viernes, 13 de abril de 2018

LA RELACION DE VENEZUELA CON PANAMA


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 11 de abril de2018)

Venezuela ha sido objeto de sanciones o prohibiciones económicas por parte de gobiernos extranjeros, en especial de Estados Unidos. También algunos dirigentes o altos funcionarios del actual gobierno venezolano han sido objeto de sanciones o prohibiciones por parte de gobiernos tales como Suiza u otros países europeos. La reacción del gobierno venezolano frente a todos esos acontecimientos ha sido hasta ahora sacar una declaración de rechazo y aguantar el golpe lo mejor que se pueda.
Con Panamá, sin embargo,  la cosa ha sido distinta. Frente a la declaración panameña de que ciertas personas y empresas venezolanas quedaban vedadas de participar en su sistema comercial y financiero, el gobierno venezolano respondió con una medida de la misma especie: prohibió toda relación comercial y/o financiera con ciertas personas y empresas panameñas. Por el lado de las personas, el listado está encabezado por el Presidente de la República de Panamá, Sr. Varela, para para quedar en una situación de absoluta reciprocidad con la lista panameña, que está encabezada por el Presidente venezolano Nicolás Maduro. Por el lado de las empresas, el golpe principal lo recibió la línea aérea Copa, que tuvo que cancelar de inmediato sus vuelos desde o hacia Venezuela.
El comercio de mercancías de Venezuela con Panamá no es tan modesto como parece. Por el lado de las ventas de Panamá a Venezuela estas ascendieron a 602 millones de dólares en el año 2016, último sobre el cual es posible contar con estadísticas relativamente confiables. Es altamente probable que estas ventas no sean totalmente de bienes panameños, sino que sean de bienes asiáticos o de otras latitudes – incluso de la propia América – que se revenden en las zonas libres que tiene Panamá a la entrada y a la salida del Canal y que son las más grandes de toda la América Latina. En todo caso, son transacciones que tienen su sede en Panamá. Solo Estados Unidos, China, Brasil, Argentina y Colombia presentan ventas a Venezuela superiores a las que presenta Panamá.
Por el lado de las ventas venezolanas de mercancías a Panamá, estas fueron de 45 millones de dólares en el año 2016.
El comercio de mercancías no incluye la venta de servicios, que se contabilizan internacionalmente en forma separada. La compra venta de servicios incluye los servicios bancarios, los servicios de telecomunicaciones, los servicios de transporte, los servicios comerciales, los servicios de seguros, servicios profesionales. etc. Se trata de una categoría económica que tiene una presencia creciente en el comercio internacional contemporáneo, y que tiene una importancia históricamente alta en la economía panameña.
La medida del gobierno venezolano tiene como principal afectado a la línea aérea Copa, y a sus cientos o miles de usuarios – venezolanos muchos de ellos-  que van a Panamá para usar su aeropuerto internacional que se ha convertido en el gran centro de interconexiones continentales y transcontinentales. En un toque de sensatez, las medidas tomadas por Venezuela, no parecen afectar al sector de los servicios financieros ni comerciales. No es concebibles, en todo caso - ni aun en un escenario de mayor conflictividad -  que Panamá prohíba el paso de los barcos de bandera venezolana `por su canal, ni que Venezuela se inhiba de hacerlo.








domingo, 8 de abril de 2018

LA GUERRA COMERCIAL CHINO NORTEAMERICANA


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 5 de abril de 2018)

