos bienes  para dar origen a productos nuevos, y exportar finalmente estos bienes al mercado internacional. En esa forma se promueve la inversión nacional o extranjera, se utiliza la mano de obra local, se incorporan materias primas y servicios locales a los nuevos productos exportados y se captan impuestos. 

Con todo esto es posible obtener ganancias netas para el gobierno, para las empresas y para los trabajadores. Pero es necesario dejar que esos espacios económicos especiales sean zonas donde impere un alto grado de libertad económica. Libertad para acceder a las divisas necesarias para importar; libertad para realizar con agilidad las importaciones desde los proveedores técnica y económicamente más confiables; libertad para convertir a moneda nacional solo las  divisas que se necesiten para darle continuidad al negocio; libertad para realizar las contrataciones de insumos, servicios y mano de obra que se estimen necesarias;  libertad para disponer de las  divisas que se obtengan por concepto de exportación para reeditar los procesos productivos; libertad para exportar rápidamente a los nuevos o viejos clientes que esas empresas tengan en el exterior. La palabra clave es libertad económica, aun cuando sea dentro de los estrechos límites de un muro que rodee la zona económica especial. Una zona económica especial llena de controles, permisos, autorizaciones, alcabalas y burocracia de todo tipo, es la negación misma del objetivo que se persigue.
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jueves, 11 de septiembre de 2014

PRESENCIA DE ALLENDE EN EL SIGLO XXI

(Artículo de Sergio Arancibia publicado en TAL CUAL el día 11 de Septiembre de 2014.)


El Presidente de Chile Salvador Allende murió en el Palacio de la Moneda el 11 de Septiembre de 1973, en momentos en que el palacio de gobierno era atacado mediante tanques, infantería y aviación por las fuerzas militares que se habían alzado bajo las órdenes de Augusto Pinochet. Entre ese suceso y el presente han transcurrido 41 años, lo cual nos permite decir que una buena parte de los chilenos y de los latinoamericanos  no conocieron en vida la obra y el pensamiento de Salvador Allende, sino que saben de él a través de lo que la historia ha rescatado de su obra y de su personalidad, lo cual acrecienta la responsabilidad que pesa sobre aquellos que tuvimos la suerte de caminar parte de vuestras vidas bajo la conducción señera de Salvador Allende.
Entre las grandes realizaciones de su breve mandato hay que mencionar, sin lugar a dudas, la nacionalización de la gran minería del cobre – sancionada como ley por todos los parlamentarios de esa época, de todos los partidos políticos-  que ha significado desde ese entonces un aporte de la mayor importancia a la soberanía y a la independencia económica del país. Ningún gobierno, en los 41 años transcurridos desde la muerte de Allende, se ha atrevido a revertir el proceso de nacionalización del cobre, aun cuando la política cuprífera, sobre todo en materia de concesiones mineras y de nuevas inversiones, ha sufrido cambios radicales en estas cuatro décadas.
También hay que mencionar como un hito relevante, la profundización y culminación de la reforma agraria, que permitió expropiar absolutamente todos los predios que se calificaban en ese entonces como latifundios, liquidando en esa medida, para siempre, a una oligarquía agraria que había ostentado el señorío territorial prácticamente desde los tiempos de la colonia. Ese proceso, que implicó una verdadera liberación social y política del campesinado, se hizo con organización social, con participación de los campesinos y sin bajar la guardia frente a las responsabilidades productivas que implicaba el cambio de los propietarios de la tierra. Lo obrado en materia de reforma agraria, aun cuando sufrió cambios radicales en el período de la dictadura pinochetista, fue la base sobre la cual se pudo levantar posteriormente una agricultura chilena pujante, productiva, exportadora y capitalizada.
En el campo estrictamente político, la experiencia de gobierno de la Unidad Popular puso en evidencia que no se pueden hacer cambios relevantes en la estructura política y económica de un país, si no se cuenta con mayorías políticas y sociales suficientemente solidas y responsablemente unidas tras un programa de gobierno. Ese, que indudablemente fue un déficit del gobierno de Allende, fue una enseñanza que se ha proyectado hasta el día de hoy en la política chilena, poniendo de relieve que los cambios llamados a trascender tienen que hacerse con amplios apoyos y acuerdos ciudadanos.
El otro gran legado político, es sin duda, la armonización del ideal socialista con las ideas y estructuras democráticas, generando un gobierno en que todas las libertades cívicas y políticas fueron cabalmente respetadas y potenciadas. Ese binomio de socialismo y democracia  es quizás el legado de Allende más relevante para los tiempos modernos, incluso más allá de Chile o de la propia América Latina
Pero más allá de esos aportes económicos o políticos, la figura de Allende se proyecta en la historia como un gigante moral, que hizo de la política una forma de organizar al pueblo y de darle una proyección de futuro, y que fue leal a sus compromisos hasta el minuto mismo de su muerte. Por ello, a 41 años de su muerte la figura de Allende sigue siendo objeto de  respeto, de  honor y de gloria, por las nuevas y las viejas generaciones de chilenos y de latinoamericanos. 