El mundo mira estupefacto lo que se ha pasado a denominar la guerra comercial entre China Y Estados Unidos. Ante la decisión de Estados Unidos de subir los aranceles al acero y al aluminio, los chinos han respondido incrementando los aranceles a un grupo de más de cien productos provenientes de Estados Unidos.
Si Estados Unidos no es capaz de producir todo el acero que necesita, tendrá que seguir importándolo, aun cuando incremente un poco su producción interna.  Y lo importará desde los países que son más eficientes en la producción correspondiente. Es decir, de China. El incremento de los aranceles incrementará el precio interno del acero y del aluminio, y se incrementará la producción interna, reduciéndose el nivel de las importaciones correspondientes. Pero las menores importaciones no afectarán a los grandes productores _ China entre ellos – que seguirán vendiendo con o sin aranceles. Los grande afectados serán los productores más pequeños y menos eficientes, que salen al mercado internacional con un producto un poco más caro. Por lo tanto, desde un punto de vista estrictamente cuantitativo -  ventas más, o ventas menos - el gran perjudicado no será China, sino los otros productores mundiales menos eficientes.
Si China pone aranceles a ciertos productos agrícolas provenientes de Estados Unidos, eso incrementara el precio interno de esos productos dentro de China, y muchos productores mundiales de frutas y alimentos podrán eventualmente vender más y/o a un precio más elevado en el mercado chino. Eso será particularmente beneficioso para países como Perú o como Chile, que tienen firmado y en plena vigencia Tratados de Libre Comercio con China.
Pero hay otro aspecto importante de abordar. Si suben los aranceles a un producto tan importante como el acero, no es solo el acero el que presentará de allí en adelante un precio más alto en el mercado norteamericano y en el mercado mundial. Serán todos los productos que se transan internacionalmente – y que contienen poco o nada de acero - los que terminarán ahora con un precio más bajo con relación a los productos que tienen un alto contenido de acero o de aluminio. En otras palabas, cambiarán los precios relativos de una cantidad importante de las mercancías que se transan internacionalmente. Si cambian los precios relativos, se modifican las cantidades producidas, ofertadas y demandadas y se produce, por lo tanto, una reestructuración de la producción y del comercio internacional. Al final del día, el nuevo equilibrio que de allí resulte será menos eficiente que el equilibrio existente hoy en día, en que los aranceles son bajos.
El mercado internacional está permanentemente modificándose en sus cantidades producidas, en sus ofertas , sus demandas y sus precios, pero es diferente cuando esos cambios son el resultado de cambios tecnológicos -y de cambios en las productividades relativas – que cuando son el resultado de medidas administrativas que buscan ganar posiciones relativas por la vía del instrumental arancelario.


CRONICAS DE UN CARDÍACO. (1)


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 6 de Abril de 2018)

En los años 2016 y 2017 tuve obligatoriamente que hacerme sendos electrocardiogramas, pues estos, y el informe correspondiente de un cardiólogo, han pasado a ser requisitos indispensables  para cualquier cirugía. Pero esos electros no detectaron ni remotamente nada tán peligroso como una obstrucción cercana al 90 % que presentaban, supongo ya en ese entonces, mis arterias coronarias, situación que solo se detectó en el 2018, en una situación diferente. 
Una obstrucción del 90% obligaba, casi en forma inmediata, a una cirugía de corazón abierto tendiente a poner un by pass coronario, pues existía peligro inminente de que sobreviniera un infarto en cualquier momento.  Toda esta esta situación solo se detectó por la vía de un cateterismo, que es un examen mucho más complejo y más claro en el diagnóstico que arroja.
La primera conclusión que yo saco - sin ser en absoluto versado en ciencias médicas – es que el electrocardiograma no es un examen suficientemente completo - y por lo tanto no enteramente confiable -   como para dar cuenta de los problemas más de fondo que uno enfrenta a nivel del corazón.
Si me hice un cateterismo primero - y la cirugía encaminada a colocar el by pass, en seguida - fue porque comencé a sentir unos agudos dolores en la espalda cada vez que hacia un ejercicio fuera de lo normal, incluido un ejercicio tan inocente como subir un piso caminando por las escaleras de cualquier edificio. Esos dolores me condujeron a un internista, pues yo, en mi ignorancia, no relacionaba esos dolores con el corazón. Pero el internista, buen médico, derivó rápidamente la mirada y los exámenes hacia la situación cardíaca, todo lo cual condujo finalmente a las intervenciones ya mencionada.
Una segunda conclusión que uno saca de lo anterior que el corazón es una pieza tan noble que avisa cuando algo está sucediendo mal en su interior o en sus cercanías, aun cuando esos avisos no son todos iguales ni son fácilmente decodificables.  Conociendo ahora otros casos he visto que en otras personas los dolores se presentan en un brazo, o en el pecho. El aviso ya más fuerte, para los que tienen menos oído, es el infarto puro y simple, que puede terminar en la muerte o en situaciones de minusvalía sumamente lamentables.
Para poder pasar a la fase de la cirugía no solo hacía falta decisión y responsabilidad. Hacía falta también dinero puro y duro. Hay varios centros médicos en Caracas y/o en el país donde es posible hacerse el cateterismo y la operación de colocación del by pass con altos niveles de calidad y de seguridad.  Pero la medicina privada ha devenido en una medicina de altos costos, que deben ser cubiertos íntegramente por los usuarios. Buscar por el lado de la medicina pública es lento y peligroso. En los hospitales públicos no hay la tecnología médica que esos procesos requieren, o los equipos están fuera de uso por falta de repuestos, o los equipos humanos se han dispersado por el mundo en busca de mejores horizontes. Las compañías de seguros no ayudan mucho tampoco, pues los montos que cubren no se compadecen con el costo de una operación de corazón abierto. Por lo tanto, el que no tiene ahorros equivalentes a unos 10 mil dólares de los cuales pueda disponer rápidamente, se muere. Esa es la tercera y lamentable conclusión a la que uno puede llegar en un caso como este. Esa es la situación a la cual ha llegado la salud pública en el país.




martes, 6 de marzo de 2018

LAS DIFÍCILES RELACIONES CON ESTADOS UNIDOS


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de TAL CUAL el día 07 de marzo de 2018)

 El Presidente Trump ha anunciado recientemente que subirá los aranceles a las importaciones de acero. Se espera que esa medida lleve dicha tasa arancelaria a un nivel de 25 %, lo cual es bastante elevado tanto de acuerdo a los estándares norteamericanos como mundiales. 
La medida anunciada - pero todavía no concretada - no está dirigida en particular contra Venezuela, pero afectará de alguna manera a nuestro país. Venezuela exporta hacia Estados Unidos - según las cifras disponibles correspondientes al 2017 - un total para el capítulo 72 del arancel – Fundición, hierro y acero- de 23,5 millones de dólares, lo cual es aproximadamente el 0.2 % del total de las exportaciones venezolanas a su conflictivo mayor socio comercial.
Las modalidades que asumirá dicho incremento arancelario no son claras. Si suben los aranceles para todo el acero importado, de todos los países del planeta Tierra, es altamente probable que la producción interna de acero dentro de Estados Unidos se incremente, que los precios internos suban y que las importaciones disminuyan.  Los grandes proveedores son hoy en día Canadá, China, México, Brasil y la Unión Europea. Venezuela, en la lista de proveedores del capítulo 72 a Estados Unidos, se ubica en el lugar 51. Es obvio que la medida no se ubica en el contexto de las sanciones económicas contra Venezuela. Pero si Estados Unidos reduce sus compras, los perjudicados no serán todos los países proveedores por parejo, como si estos se repartieran en forma proporcional las menores ventas. No. Lo más probable es que los países que producen acero con más alta productividad y con menores precios logren defenderse mejor, y conservar  una proporción mayor de sus ventas a Estados Unidos. Las menores compras afectarán fundamentalmente a los productores que tienen mayores precios o menor productividad. Es posible que en esa situación se encuentre Venezuela.
Hay que recordar que sin boicot y sin incremento de los aranceles, ya Venezuela ha venido en los últimos años disminuyendo sus ventas del capítulo 72 a Estados Unidos. En el 2015 esas ventas alcanzaron a 56, 8 millones de dólares. Bajaron a 28 millones de dólares en el año 2016 y llegaron a 23, 5 millones de dólares en el año 2017. Y todo ello en un contexto en que Estados Unidos aumentaba sus compras de acero desde el resto de los países del planeta.
En síntesis, aun cuando el mercado norteamericano para el capítulo 72 no es cuantitativamente importante para Venezuela, es dable suponer que la política económica del Presidente Trump, termine perjudicando poco a los grandes productores mundiales de acero y perjudicando mucho a los más débiles y pequeños, entre los cuales se encuentra Venezuela con su alicaída producción de Sidor.


EL TPP


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 07 de marzo de2018)



En los primeros días de marzo se firmará en Santiago de Chille el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, también conocido con la sigla TPP, entre 11 países de la cuenca del Pacífico:  Chile, Perú, México, Vietnam, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur y Canadá.

En las negociaciones preliminares de este tratado estuvo involucrado Estados Unidos, pero la llegada de Trump a la presidencia de dicho país implicó la salida de éste tanto de la negociación como de su posterior firma.

Este tratado -como la mayoría de los acuerdos de su misma especie - está encaminado a generar un área de libre comercio entre los países firmantes, es decir, a un desmontaje programado de los aranceles recíprocos. También incluye compromisos en temas que entran en el campo de las políticas públicas, que son los que más polémica han generado en relación a este tipo de tratado. Al momento en que toda esa eliminación de aranceles llegue a su culminación, las mercancías de cualquiera de esos países entrarán sin pagar aranceles al territorio aduanero de todos y cada uno de los países firmantes.