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jueves, 4 de septiembre de 2014

HAY DEUDAS Y DEUDAS

(Articulo de Sergio Arancibia publicado en EL MUNDO ECONOMIA Y NEGOCIOS el día 4 de Septiembre de 2014.)


La deuda externa de un país no asume siempre las mismas formas, ni tiene los mismos acreedores, ni sirve para las mismas cosas, ni tiene las mismas consecuencias.
Veamos. Una forma posible que puede asumir la deuda externa de un país es la emisión de bonos. Se trata, en su esencia, de la venta de papeles - o de certificados de deuda - que permiten al poseedor cobrar una cierta cantidad de dinero a la fecha de vencimiento de ese titulo de deuda, más los correspondientes intereses. Los intereses se pueden pagar  año a año, se pueden pagar todos al final de período de vencimiento, o pueden no pagarse nunca en el caso de que sean bonos cero cupón. En este último caso, el papel se vende a un precio que ya tiene descontado el monto de los intereses.
Cuando la deuda externa de un país se contrae por la vía de la emisión de bonos, el país recibe dinero contante y sonante, que puede usar libremente para los fines que estime conveniente. No tiene que rendirle cuenta a nadie, excepto a sus propios ciudadanos. Los acreedores, es decir, los poseedores de los bonos, son miles de anónimos inversionistas que no tienen ninguna relación con el país que emitió los papeles. La única obligación del gobierno emisor es pagar la cantidad que corresponda y  en el momento que corresponda. Si no paga, se le arma a ese gobierno un lio de grandes proporciones, no solo con los poseedores de esos papeles, en particular, sino con el conjunto del sistema financiero internacional. Algo de esa naturaleza es lo que le ha pasado a Argentina. El problema con esta forma de endeudarse es que es cara. Los intereses reales que hay que pagar por los dólares que se pueden recibir por esta vía incluyen el interés formal - establecido en el título - más el descuento que obedece a las condiciones de mercado y a la tasa riesgo país.  Para algunos países latinoamericanos esa tasa supera hoy en día el 10 % anual.
Otra vía diferente es el préstamo que hace un país – o los bancos de desarrollo de un país- para efectos de financiar compras del país deudor en el país acreedor. Se abre una línea de crédito pero no para adquirir cualquier cosa en cualquier parte del mundo. Se trata de créditos para comprar mercancías en el país que prestó la plata. Para eso y solo para eso. No se trata de fondos de libre disposición como los fondos obtenidos por la vía de la venta de bonos. En compensación, se trata, la mayoría de las veces, de líneas de crédito a tasas más baratas que las que resultarían de la emisión de bonos. Esas líneas de crédito se pueden utilizar para comprar armas, para comprar bienes de capital para llevar adelante proyectos de desarrollo, o para comprar alimentos y otros bienes de consumo, pero siempre en el país acreedor. A diferencia también de lo que sucede en el caso de los bonos, aquí el prestamista está claramente ubicable y ejerce discretas – o a veces no tan discretas - presiones políticas y económicas, cuando lo estima conveniente, como para asegurar el pago de lo prestado. Las mercancías comprables con el crédito pueden no ser las mejores ni las más baratas, pero son las que tienen crédito y puede que eso las convierta, en un  momento determinado, en las únicas elegibles en el mercado internacional, sobre todo cuando se carece de dólares como para comprar al contado a otros proveedores internacionales. Si bien este tipo de créditos atados no genera por si solo fondos de libre disposición, puede liberar fondos que en otras circunstancias deberían haber ido a financiar esas inversiones o proyectos de desarrollo, lo cual en la práctica se traduce en mayor disposición de fondos de libre disposición.
Hay también la deuda que los importadores de un país contraen con sus proveedores de otros países. Hoy en día es muy raro que un proceso de compra venta a nivel internacional se haga al contado violento. La mayoría de las veces se trabaja con algún sistema de crédito de corto plazo – tres meses, seis meses- lo cual se convierte en un crédito abierto y rotatorio en la medida en que el proceso de compra y venta es continuo y sostenido. En condiciones normales, siempre hay un volumen de deuda flotante, si es que uno hiciera un corte en un  momento del tiempo. Si es que los pagos no se hicieran en el momento convenido, los futuros envíos de mercancías se detendrían y el comercio se interrumpiría – y como todo se sabe en este mundo – tampoco habrían nuevos proveedores internacionales dispuestos a correr el riesgo de no pago.
Valga decir, para terminar, que no hay ningún país – y ninguna empresa - que pueda vivir sin algún volumen de deuda. La situación de cero deuda no es una meta económica ni financiera para nadie. Lo importante es tener un volumen de deuda dentro del umbral de lo que se puede pagar por el país deudor, y contraída en las condiciones más favorables en un  momento determinado.
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