Para los tres países latinoamericanos miembros de este acuerdo– Chile, Perú y México – la firma de un tratado de esta naturaleza implica el acceso privilegiado – sin pagar aranceles - de las mercancías provenientes de sus territorios a un área de gran envergadura geográfica, demográfica y económica.

Que esa ventaja relativa, ganada en la mesa de negociaciones, pueda ser aprovechada por los agentes económicos públicos y privados para aumentar sus exportaciones a los otros países miembros del TPP dependerá de la competitividad y la calidad de sus productos. La experiencia latinoamericana es clara al respecto: aun cuando entre dos países exista cero arancel, cada uno elegirá comprar en algún tercer país aquellas cosas que necesita importar, si es que el país asociado vende productos de baja calidad o de elevados precios. Solo en condiciones de relativa igualdad de precios y calidades - con relación a terceros países de fuera del área de libre comercio - el no pago de arancel lleva a preferir la mercancía de un país socio del TPP, pero si no, no hay caso.

Con respecto a la entrada a un determinado país  de las mercancías provenientes de los otros países firmantes, con el peligro de que eso cause perjuicio a los productores de los bienes similares que producen para el mercado interno - que no están en condiciones de enfrentar exitosamente esa competencia - cabe recordar que ya los tres países latinoamericanos mencionados tienen  tratados de libre comercio - firmados y en plena vigencia - con Estados Unidos y con la Unión Europea, y dos de  ellos los tienen con China, y sus productores internos no se han arruinado masivamente en los términos que supone esa visión catastrofista. La competencia proveniente de esos nuevos países asiáticos con los cuales se firmará no será cualitativamente distinta a la proveniente de los actuales socios comerciales, que son indudablemente grandes protagonistas de la economía y del comercio internacional contemporáneo. Es decir, se trata de países latinoamericanos que ya entraron - y ya pagaron los costos de entrada - en el mundo de la competencia internacional, y un área de libre comercio más no pasa de ser una raya más para el tigre.  

 


sábado, 3 de marzo de 2018

DINERO ELECTRÓNICO Y DINERO LÍQUIDO


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de EL MUNDO ECONOMÍA Y NEGOCIOS el día 2 de Febrero2018)

Se considera dinero líquido a aquel consistente en billetes y monedas constantes y sonantes emitidas por el órgano emisor de un país - generalmente, hoy en día, los banco centrales - que tiene la cualidad de ser de libre circulación y que permite cancelar todo tipo de deudas.
El dinero electrónico es, hoy en día, el dinero que no tiene una existencia física, sino que está constituido por asientos contables en la contabilidad de los bancos y sobre los cuales se puede girar por la vía de tarjetas de débito u otros mecanismos electrónicos que no necesitan en ningún momento la conversión a dinero líquido. El crédito bancario, generado y movilizado por la vía de tarjetas de crédito, es también un mecanismo electrónico para crear y posteriormente movilizar dinero sin existencia física. 
En condiciones normales, el dinero líquido y el dinero electrónico se pueden convertir fácilmente, y sin costos, el uno en el otro, lo cual conlleva a que para todos los efectos prácticos se considere que uno es igual, en cuanto a valor y utilidad, que el otro.
Pero en la Venezuela actual se ha prácticamente eliminado la posibilidad de convertir el uno en el otro cuando y donde quieran los poseedores de dichos activos. El que tiene dinero en sus cuentas de ahorro o a la vista, no las puede convertir en dinero líquido. No se puede ir a un banco y emitir un cheque que le permita al titular de una cuenta sacar todo o parte de sus activos. Tampoco se puede sacar de los cajeros automáticos la cantidad que uno necesite de dinero líquido por la vía de debitar sus cuentas bancarias.
En la medida en que no hay conversión o arbitraje fácil y fluido entre el dinero líquido y el dinero electrónico, ambas manifestaciones del dinero, que antes se confundían en el concepto de liquidez monetaria, han pasado, en la práctica, a ser dos activos diferentes, con cualidades diferentes y con funciones de oferta y demanda también diferentes. Por ello, se ha roto la relación de 1 a 1 que siempre existió entre los valores de ambos activos.
Hoy en día el dinero líquido se oferta en muy pequeñas dosis por parte de los bancos, solo en taquilla, y nada por la vía de los cajeros automáticos. Su demanda, por otro lado, está dada por operaciones de baja denominación; transacciones entre personas más que entre empresas; o entre empresas y personas situadas ambas en el campo de la informalidad; y, en general, por operaciones comerciales en las cuales el vendedor carece de los famosos “puntos de venta”.
El dinero electrónico se oferta por parte de los bancos a todos los clientes que están en condicione de ser portadores de una tarjeta de crédito o de débito. Su demanda, a su vez, está dada por todos los venezolanos que optan libremente por esa forma de pago, más todos aquellos que careciendo de dinero líquido, tienen que hacer sus compras en aquellos lugares o comercios que tienen puntos de venta.
Los billetes -dado que las monedas han desaparecido en forma total y absoluta - y el dinero electrónico han pasado a ser activos diferentes y altamente incomunicados entre si en la economía venezolana actual. En esa medida, no es de extrañar que la relación uno a uno se haya roto, y que el dinero líquido, siendo más escaso, y teniendo una gran demanda, sea más caro, y que una unidad de dinero líquido tenga un valor superior a 1 en unidades de dinero electrónico. Más aun, la relación de valor entre dinero líquido y dinero electrónico queda sujeta a las fluctuaciones de la oferta y la demanda de uno y otro activo. Esta es otra de las cosas insólitas-  e inédita en otras partes del mundo - que se ha generado por obra y gracia de la actual política económica. 


viernes, 2 de marzo de 2018

PRODUCCION Y CAPACIDAD PRODUCTIVA


(Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de EL MUNDO ECONOMIA Y NEGOCIOS el día 2 de febrero de 2018)

 Es ya un hecho suficientemente conocido el que en Venezuela la producción, medida por el PIB, ha decrecido en forma sostenida durante 4 años consecutivos, lo cual arroja la increíble realidad de que en el año 2017 el PIB fue aproximadamente un 40 % más bajo que en el año 2013. 
¿Qué ha pasado con las fábricas y demás instalaciones que hacían posible esos mayores niveles de producción de antaño? ¿Están las fábricas cerradas, pero intactas, a la espera de que la actividad productiva vuelva a reactivarse? ¿Están las tierras a la espera de las semillas vuelvan a caer en los surcos? ¿Están los tractores en sus galpones, esperando que los pongan nuevamente en marcha, para salir a roturar los campos? ¿Están las máquinas en las fábricas esperando que lleguen nuevamente hombres y materias primas para ponerse nuevamente en frenética actividad? ¿O acaso están las fábricas produciendo a un 30% o 40 % de su capacidad instalada, pero están en actividad, con hombres adentro de ellas, trabajando todos los días laborables del año? ¿Podrían esas fábricas pasar a producir a un 60% o un 70% de su capacidad instalada si tuvieran los insumos, las materias primasas, los hombres y los mercados como para llevar adelante una actividad económica exitosa?
Desgraciadamente es difícil responder afirmativamente a todos esos interrogantes.  Es probable que un porcentaje importante de las fábricas hayan tenido que cerrar. Y es altamente probable que la empresa que tuvo que paralizar totalmente sus actividades no pueda reiniciar la producción mediante una mera decisión voluntariosa - al mero toque del clarín - o incluso ni siquiera ante la presencia de un nuevo flujo importante de divisas para realizar las importaciones correspondientes de materias primas e insumos. Las fábricas, maquinarias y equipos – e incluso las tierras - se deterioran por la falta de uso. Hay un deterioro físico y una obsolescencia tecnológica. Hay perdidas de mercados. Hay desmantelamiento y venta de maquinarias y equipos para salvar lo que se pueda del capital inicial. También hay perdida del capital humano, que dominaba la técnica y que tenía la experiencia como para llevar adelante los procesos productivos.  
Es una visión muy idílica pensar que las fábricas, los hombres, las maquinas, los equipos, todo está en condiciones de volver a ponerse en movimiento conjunto, bajo las órdenes de gerentes emprendedores, para que todo vuelva a ser como antes.
La triste realidad es que ha habido, junto con la caída de la producción, una perdida grande de la capacidad productiva, que no está suficientemente cuantificada. Recuperar la pérdida de capacidad productiva, cuando ésta se ha perdido, es más difícil que recuperar los niveles de producción cuando la capacidad productiva se ha mantenido incólume. Para recuperar la capacidad productiva se requiere un esfuerzo muy grande de inversión financiera, inversión física e inversión en capital humano y se necesita tiempo. Por todo ello, se puede decir que el daño que la política económica le ha hecho al país es mucho más grande que lo que se mide por la vía del PIB y que la terapia de recuperación será mucho más dura y más larga que lo que puede suponerse a partir de la mera recuperación de la dotación de divisas con que cuente el país.